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Intrigada por un rumor sobre el orgasmo de pezón, una estudiante de la Universidad de Columbia escribió un correo electrónico a expertos del programa Go Ask Alice!, creado por las directivas de la universidad para que sus alumnos aclaren cualquier duda sobre sexualidad. El correo decía: “Querida Alice. He escuchado que se puede alcanzar un orgasmo a través de la estimulación de los pezones. ¿Es eso cierto?”
Alice, en realidad uno de los sexólogos del programa, respondió que para muchas personas los pezones y los pechos son la segunda área más erógena del cuerpo después de los genitales. Explicó en su respuesta, que están llenos de terminaciones nerviosas que los hacen especialmente vulnerables al tacto, al punto que pueden desencadenar un orgasmo en algunas mujeres.
Para la sexóloga Nereyda Lacera, asesora de Profamilia, “la consideración científica compartida por miles de expertos es que el orgasmo es una sensación más mental que física y que se puede provocar estimulando cualquier zona erógena del cuerpo”.
Pezones vs. clítoris
Pero el camino para llegar a tal consenso ha estado plagado de discordia. Sigmund Freud fue uno de los primeros en cuestionar la dictadura del clítoris, asegurando que los orgasmos originados en este lujurioso organelo eran propios de las adolescentes y no de las mujeres adultas, quienes debían ser capaces de encontrar una ruta hacia orgasmos más poderosos desde la vagina.
No hay duda de que el planteamiento del padre del psicoanálisis retumbó en la imaginación de millones de hombres y mujeres. Tanto así, que cuatro décadas más tarde los orgasmos no clitorianos eran motivo de investigación.
Alice Dreger, una reconocida sexóloga norteamericana, asegura que uno de los que se atrevió a poner en duda los dogmas de Freud fue Alfred Kinsey, quien a mitad del siglo pasado condujo uno de los estudios más ambiciosos sobre sexualidad humana. Luego de entrevistar más de 5.000 mujeres, Kinsey planteó que un altísimo porcentaje de ellas no experimentaba orgasmos vaginales sino clitorianos. Así, la evidencia estadística ponía contra las cuerdas las deducciones de Freud.
El dilema no se zanjó. Pocos años más tarde se avivó cuando el ginecólogo alemán Ernst Gräfenberg proclamó la existencia de un punto, ubicado alrededor de la uretra, en una de las paredes de la vagina, capaz de detonar los orgasmos más insospechados. El Punto de Gräfenberg o mejor conocido como Punto G se convirtió en un tesoro por descubrir y una amenaza para el clítoris.
Pero ni los defensores del clítoris, candidato indestronable gracias a sus cerca de 8.000 terminaciones nerviosas concentradas en un diminuto territorio, ni los promotores del Punto G, sospecharon la aparición de otros candidatos, entre ellos el pezón.
La clave cuando se trata de pezones, según los expertos, radica en entrenarlos. No saber cómo, quizá sea la explicación de por qué apenas un 29% de mujeres, según un estudio en el que se entrevistaron 213, reconoció haber disfrutado un orgasmo de pezón alguna vez.