El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

El niño que no tenía juguetes

Kike vivía en un bosque lejos de la ciudad. Su familia era muy pobre y no le podía comprar juguetes.

Juan Manuel Jaramillo G.

23 de diciembre de 2014 - 09:37 p. m.
PUBLICIDAD

Su padre le construyó un carrito con ruedas y pronto se desarmó. Su madre logró ahorrar unos pesos y le compró una pelota de colores como regalo de Navidad. A los pocos días cayó la pelota en una quebrada cerca a su casa y la corriente la llevó cuesta abajo flotando entre las piedras. Él intentó seguirla por un largo trecho, pero la corriente era muy rápida y desapareció.

Kike estaba muy cansado y triste, había perdido su único juguete. En medio de las lágrimas, se dio cuenta de que estaba en un lugar desconocido y se sintió perdido. Vio un claro en el bosque con un prado muy verde, se recostó en la hierba y se distrajo mirando a las nubes que pasaban sobre su cabeza formando extrañas figuras. Al rato, y ya más tranquilo se le ocurrió que con la fuerza de su mente podría modelarlas a su antojo. Primero escogió una pequeña y puso todo su empeño en hacerla desaparecer. La miró fijo durante varios minutos y la nube se fue esfumando poco a poco. Kike se emocionó, había descubierto que tenía un don especial y decidió escoger otra nube que parecía una mota de algodón de azúcar, parecida a las que vendían en las ferias de su pueblo y probó volverla redonda como la pelota que había perdido en el agua .La transformó. Estaba feliz con su nuevo juego. Luego probó con una figura diferente y también lo logró.
Esa noche le contó a su madre que había perdido la pelota en la quebrada; ella se puso muy triste, había gastado sus ahorros en su compra, pero él la tranquilizó diciendo que había encontrado en la mitad del bosque un sitio lleno de juguetes.

—Me tienes que llevar a ese sitio —dijo ella, incrédula pero interesada con el hallazgo.

—Claro, mamá —respondió Kike, sin saber cómo mostrarle a su madre los juguetes hechos de girones de nubes.

Todos los días iba al sitio en el bosque, se recostaba mirando al cielo, imaginaba un objeto y lo empezaba a modelar con la fuerza de su mente. Así aparecían flotando osos de peluche, carros, barcos, soldaditos de plomo y cualquier juguete que deseara. Llegó a adquirir tanta habilidad que en una tarde podía fabricar más de diez juguetes y cada vez con mayor detalle que los anteriores. El único problema era que después de varios minutos, se disolvían o desaparecían empujados por el viento.

Read more!

—¿Cuándo me llevas al bosque para conocer tus juguetes?— le decía con frecuencia su madre, llena de curiosidad.

—Pronto, muy pronto— le respondía él sin saber qué hacer, no le podía mostrar unos simples objetos que desaparecían en el cielo a los pocos minutos.

Un día vino una tormenta y las nubes cambiaron de color, se volvieron grises y negras y al poco rato empezó a caer granizo.

—Ya sé, voy a intentar hacer las figuras y los juguetes de hielo con el granizo— pensó que así se podía volver realidad sus objetos. Al principio fue difícil pero cuando empezaba a caer el granizo lo modelaba muy rápido, de tal forma que al caer al suelo, se unían los granos formando las figuras.

No ad for you

Una tarde que presagiaba tormenta invitó a su madre hasta el claro en el bosque donde había construido un refugio para protegerse. Ella no entendía nada y estaba preocupada por la lluvia. Él le pidió algo de paciencia. Cuando empezó a granizar fue convirtiendo el sitio en un lugar maravilloso lleno de infinidad de juguetes. Luego cuando salió el sol pudo tomarlos uno a uno y mostrárselos a su madre.

Read more!

Ella estaba maravillada, abrazó a su hijo con lágrimas en los ojos y preguntó:

—¿Cómo lo haces? Ahora tienes miles de juguetes, todos los niños te van a envidiar.

—Con el poder de la mente y la imaginación —contestó, y luego agregó orgulloso—. La imaginación lo puede todo.

Por Juan Manuel Jaramillo G.

Temas recomendados:

Ver todas las noticias
Read more!
Read more!
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.