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“El cáncer no cambió mi vida”

Acostumbrada a agotadoras jornadas de trabajo, la reconocida presentadora no quiso bajar la guardia durante estos meses de recuperación. Aunque pospuso algunos compromisos se siente llena de energía, lista para continuar.

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Mariana Suárez Rueda
22 de septiembre de 2012 - 09:00 p. m.
La presentadora Ximena Aulestia se repone de un cáncer de tiroides.  / Luis Ánge
La presentadora Ximena Aulestia se repone de un cáncer de tiroides. / Luis Ánge
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El día que Ximena Aulestia supo que tenía cáncer de tiroides sintió como si le hubieran dado un palazo en la cabeza. Nunca había sufrido de algún problema relacionado con esta glándula ni tampoco de una enfermedad grave. Cuando empezó a perder la concentración y a olvidar algunas cosas creyó que eran signos inevitables del paso de los años.

Sin embargo, una pequeña bolita que le salió en la garganta la alertó. Tan pronto consultó a un médico le mandaron exámenes que, como ella misma reconoce, se demoró en practicarse por falta de tiempo y exceso de trabajo. La parte más difícil fue contárselo a su familia.

Su hijo llegó de Ecuador para acompañarla en la cirugía y durante la recuperación. Esta reconocida presentadora colombo-ecuatoriana, nacida en Río de Janeiro, diseñadora de profesión, pero comunicadora del alma, tuvo que renunciar a la jefatura de comunicaciones del Ministerio de Ambiente y hacer un alto en su agitada rutina.

Contrario a lo que cuentan muchas personas que han tenido cáncer, la época del tratamiento fue la más valiosa de este difícil proceso. Pudo alejarse de todo, regalarse tiempo para ella misma, pensar, pensar mucho en el vuelco que le daría a su vida para aprovechar cada segundo.

“Aunque la cirugía en la que me quitaron la tiroides se realizo en el momento oportuno, cualquier medio malestar que sienta me asusta, nos asusta a todos. Después de tener cáncer uno queda muy prevenido”. Pero, dice con una tranquilidad que desconcierta, “no me siento aferrada a la vida. Sé que la muerte es parte de ella y estoy más que satisfecha por lo que he hecho. Lo único que me preocupa es mi familia”.

Ya han pasado nueve meses desde que le diagnosticaron la enfermedad. Poco a poco ha podido retomar su ritmo de vida normal. Muchas veces se levanta desde las cuatro de la mañana y se acuesta rendida a medianoche. A pesar de haber pospuesto algunos proyectos, no ha querido bajar la guardia y dejar de hacer lo que tanto le gusta: trabajar. “Cuando uno es adicto al trabajo y adora lo que hace, es difícil dejarlo”. La diferencia es que ahora sus extenuantes jornadas se ven interrumpidas por chequeos médicos periódicos.

Leonardo Rojas Melo, médico endocrinólogo, explica que el riesgo de que este tipo de cáncer reaparezca es del 20 al 30%. La recomendación es mantener un estilo de vida normal, pero estar muy alerta ante cualquier anomalía. El cáncer de tiroides, a menos de que sea producto de una alteración genética, no puede prevenirse. Detectarlo a tiempo es la única alternativa para ganarle la batalla a la muerte.

Después de haber librado esta pelea, Ximena ha decidido dedicar parte de su tiempo a ser la vocera de una campaña liderada por la Fundación Simmon y la compañía Genzyme, que busca concientizar a las mujeres, en quienes es ocho veces más frecuente que en los hombres el cáncer de tiroides.

La clave es detectarlo a tiempo

Muchas veces no se siente ni se ve nada extraño, otras es una bolita en la garganta o una ronquera permanente las señales que alertan la aparición de un cáncer de tiroides. Aunque se trata de una enfermedad que es más frecuente en adultos, pueden también sufrirla los niños por factores congénitos. 

No hay manera de prevenirla, advierte el médico endocrinólogo Leonardo Rojas. La clave es detectarlo a tiempo. El tratamiento, generalmente, consiste en una cirugía en la que se retira esta glándula. También, explica Rojas, se puede optar en algunos casos por utilizar yodo para que se quemen células o dar dosis altas de hormona tiroidea.

A pesar de que en la mayoría de los casos estos procedimientos son efectivos y el cáncer se va, hay un riesgo del 20 al 30% de que regrese. Lo importante, entonces, no es dejar de llevar una vida normal, sino de añadir a la rutina los chequeos médicos, exámenes y pruebas para garantizar que cualquier anomalía pueda detectarse con suficiente antelación.

Por Mariana Suárez Rueda

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