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El amor visto al interior del cerebro

Un equipo de científicos analizó a través de imágenes de resonancia magnética la manera en la que el amor producía alteraciones cerebrales.

Redacción Vivir

24 de marzo de 2015 - 11:07 a. m.
Así se ven las resonancias que tomaron los científicos, donde se muestran las áreas cerebrales que podrían estar involucradas con el amor. / www.frontiersin.org
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¿Alguna vez se ha preguntado si el amor influye en la actividad cerebral? ¿Si ese sentimiento que inspirado leyendas, cuentos, mitos, poemas, canciones y películas desde los orígenes de la civilización humana tiene en realidad algún efecto en el cerebro? ¿Cómo se ve? ¿Qué produce?
Esas son algunas de las preguntas que desde el siglo pasado ha intentado resolver la ciencia. Su interés ha desarrollado —primero desde la psicología y hace no muchos años desde la neurología— una serie de hipótesis en torno a cuál podría ser esa función.

Ahora, un equipo de investigadores chinos y estadounidenses parecen haber logrado identificar, a través de imágenes de resonancia magnética funcional, una serie de relaciones entre el amor y ciertas regiones de este órgano asociadas a la recompensa, la motivación, la regulación de la emoción y la cognición social.
“Este estudio proporciona la primera evidencia empírica de alteraciones relacionadas con el amor en la arquitectura funcional subyacente del cerebro. Nuestros resultados arrojan luz sobre los mecanismos neurofisiológicos subyacentes del amor mediante la investigación de la actividad cerebral intrínseca”, dice en una de sus conclusiones el estudio, publicado en la revista especializada Frontiers in Human Neuroscience y llevado a cabo por científicos de la Universidad Chongqing (China), la Universidad de Ciencias y Tecnología de Hanui (China) y la Escuela de Medicina Mount Sinai de Nueva York.

De acuerdo al documento, para establecer esos resultados, los investigadores analizaron cien voluntarios luego de dividirlos en tres grupos: los que decían estar enamorados, los que no tenían pareja y los que habían terminado una relación hace poco tiempo. A todos les hicieron una resonancia magnética funcional tras pedirles que intentaran poner su mente en blanco, para registrar los niveles de actividad.

Luego de analizar los resultados, los científicos encontraron que quienes estaban enamorados presentaban un aumento en su actividad cerebral. Al menos en una docena de regiones se registraba ese incremento de manera constante. Específicamente en una zona llamada cortex del cíngulo anterior del hemisferio izquierdo.

Por el contrario, quienes decían no estar enamorados y quienes habían terminado su relación con más tiempo, presentaron una reducción de actividad en una zona conocida como el núcleo caudado bilateral.

Y esta última estructura, palabras más palabras menos, está relacionada con la detección de recompensas, la representación de los objetos, la integración de la información sensorial y la expectativa.

O, tal como lo señalan los autores en el artículo publicado en Frontiers “hemos encontrado que las alteraciones relacionadas con el amor involucran el aumento de la función cerebral dentro de la recompensa, la motivación y la red de regulación de las emociones”, además de  la capacidad de fortalecer las aptitudes sociales.

Pero, ¿cuál es la explicación de tales cambios? Según muestran, el hecho de que aumente la conectividad en estas regiones cerebrales puede ser el resultado del esfuerzo que hacen los enamorados para controlar su estado emocional y el de su pareja. También puede ser el reflejo de las estrategias que se tratan de establecer cuando para resolver los conflictos al interior de una relación.

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Sin embargo, advierten los investigadores, en realidad aún hace falta un largo camino de estudios serios para identificar de forma más profunda el comportamiento del cerebro relacionado con el amor. Habrá que analizar más, dicen, para probar con precisión la hipótesis que proponen.
 

Por Redacción Vivir

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