Algunos científicos atribuyeron la rara morfología de este individuo (de cara larga y plana) a una serie de variaciones naturales dentro de la misma especie, mientras que otros investigadores consideraron que se trataba de una especie distinta, conocida como Homo rudolfensis.
Según Leakey, de 70 años, las habilidades mentales del Homo erectus permitieron que desarrollara mejores herramientas y le garantizaron la supervivencia y su futura evolución.
Ante el hallazgo, el paleontólogo Ignacio Martínez, profesor titular de la Universidad de Alcalá (España), concluyó que “en el origen del género Homo había mucha más diversidad de lo que algunos pensaban, algo que, sin embargo, sabemos que es habitual en la evolución de otros animales. Nuestra evolución, una vez más, no es nada especial”.
Entre 2007 y 2009, mientras adelantaba excavaciones al norte de Kenia, la prestigiosa paleontóloga Meave Leakey encontró un esqueleto facial y dos mandíbulas que ahora, tras la publicación de sus avances investigativos en la revista , se ha convertido en un hallazgo determinante para comprender y encontrar nuevos detalles sobre la evolución de la especie humana desde hace 2.000 millones de años..