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El 5 de febrero de 2009 lo primero que hizo el alcalde Samuel Moreno fue ir a la casa de su madre, María Eugenia Rojas, en el barrio Teusaquillo. Eran las 6 de la mañana, y entre los asesores del Alcalde se notaba la tensión. Las reacciones frente a la nueva restricción, que implementó la medida del Pico y Placa por 14 horas seguidas para los carros particulares, dos veces a la semana, no se hicieron esperar. Los ciudadanos estaban molestos, los comerciantes se sentían traicionados con las promesas que Moreno había hecho como candidato y, para entonces, hacía tránsito en el Congreso un proyecto de ley, de autoría del representante Nicolás Uribe, que buscaba tumbar el Pico y Placa por más de siete horas por considerar que la medida violaba los derechos fundamentales de los ciudadanos.
Esa mañana La Capitana le dio la bendición al menor de sus hijos. Mientras tanto, en el Palacio Liévano un grupo de juristas y expertos en movilidad revisaban los últimos detalles del Decreto 033 de 2009 que Moreno firmaría en su despacho al finalizar la tarde, cuando culminaran las actividades del Día sin Carro.
El Alcalde y su equipo tomaron el Transmilenio en la estación de la avenida Caracas con calle 39, seguidos de cientos de ciudadanos que miraban estupefactos al hombre de casi dos metros de altura que tiene en sus manos el manejo de la ciudad. Moreno aseguraba que la Jornada del Día sin Carro serviría como preparación para lo que sucedería a partir del día siguiente. En sus declaraciones insistía en que lo más importante durante el proceso de implementación del nuevo Pico y Placa era la colaboración de los bogotanos.
“Esta es una medida que ya está tomada, que vamos a estar monitoreando todos los días y que debió ser ejecutada hace por lo menos 10 años”, decía el mandatario ante las constantes críticas que le lanzaban algunos ciudadanos en la calle. El secretario de Movilidad, Fernando Álvarez, por su parte, no se cansaba de tranquilizar a los transportadores al aclarar que el Pico y Placa durante todo el día no se les aplicaría a los vehículos de transporte público.
A la misma hora, el representante David Luna, uno de los principales detractores de la medida, aseguraba ante los medios de comunicación que la restricción no estaba basada en estudios técnicos y que además era inequitativa.
Durante la jornada del Día sin Carro el Alcalde realizó monitoreos ambientales, firmó un pacto por el medo ambiente con la Federación Nacional de Empresas Operadoras de Transporte (Fenot) y el líder del gremio de los taxistas, Uldarico Peña, en el Centro Comercial Carrera, visitó el Patio Portal de las Américas y en la tarde presidió la plantación de mil árboles en el humedal Juan Amarillo.
Fue sólo hasta que el sol desapareció, cuando el alcalde Samuel Moreno se sentó en su despacho, cogió el Decreto que sus asesores habían revisado durante todo el día y con la Plaza de Bolívar a sus espaldas puso su firma a la restricción que le ha traído interminables enfrentamientos con el gremio de los comerciantes, algunos políticos y la opinión pública, y que es, según los analistas, una de las mayores razones de sus oscilantes índices de popularidad.
* Periodista