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Su nombre real es Cándido, pero desde niño le decían Candy. Fue Andrés Calamaro quien le puso Candy Caramelo hace 12 años por hacerle justicia a la traducción en español de su apodo. Ha tocado con el cantautor argentino desde la época de los Rodríguez y las cuatro cuerdas de su guitarra lo han llevado también a tocar con grupos y artistas como Miguel Ríos, Quique González, La Cabra Mecánica y Fito & Fitipaldis.
Por amar no hay que pagar es el debut en solitario de Candy Caramelo y un nuevo lanzamiento en Colombia. “Es un disco hecho de corazón que me da mucha alegría, porque la música es pasárselo bien y quería que la gente al escuchar el disco se pusiera feliz”, afirma el músico.
Su estilo lo define como rock and roll con sonoridad años 50, que lleva mensajes sencillos y alegres en sus letras. Aquellas cosas que lo motivaron para dedicarse a la música: las influencias de lo que oía de pequeño y le llegaba al alma y de su admiración por el rock clásico, el sonido de Elvis Presley y Jerry Lee Lewis, por ejemplo.
Nunca tuvo una clase de guitarra, fue siempre autodidacta, pero su sentido de observación y de asimilación lo convirtieron en un músico al que el talento le vino por vía natural. Comenzó a tocar a los 10 años con una guitarra que le regalaron en Navidad y desde entonces no ha soltado este instrumento que se ha convertido en su razón de vida.
Produjo y mezcló su propio disco, pues sabía cómo plasmarlo. La desventaja, según Caramelo de hacerlo todo, es que siempre es bueno tener una persona al otro lado que dé su punto de vista desde afuera. Sin embargo, se sintió feliz de haber podido hacer lo que quería, porque al final “enseña a mostrar tu verdadero tú sin ningún prejuicio ni nada. Simplemente, directo”.