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El culto requiere de un alto sacerdote, de una persona señalada por los dioses para guiar a las masas. Como toda religión, tiene ritos, fechas importantes, símbolos. En el calendario sagrado están inscritas las celebraciones, el día en que se hizo la luz en forma de máquina: 1984 fue el año de la llegada. Hace 25 años Apple Computer produjo el primer Macintosh, un computador que redefinió el desarrollo tecnológico de los próximos años.
De ahí en adelante Apple continuó, con ciertas épocas de crisis (a las que los fieles se refieren como un período de oscurantismo), produciendo algunas de las maravillas tecnológicas que le han cambiado la vida a muchas personas, que más que clientes son seguidores, casi maniáticos.
Hace un cuarto de siglo los computadores eran una especie de zona franca, de submundo prohibido, al que sólo accedían aquellos iluminados que hablaran el idioma divino del código. Las tareas computacionales estaban reducidas en buena parte a un ejército de ingenieros y programadores que reinaba en su pequeño gueto. Entonces, apareció el Mac con sus precios astronómicos, un producto que incorporaba una interfaz gráfica, una especie de traducción entre el mundo binario interior del computador y el universo de los usuarios. La comunicación ya no iba del usuario a la máquina, sino al revés: ahora ella hablaba y preguntaba.
“En 1994 mi esposa, quien estaba trabajando con diagramación y diseño, sugirió que compráramos un Mac. Hasta entonces la tecnología me era indiferente, un asunto lejano que nada tenía que ver conmigo. Vimos un Quadra 605, nos gustó y yo quedé jodido”, cuenta Fabrizio Ciurlo, una persona que dice haber nacido para los computadores desde 1994 con su primer Mac.
Nunca había tenido un PC (como se conoce a los computadores que utilizan Windows) y asegura que tampoco lo tendría: su primer y único amor ha sido el Mac. “Hay algo en él que genera cierta especie de filiación, que lo diferencia de todo lo demás. No me pregunte qué es, es como preguntarle a alguien ¿por qué es hincha de un equipo de fútbol y no de otro?”.
“Yo digo que él tiene una amante. Se llama Dora, la computadora: la puta Dora”, asegura, entre risas la esposa de Ciurlo, Ana María Aragón, quien también cuenta que en las horas de insomnio su esposo se levanta directo al Macbook a trabajar en el pequeño cuadrado blanco que ilumina la madrugada con la luz reluciente de su distintiva manzana.
Desde 1997 Carmen Gil, artista y profesora de planta del Departamento de Artes de la Universidad de los Andes en Bogotá, ha tenido cuatro portátiles, dos torres y un iMac. “Nunca he tenido un Porquería Computer, que creo es lo significa la sigla PC. No lo tendría y si me tocara trabajar en PC creo que me iría al campo a cultivar tulipanes. El primer computador que vi en mi vida fue en 1988: era el Mac de una amiga. Yo trabajo con video y cosas muy gráficas, por eso Mac es la opción para mí, es una cosa que viene desde la universidad. Hay toda una generación de artistas de Los Andes que nos educamos usando Mac”.
Y agrega que “no sufre de tecnofilia, aunque tener Mac sí es algo diferente, es algo cool; es el Rólex de los computadores. Cuando me gradué de la universidad, mi regalo fue un Powerbook, un portátil Mac. En ese entonces uno pedía un computador, no un carro o un viaje a Europa. Tener Mac sabía que me iba a abrir muchas puertas, fue la primera plataforma que se hizo para trabajar creativamente, para artistas, músicos, diseñadores. En esa época decir que uno era diseñador web era, como dice un amigo, algo súpersexy al igual que tener un Mac”.
Lo cierto es que el Mac genera emociones fuertes para quienes se han afiliado a aquella secta secreta que venera el dogma emanado de la compañía californiana. “Se ha vendido la imagen de Steve Jobs como quien nos trajo el fuego, el Prometeo de nuestro tiempo: la persona que le entregó la interfaz gráfica al mundo, pero cobrando, eso sí”, asegura Gil. 25 años del culto a la manzana, justo en el momento en que la compañía lidera la batalla de la innovación con el iPod y el iPhone, sus dos consentidos actuales.