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El país ideal

– Un país con cultura científica.

Lisbeth Fog *

15 de octubre de 2008 - 03:17 p. m.
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– ¡Estados Unidos! De allá son casi todos los premios Nobel.

– No. Oí en una reunión hace unos años que uno de cada dos estadounidenses no sabe que la tierra demora 365 días en darle la vuelta al sol.

– No lo creo.

– ¡En serio! Y que no todos los canadienses saben la diferencia entre la astronomía y la astrología... ¿Tu sabes?

– ¡Eh...!

– Puede ser un problema semántico, pero en Europa también se le confunde con facilidad.

– ¡Pero si Europa también tiene varios premios Nobel!

– Ya ves. Y ahora hablemos de Colombia, que a propósito recientemente tuvo científica nominada al Nobel de Medicina y por un pelo se lo gana. ¿Tu crees que hay cultura científica en el país?

– Pareciera que no...

– Las encuestas dicen que hay interés, pero en algo tan elemental como saber para qué sirven los antibióticos, el 62% de los colombianos que respondieron una encuesta dijeron que servían tanto para matar virus como bacterias.

– ¿Y no?

– Pues no, solamente sirven para combatir las bacterias.

– O sea que no hay cultura científica...

De ahí la necesidad de promover estrategias de diálogo, de llevar ese conocimiento a los ciudadanos colombianos de manera agradable y precisa, abriendo espacios para la discusión, la pregunta, entregando posibles respuestas y generando más preguntas que lleven a pensar que ese resultado de la ciencia, ese nuevo producto tecnológico o esa innovación tiene algo que ver y puede afectar positiva o negativamente su vida diaria, hoy o mañana.

La cultura científica empieza por casa, pasa por el sistema educativo, atraviesa el entorno laboral, hace temblar a los tomadores de decisión, sacude los ratos de ocio y remueve a quienes quieren ir más allá de la mera imagen que les muestra la vida.

Además de ser un concepto académico sobre el cual hay todavía muchas definiciones, la cultura científica es una actitud frente al conocimiento, que demuestra un interés por saber más, por llegar a comprender ese nuevo conocimiento y adaptarlo a las condiciones personales y colectivas, validarlo y generar una opinión propia, y finalmente utilizarlo en la cotidianidad.

Sólo así pueden los ciudadanos tener una posición fundamentada, argumentada y analizada. Sólo así sabremos que si nuestros hijos tienen una infección viral, no será un antibiótico lo que los cure.

* Periodista científica.

Por Lisbeth Fog *

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