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La primera vez que David Murcia Guzmán ingresó a Panamá fue en noviembre de 2005. En los tres años siguientes registra 16 entradas y salidas a este país. Es decir, en apenas tres años logró consolidar un fortín económico que hoy sorprende por igual a las autoridades colombianas y panameñas. Su último lugar de residencia era el exclusivo sector de Costa del Este, cerca de un acreditado megaproyecto hotelero que en la actualidad construye el multimillonario norteamericano Donald Trump en el itsmo.
Desde julio de 2006, Murcia Guzmán alquiló un lujoso apartamento en la exclusiva torre dos del PH Miramar Plaza, en la avenida Balboa, donde pagaba un arriendo mensual de 8.900 dólares. En este lugar empezó a proyectar su negocio de DMG, para el cual ya tenía cuatro locales, dos en Ciudad de Panamá, uno en Chitré y un cuarto en Colón. Todos operaban bajo la denominación de Comercializadora Virtual S.A. Este jueves el Ministerio de Comercio e Industria ordenó la cancelación de estos locales.
Hasta el miércoles, David Murcia Guzmán era un próspero hombre de negocios en Panamá. Poseía tres yates y dos aviones, cinco lujosos Ferrari, un Maseratti avaluado en 70 mil dólares y un vistoso Lamborghini. Era habitual que oficiara como generoso anfitrión de reuniones sociales en sus yates, a los que invitaba a hombres de negocios de alto poder adquisitivo. Sólo usaba ropa de marca y se vanagloriaba de su estatus económico haciendo ostentación de su poder a través del lujo, el derroche y más inversiones.
Según las autoridades panameñas, que le seguían la pista desde que se destapó el escándalo en Colombia, hasta la noche del miércoles, Murcia Guzmán estuvo en el lujoso hotel Playa Bonita, donde una habitación puede costar más de 300 dólares la noche. Luego se trasladó en una caravana de tres vehículos con el propósito de llegar hasta Costa Rica. Los vehículos realizaron varios viajes de ida y vuelta, en un claro propósito de confundir a las autoridades. No obstante, antes de caer la noche, ya estaba claro dónde se ocultaba.
Uno de los vehículos fue interceptado en el lugar llamado Capira y sus ocupantes, presionados por la Policía, decidieron delatarlo. Hacia las 10:15 de la noche fue ubicado en el área rural de esta localidad y de inmediato remitido a la ciudad de Cartagena. Ahora las autoridades tratan de localizar a su esposa, Johana Iveth León, y a su madre Amparo Guzmán de Murcia, quienes compartían con el detenido su ostentosa vida en Panamá, donde hoy se vive un escándalo muy parecido al que se afronta en Colombia.
Cuñado y cerebro oculto
William Suárez y David Murcia crecieron juntos en Putumayo. Fueron amigos de infancia y era tanta su cercanía que Suárez terminó contrayendo matrimonio con una de las hermanas de Murcia. Según los investigadores del caso DMG, Suárez es un hombre ambicioso, pero igualmente creativo para los negocios. Fue él quien convenció a Murcia de abrir su frente económico en La Hormiga por la cantidad de efectivo que se mueve en este departamento.
El negoció arrancó con pie derecho y las finanzas de William Suárez aumentaron considerablemente. Entonces Suárez le propuso a Murcia que montaran otra empresa, pero esta vez para captar dineros de ahorradores con la promesa de multiplicar sus ingresos. Nuevamente, la sede principal fue Putumayo donde ambos personajes eran conocidos y ellos, a su vez, sabían dónde y con quién podían encontrar el dinero fácil.
De acuerdo con las pesquisas de la Policía, era Suárez el responsable directo de los contactos con emisarios de los paramilitares y mafiosos, con el propósito de que el efectivo que tenían estas organizaciones delictivas ingresaran a las recién creadas empresas de Murcia y de su cuñado. Pero con lo que no contaban ni Suárez ni el propio Murcia era que la Superintendencia Financiera le había puesto el ojo a su empresa DMG.
Suárez, convencido de que las autoridades no ponían sus ojos sobre él ni sobre su cuñado, se dedicó de lleno a manejar una empresa de transporte de valores. Lo que este personaje ni siquiera sospechaba era que las miradas sobre él se habían multiplicado. Agentes de la Dijin, especializados en delitos financieros y lavado de activos, lo seguían de día y de noche. Le interceptaron sus teléfonos, montaron guardia en su casa en Bogotá y hasta lo “acompañaron” en sus frecuentes viajes.
“Es un tipo escurridizo y discreto. Si no hubiera sido por la forma cómo le hablaba a Murcia, jamás hubiéramos sospechado de él. Pero es el gran cerebro. De su cabeza salieron los negocios y surgió la idea de que Murcia no viviera en Colombia. Él se inventó el tema de las tarjetas prepago”, sostuvo uno de los investigadores. Suárez no ha sido capturado, pero según fuentes de El Espectador, es cuestión de horas que sea aprehendido o se entregue a la justicia.
Las multas de la Supersociedades a DMG
Desde el pasado 2 de abril, la Superintendencia de Sociedades inició investigaciones contra DMG Grupo Holding S.A. Para el 11 de junio ya se tenía claro que la información de la compañía presentaba inconsistencias, por lo que el organismo les solicitó al representante legal y su revisor fiscal de DMG ponerse al día.
Ante la negativa de los directivos de DMG de reparar dichas inconsistencias, la Supersociedades le impuso al grupo, el 29 de octubre, una multa por $92 millones 300 mil.
Asimismo multó a la representante legal del mismo, Cristina Isabel Lara Vega, con $50 millones.
De acuerdo con la entidad, “también impuso multas sucesivas diarias por $10 millones contra DMG Grupo Holding S.A., y $2 millones contra su representante legal, por cada día común de incumplimiento a las órdenes impartidas por esta Superintendencia desde el pasado 11 de julio de 2008”.