Este año 2011 comienza con propósitos, ideas, planes y una gran esperanza de que pueda ser mejor que el año que ya pasó. Podemos afirmar, sin duda alguna, que todos sin importar nuestra cultura, profesión, oficio, género, edad o raza, buscamos ser felices y evitar el sufrimiento.
Sin embargo, en este mundo ajetreado, a lo largo de la vida nos encontramos con situaciones difíciles y las experiencias de felicidad son breves y efímeras. La paz mental se nos escapa en cada momento y los estados mentales negativos, como el apego o el enojo, nos causan innumerables problemas.
Con frecuencia nos preguntamos, ¿cómo hacer de nuestra vida algo significativo? En nuestra búsqueda de satisfacción cambiamos de una amistad a otra, de un trabajo a otro, de un país a otro. Estudiamos arte y medicina, intentamos practicar deportes, aprendemos a manejar nuevos aparatos como el iPad o a conducir automóviles. Tenemos hijos, vemos películas, cultivamos flores y algunos otros como yo, escribimos artículos como este. También intentamos retornar a la naturaleza, comer alimentos integrales o practicar yoga; todo esto con el fin de conseguir la felicidad y evitar el sufrimiento.
No hay nada malo en ninguna de estas cosas. El problema es que consideramos que tienen, en sí mismas, la capacidad de satisfacernos. Pero no pueden serlo porque, sencillamente, son impermanentes, cambian constantemente y, tarde o temprano desaparecen. Depender de las cosas impermanentes sólo lleva a la desilusión y a la tristeza.
Hacer de nuestra vida algo significativo no quiere decir que pasemos toda nuestra existencia orando y meditando, ni convirtiéndonos en fanáticos religiosos incapaces de interactuar en la sociedad moderna. Comenzar a darle significado a esta existencia consiste en encontrar un equilibrio, lo que el Buda llamó el camino medio, aprendiendo a no sobrecargarnos por actividades y preocupaciones carentes de sentido.
La meditación
Sin importar si somos personas espirituales o poco espirituales, necesitamos con urgencia un método efectivo para conocer la naturaleza de nuestra propia mente. La meditación hace hincapié en asuntos prácticos de nuestra vida diaria, como el modo de dirigir nuestras acciones, de integrar nuestras mentes y de hacer que nuestro día a día sea apacible y saludable.
En el sentido ordinario del término, “meditación” en tibetano se dice “gom”, que quiere decir ‘familiarizarse’. Es una familiarización constante con estados mentales positivos, de esta forma al hablar de meditación estamos enfocándonos más en el área psicológica de nosotros mismos.
Pensemos en cómo funciona nuestra mente ahora: a veces a lo largo del día nos familiarizamos con estados mentales negativos. Por ejemplo, cuando las cosas van mal puede ser que nos enojemos y estemos buscando a alguien para echarle la culpa, creyendo que si encontramos a un culpable entonces nuestro problema va a desaparecer. Esto es un hábito común. Y cuanto más hagamos esto, más caemos en ello.
Así que la meditación consiste en familiarizarse con estados mentales positivos, utilizando hábilmente diversas técnicas y herramientas. Y mientras más lo hacemos, es más fácil que surjan naturalmente. Para cambiar nuestra mente hay que ser hábiles y pacientes. A la fuerza y rápido no puede haber un cambio de fondo, es como ir al gimnasio; para ver resultados tenemos que ser constantes.
Estudios recientes acerca de los beneficios de la meditación revelan que con tan sólo 5 ó 10 minutos diarios, podemos ver resultados impactantes en el aspecto físico, como el fortalecimiento del sistema inmune, una mayor atención, entre muchos otros. Sin embargo, el mayor impacto que esto tendrá en nosotros será un aumento en nuestra paz mental y satisfacción interna, lo cual es la base para alcanzar esa felicidad duradera que todos buscamos.
Me despido con esta frase de Milarepa, el gran santo tibetano del siglo XII: “Mi práctica espiritual consiste en no engañarme a mí mismo ni dañar a los demás”.
* Monje budista mexicano. Durante el mes de febrero y marzo visitará el centro budista Yamantaka de Bogotá y Santa Marta y Barranquilla durante el mes de febrero.