3 Sep 2008 - 8:56 p. m.

El río que no se ve...

Se reunieron 250 personas para limpiar el Amazonas de las basuras que lo inundan.

David Mayorga / Enviado Especial Leticia

Al pasar por el puerto de Leticia, el brazo del río Amazonas, el mismo que las enciclopedias describen como el más caudaloso del mundo, tiene un canal de apenas cuatro metros de ancho. El agua es totalmente oscura, y su cauce se abre paso entre botellas, plásticos y metales oxidados.

Los desperdicios abundan en lugar de los peces, situación que se agrava por los tres desagües que descargan sus inmundicias en el brazo fluvial que atraviesa el puerto de la capital del departamento de Amazonas.

Sin embargo, el fin de semana pasado el panorama parecía esperanzador. Cerca de 250 personas atendieron el llamado de varias multinacionales para limpiar la rivera del río. Desde las nueve de la mañana, niños, ancianos, soldados, funcionarios públicos y peatones se armaron de palas, guantes y rastrillos con el fin de remover capas y más capas de basura.

Entre los participantes se encontraba Mary Paz Jaramillo, del cuerpo de voluntarios de la Defensa Civil de Leticia, quien tiene su propia versión de este problema: “La gente aprovecha para tirar la basura al río cuando está crecido”.

Al problema de las basuras también se suma la abundante sedimentación, que entierra los desechos entre montañas de tierra.

Hace 17 años parecía ser un problema menor. Entonces, justo enfrente del puerto formó una pequeña isla, también por causa del verano. A medida que pasó el tiempo se fue convirtiendo en asentamiento, al punto que hoy viven aproximadamente 80 familias. La porción de tierra creció tanto, que hoy es imposible ver el otro lado del río.

Las personas que colonizaron esta porción de tierra la bautizaron “Isla de la Fantasía”, y no cuentan con los servicios básicos. Algunos de ellos viven de la madera, otra de las causas del terrible presente del Amazonas: la deforestación.

Hacia la mitad de la jornada, los voluntarios desenterraron una nevera carcomida por el óxido. También encontraron llantas, zapatos, canecas y botellas de cerveza por montones. “No hay una cultura de limpieza. Los habitantes botan todos los desechos al río”, dijo Ángel Ortiz, funcionario del Seguro Social.

Mientras se acumulaban las bolsas de basura, los ciudadanos comprendían el terrible daño ambiental que por años han producido en el Amazonas. “Ahora hay más habitantes y menos amor por la naturaleza. Esto parece un cementerio, está lleno de latas, de llantas, de plásticos. Es increíble...”, sostuvo Capax cargando un costal lleno de basura, una imagen alejada de las épocas cuando atravesaba el río de orilla a orilla.

Después de las 11:00 a.m., los organizadores revelaron el resultado: se recogieron 5,5 toneladas de basura. Entonces, el río volvió a su triste presente: dos chulos se acercaron a la orilla para encontrar comida entre la basura enterrada.

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