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Los días y las noches transcurren en silencio. No hay gritos, carcajadas, ni berrinches. En el pueblo de Firhall, Escocia, están prohibidos los niños. Esta norma, que ha despertado suspicacias entre los turistas, se creó al tiempo que se fundó este pequeño y tranquilo lugar hace ocho años pensando en atraer compradores mayores de 45 que quisieran pasar el resto de su vida en un ambiente calmado y reposado.
Además de los niños tampoco están permitidos los patos, los conejos y las palomas. Los residentes sólo pueden tener un perro. Aunque está permitido que los fines de semana o en fechas especiales reciban visitas de sus nietos, sobrinos o amigos con hijos pequeños. Es en esos momentos cuando el pueblo cobra vida.
David Eccles, presidente de la junta de vecinos de Firhall, explicó a la cadena BBC que su intención al prohibir que habiten menores en el pueblo no es la de discriminar a nadie sino la de ofrecerles a los demás residentes cierta paz y tranquilidad que no podrían encontrar en otro lugar. “No odiamos a los niños como se ha rumorado, simplemente esta paz es algo que buscamos muchos de nosotros cuando nos hacemos mayores”.
Precisamente, con la intención de ofrecer un ambiente libre de tensiones y preocupaciones, los fundadores de Firhall diseñaron diferentes espacios para realizar actividades deportivas y recreativas. Campos de golf, canchas de tenis, senderos para caminar y pequeñas estaciones en medio del verde campo con juegos de mesa son algunas de las atracciones de este pueblo pensado para quienes desean disfrutar de su retiro.
Sin embargo, en los últimos meses muchos residentes decidieron vender sus propiedades y mudarse a otro lugar en el que sus nietos tuvieran la posibilidad de quedarse todo el tiempo que quisieran, correr por los jardines, jugar, gritar, hacer ruido. Ante esta masiva desocupación, los precios de las propiedades han comenzado a bajar y por lo mismo se ha vuelto más accesible para muchos vivir en Firhall.
Jimmy Greig, un ingeniero que acaba de jubilarse y está estrenando casa en este pueblo, le confesó a la BBC que se animó a comprar un terreno, más que por la ausencia de niños, debido al precio. “Sólo hay 93 casas, el sitio es hermoso, está cerca al aeropuerto y hay todo tipo de escenarios para hacer deporte. Y el costo es bajo comparado con otros lugares”.
Aunque Greig admitió que a veces le hace falta sentir el bullicio de los bebés y las risas de los pequeños que juegan, aseguró: “Aquí me siento tan a gusto que vale la pena el sacrificio”.