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El juego de la vida

Will Wright, el gurú del entretenimiento electrónico, alista su más reciente obra. Se trata de Spore, un juego en el que el usuario goza de un poder comparable al de Dios.

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Diego Alejandro Alarcón
14 de mayo de 2008 - 07:52 p. m.
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Además de crear un mundo a su antojo, puede inventar el ADN de las criaturas y las bestias que lo habitan. 

Ese es el sello personal de Wright: entregar a sus seguidores la posibilidad de controlar los destinos de seres animados. Ya lo logró en dos oportunidades. Primero con SimCity, que convertía al jugador en el alcalde de una ciudad y debía hacerla próspera cuidando del tráfico. Luego con Los Sims dejó en las manos de los compradores el futuro de una familia virtual. De este juego se vendieron más de 100 millones de copias en el mundo, mérito suficiente para ser reconocido como el más grande éxito en la industria de los videojuegos.

Wright encontró su camino pensando en cómo divertir a los jugadores. Tras probar suerte con estudios en arquitectura e ingeniería, decidió apostarle a su creatividad diseñando software para el entretenimiento. Tras conocer los simuladores de vuelo de los años 80, se despertó en él la curiosidad por la tecnología.

Por eso, a los 25 años, se asoció con Jeff Braun para montar los estudios Maxis, una compañía dedicada al desarrollo del entretenimiento electrónico. En 1997 Electronic Arts compró la empresa de Wright, después de que su presupuesto fuera agotado en un ambicioso proyecto de nombre SimCity 3000, una versión mejorada de su primera obra. Desde entonces, su carrera ha sido imparable.  

Ahora con Spore, Wright abre un abanico a posibilidades nunca antes pensadas. Cada jugador podrá diseñar el ADN de una célula de la que nacerán todas las especies de su mundo. La primera parte del juego consiste en una fase microscópica en la que el ser minúsculo luchará por su supervivencia en un medio acuático.

Después, con el avance de la historia, se convertirá en una criatura terrestre hasta llegar  al momento  tribal, en el que el usuario pasa de controlar un personaje a encargarse de una horda.

Una vez la etapa tribal se consolida se alcanza el status de   civilización. Esta es la parte más interesante, pues el jugador tendrá la oportunidad de diseñar su propia arquitectura, implantar formas de gobierno y sistemas económicos. Finalmente, aparece la fase espacial, en la que el jugador lucha por conquistar otras galaxias.

El juego saldrá al mercado el próximo mes de septiembre. Se espera que tenga un éxito rotundo, pues el tener a Wright como cerebro ya es una garantía.

dalarcon@elespectador.com

Por Diego Alejandro Alarcón

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