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2 Jul 2020 - 5:46 p. m.

El maestro, vital en la educación remota

En medio de este panorama crítico es fundamental insistir en la alta valoración y reconocimiento que históricamente se le ha concedido al maestro y su participación como motor central para promover el interés del estudiante por educarse de manera permanente durante su vida.

José Consuegra Bolívar*

La pandemia de COVID- 19 impactó y trastocó abruptamente al sector educativo. Los métodos y procesos pedagógicos cambiaron radicalmente en un abrir y cerrar de ojos, los colegios y las universidades del mundo cerraron sus aulas y procedieron a desarrollar soluciones de educación virtual, remota y mediada por las TIC.

Con anterioridad ya se había identificado una desigualdad creciente en el acceso y las competencias en el manejo de los medios y espacios TIC, fenómeno que se ha profundizado en las circunstancias actuales en que el sistema educativo está obligado a usar medios remotos y virtuales para su continuidad. La brecha digital no para de crecer, al punto que, según Unesco, la mitad del total de los alumnos –unos 826 millones de estudiantes– que no pueden asistir a la escuela por la pandemia, no tienen acceso a una computadora en el hogar.

Esta nueva realidad impacta negativamente en la vida de los estudiantes más vulnerables, en el marco de las desigualdades sociales, ampliando las brechas de aprendizaje e incrementando la deserción estudiantil.

En medio de este panorama crítico es fundamental insistir en la alta valoración y reconocimiento que históricamente se le ha concedido al maestro y su participación como motor central para promover el interés del estudiante por educarse de manera permanente durante su vida. En la educación remota y mediada, su rol continúa siendo el eje vital, ya que a sus responsabilidades tradicionales se suma su papel de articulador entre el estudiante, las nuevas tecnologías y el aprendizaje.

El hogar se convirtió temporalmente en aula de clases, un escenario que al profesor le corresponde explorar, entender y utilizar para el buen desarrollo del proceso educativo; para ello debe adaptarse y adquirir competencias frente a las herramientas tecnológicas e implementar métodos innovadores para alimentar el interés de sus alumnos por el saber.

El maestro marca la diferencia, por eso nunca será prescindible en la educación, como algunos analistas partidarios de la robotización de la educación lo auguran. Es necesario el maestro que no se limite a proveer el conocimiento, sino que sea ejemplo de vida, expresión viviente de los atributos de la condición y las relaciones humanas, cultor del humanismo y promotor del pensamiento crítico.

Igualmente, facilitador de una relación dialógica que asegure que la experiencia didáctica suscite la apropiación del conocimiento, interés permanente de estudio y actitud crítica ante la realidad; siempre motivando a los estudiantes a pensar, a ser autónomos, racionales y críticos. Igualmente, la institución educativa debe actualizarse frente a los nuevos escenarios y trascender sus instalaciones físicas, convirtiéndose en espacios abiertos sin fronteras que conecten a los actores del aprendizaje, los eduquen en el marco del humanismo, les enseñen a aprender a aprender para toda la vida.

El maestro de hoy debe provocar, acompañar, cuestionar, orientar y estimular el aprendizaje de los educandos a través de los nuevos lenguajes y escenarios virtuales en un mundo con constantes cambios, una tarea colosal en la que toda la sociedad debe acompañarlo; los resultados de su valioso trabajo nos impactarán a todos. Hoy, más que nunca –en medio de esta crisis e incertidumbre–, el maestro humanista es necesario e irremplazable.

*Rector de la Universidad Simón Bolívar.

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