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…el Festival de Cannes

El filme ‘Los viajes del viento’ llegó a la Selección Oficial de Cannes para hacer que los críticos más selecto del cine mundial  volcaran su mirada hacia la cinematografía colombiana . La productora de la obra habla de la proeza.

ISABEL CRISTINA GALLEGO
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La memoria es a título personal. La experiencia cinematográfica es a título colectivo. El cine es un proceso de creación colectiva de una obra que reposa en la mente de un director antes que nada y que está bajo la responsabilidad de la realización de un productor antes y después de todo. Este proceso colectivo lo llevamos en cabeza tres personas: Ciro Guerra (director), Diana Bustamante y yo (productoras), pero es el resultado de un equipo de trabajo de más de doscientas personas en cinco países diferentes, que fueron claves y cuya dedicación hizo que Los viajes del viento participara en la Selección Oficial de Cannes este año, siendo la cuarta película en la corta historia del cine colombiano en llegar a la Selección.

El Festival de Cannes es el lugar donde todos quieren estar. Treinta mil personas en torno a un festival que habita en una ciudad pequeña. El Palais del festival, la Croissete, se llena de tiendas y tiendas, el mercado es grande y diverso como es el cine. Allá se venden desde películas como la nuestra, hasta las películas grandes del año.

La Croissete estaba tapizada de Transformers, Up, Los fantasmas de Scrooge, las películas de directores consagrados como Almodóvar, Tarantino, películas comerciales y radicales. Las películas de todas las cinematografías, religiones, estilos, desde el cine de terror y el gore, pasando por cinematografías de la India o de China. Todo el mercado del cine está ahí, hay 10.000 mil personas acreditadas dentro del mercado —Marche du Film—, dedicados a comprar y vender cine.

Lo realmente importante de Cannes 2009 es que fue una experiencia para el país. El festival volteó su mirada hacia el cine colombiano como resultado de los muchos esfuerzos que se han hecho en los últimos años por visibilizarlo. Nosotros —directores y productores—, hemos contribuido a eso haciendo cine de calidad que tiene acceso a las ventanas internacionales. Con La sombra del caminante llegamos a mas de 60 países, cinco años de festivales. Fue importante, sin embargo, hace cinco años, cuando no se producía tanto cine, era más difícil voltear la mirada hacia Colombia.

Hay trabajos institucionales importantes que se han hecho desde Proimágenes en Movimiento y el Ministerio de Cultura, la Comisión Fílmica y la Ley de Cine aprobada en 2003 que han permitido que existamos como sector. Las cinematografías evolucionan, y nuestros esfuerzos desde el nacimiento de la industria mundial han sido torpes por varios motivos: políticos, económicos, pero sobre todo culturales. Colombia se empieza a dar cuenta de la importancia del cine para la sociedad.

Este año en Cannes hubo un día dedicado especialmente a Colombia en el Producers Network, donde alrededor de un desayuno se establecieron relaciones sobre “La producción en Colombia”. Un espacio para compartir con productores, financistas, distribuidores de otras latitudes. Y toda nuestra ‘Selección Colombia’ de cine fue la anfitriona. También hubo un especial sobre el sector cinematográfico en Colombia en Variety, una de las publicaciones más importantes para la industria cinematográfica. Claudia Triana, directora de Proimágenes en Movimiento dijo para Variety: “Al tener Los viajes del viento aceptación en la Selección Oficial de Cannes este año, estamos cosechando los beneficios de años de estímulos del Gobierno promocionando el cine nacional”.

El proceso de producción de la película implicó cosas interesantes. Fue un reto a nivel profesional para cada uno. Entendimos la importancia del trabajo colectivo y la fuerza que se genera a partir de la integración, teniendo que poner en tantos momentos difíciles el ego a un lado para dar paso a algo que venía detrás nuestro, más grande.

Los viajes del viento es una película sobre el amor, sobre el aprendizaje, sobre la unión que crea la música, es una película sobre la diversidad, sobre el respeto, sobre nuestras raíces. Más allá de la historia de Ignacio y Fermín estaba la historia de la búsqueda del padre, del amor profundo que ata y libera al artista. ¿Por qué permanecer separados si hay tantas cosas que nos unen? Los viajes del viento era un reto profesional en extremo conmovedor, encontramos quienes la hicimos —así como encontraron ciertos espectadores— esa metáfora de la que Ciro quería hablar respecto a la vida del artista, a su sacrificio, a su soledad creadora y a su locura.

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En Los viajes se rinde un homenaje al Cesar, a La Guajira. La investigación y escritura de Ciro fue para mí la búsqueda de locaciones, la hicimos al tiempo mientras nos contaban historias, veíamos y conocíamos de cerca la región, por eso Valledupar fue un punto de referencia, las aguas del río Badillo y las del Guatapurí recorrieron nuestros pensamientos y noches de fiesta. Nosotros conocimos sus aguas, nos bañamos en sus ríos, vimos los cañaguates florecidos, conocimos el esplendor de esa naturaleza y la tierra del olvido, entendimos su música, su forma de comunicarse, aprendimos a medir el tiempo en la costa, que no se mide de la misma manera que en el interior.

Con Ciro vivimos un año y medio en Valledupar para hacer la película, luego para el rodaje se movilizaron otras cuarenta personas, hicimos ocho semanas de preproducción y nueve de rodaje y esta experiencia que habíamos vivido se traspasó a todo el equipo. Este rodaje además nos permitió conocer y conocernos como individuos, como país, como región Caribe. Y todo este aprendizaje hizo que la Selección de Cannes fuera para nosotros tan emocionante, porque nos llevábamos en esas latas de película no sólo nuestras vivencias y experiencias, sino la cultura de un país, la cultura vallenata, las músicas del norte de Colombia, sus pieles, sus texturas, sus dialectos, nos llevábamos el calor infernal de Bosconia y las nieves perpetuas de la Sierra, nos llevábamos el amor y el dolor que nos había enseñado la tierra, lo llevábamos todo en unas latas de película que llegarían en un Viaje de Viento al público más selecto, más exigente del cine mundial. Y bueno, al finalizar las proyecciones, los aplausos, la ovación realmente no era para nosotros los quince de la película que estábamos, sino para nosotros Colombia.

Por ISABEL CRISTINA GALLEGO

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