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El deterioro de la medicina

Dice que los médicos generales están siendo “castigados” por el sistema y hace un llamado a los ministerios de Salud y Educación para que se involucren en la formación de los profesionales.

Redacción Vivir

25 de marzo de 2012 - 04:01 p. m.
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Frente a decenas de docentes de las facultades de medicina, de médicos y otros profesionales de la salud, el doctor Ricardo Rozo, director ejecutivo de la Asociación Colombiana de Facultades de Medicina (Ascofame), lanzó recientemente las siguientes sentencias: “Estamos llevando los espacios del acto médico hacia terrenos más cercanos a los ámbitos de la transacción de bienes y servicios (...). Los conceptos de eficiencia y eficacia (términos puramente económicos), acabaron con las plantas de médicos en los hospitales que fueron reemplazadas por cooperativas”.

El doctor Rozo tenía a su cargo el discurso inaugural de la Conferencia Internacional de Educación Médica Ascofame 2012, que se celebró la semana pasada en Bogotá. Sus palabras hacían referencia directa a lo que él llama “el deterioro del profesionalismo médico”. ¿Qué implica este deterioro? El Espectador habló con él.

¿Qué es lo que más lo preocupa de la situación de hoy?

Hoy, la visión del médico está mediada por los modelos corporativos de la industria de la salud. Esto ha llevado a una alteración de la relación del médico con el paciente, al que hoy se conoce como usuario o cliente. Este modelo ha llevado a que los médicos sean entrenados para cumplir con una ética corporativa. Y a eso se suma la falta de autonomía.

¿Quién tiene la responsabilidad de enfrentar ese problema?

Fundamentalmente les corresponde a las facultades de medicina, pero hay que decir que el sistema de salud también ha carecido de elementos que se ocupen de la formación del recurso humano, y hasta hace muy poco, producto de la crisis, se dio cuenta de que el profesional de la salud es un elemento fundamental.

¿Qué les corresponde hacer a las universidades?

Es necesario impulsar cambios en los procesos curriculares. Con la cantidad de información y de conocimiento de hoy es imposible que un médico, generalista o especialista, pueda interiorizar todos los conceptos. Es indispensable promover el trabajo en equipo, entender que no todos los profesionales tienen que saberlo todo. Las facultades tienen que abrirse además a una proyección internacional. Comprender que la medicina no puede estar basada en recetas de cocina. Si en las escuelas no existe pensamiento crítico y dinámico, no vamos a avanzar.

¿Cómo hacerlo?

Con reformas curriculares y reflexiones permanentes, con cambios en los modelos dependiendo de las necesidades epidemiológicas del país. Promoviendo la autocrítica, manteniendo fuertes estándares vigilados por las mismas facultades. Los ministerios de Salud y Educación también tienen que estar involucrados en ese proceso.

¿Qué hacer con el déficit de especialistas?

Para responder esa pregunta hay que hacer un diagnóstico profundo de la situación de los médicos generales en Colombia y de su limitada capacidad resolutiva por culpa del sistema. Hay que definir si el país quiere médicos generales sólo para que formulen un medicamento básico o autoricen una incapacidad, o si quiere médicos de alta calidad que puedan solucionar en la primera consulta el 70 o el 80 por ciento de los casos. Primero hay que solucionar la capacidad resolutiva que se les está dando a los médicos.

¿Eso explica que la práctica de la medicina general se haya depreciado?

El sistema ha privilegiado el “hacer” por encima del “pensar”. También ha castigado a los médicos generales con los honorarios e ingresos. A eso habría que sumar que no los dejan hacer formulaciones especializadas ni exámenes de laboratorio. Los volvieron unos “remitidores” de pacientes, porque realmente lo que se evalúa es cuántos pacientes atienden por hora: cantidad y no calidad.

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¿Cuáles han sido las consecuencias de ese modelo?

El impacto ha sido enorme y ha llevado a que se extienda la idea de que hacen falta especialistas. Pero hay que preguntarse si éste es realmente el problema o si se debería replantear la capacidad resolutiva de los médicos generales y de los especialistas generalistas, para que en la primera consulta resuelvan la mayor cantidad de problemas y que sólo en casos muy específicos se recurra a los “supraespecialistas”. Si el modelo continúa así, va a estallar.

Por Redacción Vivir

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