
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
Cada año llegan a Canadá y sobre todo a la Provincia francófona de Quebec cientos de miles de inmigrantes temporales la mayoría campesinos provenientes de México y Guatemala para trabajar por espacio de seis meses en diferentes haciendas que se encargan del sembrado y recolección de productos agrícolas y comercializarlos a los diferentes supermercados y tiendas a través del país.
Diego Briceño, un ex alumno de la Facultad de Cine y Televisión de la Universidad Nacional de Colombia con una interesante y productiva trayectoria en Canadá en el campo del documental plasmó esta realidad por medio de su documental “ESPERANZA P.Q.” que ha comenzado a exhibirse en este año.
Por sugerencia de un amigo suyo se quiso dar a la tarea de mostrar esa realidad de aquellos campesinos que deciden salir de sus países y dejar a sus familias para venir a Canadá por unos meses con la ambición de fortuna buscando mejorar la calidad de sus vidas y ganando con el sudor de su trabajo cantidades de dinero jamás imaginadas de alcanzar en sus países.
Luego de ganarse una beca en 1993, Briceño se viene a Montreal a estudiar cine a la Universidad Concordia en donde posteriormente en 1996 realiza una especialización.
Rápidamente se da cuenta que su profesión está -sobretodo- dirigida a la realización de documentales. En su comienzo tiene la oportunidad de editar la película “Hang The DJ” película promocionada y vista en Canadá y Japón.
En el 2000 sale su primer documental llamado “Un Fuste, Otoniel Ordúz y su Oficio” , un documental realizado en Colombia acerca de la vida de su abuelo - un talabartero que vive en los llanos de Colombia- el documental fué apoyado por el Consejo de Artes de Canadá.
A comienzos del 2010 un amigo quebequense le habla de la vida de los trabajadores campesinos temporales que vienen a trabajar en el verano a Canadá y le propone trabajar al respecto. Para Diego era de conocimiento que dos años antes habían entrado más inmigrantes temporales que permanentes a Canadá por lo que más se interesó en el tema y se decidió a realizar el documental.
Más que entrar en detalles de la política interna de trabajo lo que más interesaba a Diego era mostrar la parte humana de estas personas.
“Quería seguir un pequeño grupo y conocer esa intimidad, la sicología y comportamientos en ellos al dejar a sus familias y venir a una tierra extraña, casi aislados, en medio de un idioma diferente y realizar trabajos arduos y por largas jornadas jamás imaginadas”, comenta Diego.
Sin gran presupuesto y con la ayuda del canal “D” de televisión, tres personas se embarcan en este proyecto que duró año y medio. Antes de comenzar a filmar en Montreal pudieron viajar a Guatemala y grabar la cotidianidad de los tres personajes principales con sus familias antes de su llegada a Canadá.
En esta finca fue más fácil el acceso que en otras. Los empleadores son también inmigrantes de origen italiano.
“Sin ser el objetivo central, el documental habla del fenómeno de inmigración en diferentes escalas. Los empleadores, por ejemplo, una pareja de italianos que llegaron sin mucho dinero y que con trabajo lograron tener terrenos para cultivar. Posteriormente sus tres hijos toman las riendas del negocio y comienzan a contratar campesinos del exterior que han sido en su mayoría mexicanos y guatemaltecos.
Para Diego lo más complicado fué el poder romper el hielo con los patrones.
“En realidad no era de todo su gusto que estuviésemos allí, pero fueron los únicos que accedieron para que filmáramos. Al principio tenían mucha duda de lo que hacíamos y nosotros -queríamos mostrar la realidad con todos sus colores- las dificultades, los sacrificios, momentos alegres, momentos de conflicto, de estrés, de angustia y tener esos pequeños instantes en que pudiéramos revelar el carácter real del trabajo”.
“Mientras estuvimos allí no fuimos testigos de maltrato verbal pero eso no quiere decir que no haya existido, puede que sí o puede que no. El abuso en sí se generaba en la cantidad de trabajo y el documental deja muy claro que las condiciones de la intensidad del trabajo eran bastante fuertes. Les pagaban el salario mínimo canadiense y las horas extras sin bonificación y esto representaba una fortuna en comparación a su salario en Guatemala en donde ganan en promedio 5 dólares por día”.
Ellos no se imaginan el rigor y la intensidad con la que se trabajaría en tierras canadienses en seis meses de intensa producción. En Guatemala trabajan ocho horas y el sábado terminan al mediodía. Aquí todos los días trabajaban entre doce y trece horas y un domingo ocasionalmente descansaban.
Se conocen casos puntuales que en algunas fincas si alguien se enferma no le dan el tratamiento, los devuelven o los hacen trabajar a pesar de que están enfermos o peor aún, no les pagan las horas contadas trabajadas.
Diego considera que existe un mito con respecto a Canadá como país pacífico y defensor de los derechos humanos y si bien no es la “panacea” en este sentido, en realidad hay ciertas cosas que si funcionan como un mínimo de condiciones aceptables como la salud, la educación y calidad de vida para el inmigrante.
Gracias a este documental de Diego Briceño mucha gente en la Provincia de Quebec pudo darse cuenta de esta realidad de la cual siempre se habla y se especula en las temporadas de cosecha.
“ESPERANZA P.Q” ocupó el tercer puesto en sintonía en el Canal “D” y alrededor de 160.000 personas lo vieron.
De los tres personajes principales dos esperan seguir viniendo a trabajar a Canadá y el otro no aguantó la separación de su familia y se devolvió.
“Mi parte en esto la miro como un vehículo para pasar las historias de un lado a otro a donde tienen que ir, poder comunicar esas historias reales de vida a otras personas es muy importante”, comenta Briceño.
Y aunque la formación académica de Diego Briceño está basada sobre todo en ficción como aquella de héroes y villanos que a diario vemos en el cine comercial y que tristemente y en algunas circunstancias cobra muertes en la vida real, este documental está muy lejos de los efectos especiales y de la imaginación pero si muy cerca de la realidad de verdaderos hombres de carne y hueso que luchan incansablemente en busca de una ESPERANZA.
En el documental también se destaca el trabajo de otros dos colombianos:
Juan Andrés Arango (Fotografía)
Roberto López (Música)
Por German Posada, colaborador de Soyperiodista.com