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Diamantes de tequila

Investigadores mexicanos encontraron una forma de producir diamantes a partir de su bebida tradicional. Los estudios continúan y podrían ofrecer valiosos aportes a la tecnología.

Redacción Vivir

19 de noviembre de 2008 - 03:06 p. m.
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El doctor en física Luis Miguel Apátiga es quizás el único mexicano que ha comprado un botella de tequila para no beberla. Tres dólares pagó por el trago en una de las licoreras cercanas a su lugar habitual de trabajo, el Centro de Física Aplicada y Tecnología Avanzada de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), para resolver una duda científica que por meses de experimentación se había paseado por su cabeza.

¿Podría extraer diamantes  de aquel tequila? Aunque la pregunta suene un tanto extraña, no era producto del azar, ni tampoco un juego de la imaginación. Desde los años 90 Apátiga y su grupo han trabajado en la fabricación de nuevos materiales, especialmente en diamantes sintéticos. A partir de una mezcla con 40% de etanol y 60% de agua, sabían que se puede llegar a la producir microdiamantes,  el material más duro del mundo y una de las joyas más codiciadas por la humanidad.

Al procesar  una mezcla líquida o gaseosa de estas características, en una cámara de reacción, a una temperatura de 800 °C, se rompe la estructura molecular y al reodenarse los átomos aparecen los diamantes sintéticos. 

Fue así como el tequila, cuya composición química es muy similar a la fórmula con que trabaja este grupo, entró en el juego. Los resultados fueron sorprendentes. Ninguno de los científicos del grupo esperaba que al someter el tequila al mismo proceso de los otros líquidos surgieran diamantes de tal calidad.

“Las propiedades de los diamantes de tequila, químicas y físicas, son idénticas a las de los diamantes naturales, técnicamente no hay diferencia”, explicó Apátiga desde México.

Sin embargo,  el diamante obtenido a partir de compuestos orgánicos  con un alto porcentaje de carbono como el etanol, la acetona,  el metanol  o el tequila, está lejos de llegar a las vitrinas de las joyerías. Su reducido tamaño impide convertirlos en piezas de lujo. 

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Las capas del material son tan delgadas —la diezmilésima parte de un milímetro— que únicamente tendrían aplicaciones industriales, por ejemplo: coberturas de diamante para bisturís y brocas que los hagan más resistentes y duraderos; poderosos aislantes eléctricos (el diamante no es conductor); o piezas semiconductoras (combinadas con metales) para la elaboración de microchips.

Apátiga por el momento se muestra reservado ante el descubrimiento. Ha comenzado a investigar si los diamantes de tequila  son diferentes a los que surgen de los demás compuestos orgánicos, porque en caso de que no lo sean, insinúa, lo suyo no pasaría de ser un dato simpático de la ciencia, nada realmente novedoso.

No obstante, hay algo que desde ya rescata de sus hallazgos: “El tequila que utilizamos costó tres dólares y es una botella de 500 ml. En las pruebas que nosotros realizamos para generar diamantes gastamos cerca de 25 ml, así que la producción podría ser económica, pero también tenemos pensado hacer pruebas con tequilas mejor procesados y más finos para comparar los resultados”.

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La construcción sintética de diamantes en la UNAM se viene desarrollando desde hace dos décadas. Actualmente, el grupo de investigación del Centro de Física Aplicada y Tecnología Avanzada continúa el estudio y ahora invierten en tequila para embriagarse de ciencia.

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Por Redacción Vivir

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