8 Mar 2009 - 11:52 p. m.

El San Martín de los bebés

Martín La Rota ha dedicado los 25 años de su carrera a atender neonatos al borde de la muerte. Sus colegas aseguran que al recién nacido que toca lo salva. La habilidad de sus manos y la conexión con los padres son los secretos de su labor.

Carolina Abad

Un rápido vistazo al bebé basta para constatar que debe actuar de inmediato. Su estado es delicado. El estómago se ve distendido y de color oscuro, hay signos de dolor y el doctor Martín La Rota da indicaciones de moverlo de la Unidad de Cuidados Intensivos para la cirugía. Es lunes en la mañana y la semana de La Rota comienza como todos sus días desde hace más de 25 años: salvando la vida de un recién nacido. A un lado de la incubadora están los afligidos papás. “No hay tiempo que perder”, dice el cirujano y los invita a una conversación minutos antes de intervenir al neonato.

Su rostro refleja la infalibilidad de quien sabe lo que hace. Expone sin rodeos los peligros de la operación, pero son cálidas y justas sus palabras. Entre lágrimas, los padres le piden que haga lo que pueda para salvar al bebé y con una sonrisa amable los llena de serenidad. “No hay nada más importante que darles la suficiente confianza a los papás para que, independientemente de cómo termine el procedimiento, se vayan en paz ”, asegura el doctor.

La cirugía comienza con una oración. “Luego llamo al equipo y les digo que nos vamos a concentrar para poder ayudarle al bebé”, narra La Rota. Y así ha sucedido en cada una de las más de quince mil cirugías que ha realizado durante su carrera. Amor y vocación de ayudar son las palabras clave en su trabajo. De su padre, un médico psiquiatra que sentía un especial cariño por los niños, heredó su amor por los pequeños, lo que lo llevó a especializarse en cirugía pediátrica en México, luego de terminar medicina en la Universidad Nacional en Bogotá.

En 1983 ingresó al Instituto Materno Infantil y comprendió que debía concentrarse en los recién nacidos, aunque también opera a niños y adolescentes. “Mi fuerte son las patologías congénitas, malformaciones y urgencias que hay que solucionar en las siguientes 48 ó 72 horas del nacimiento”, cuenta.

“Él es el San Martín de los bebés”, dice con gracia Mónica Moreno, mamá de Carlos Mario Reina, un pequeño a quien operó hace algunas semanas. Es tan alto el porcentaje de éxito en sus operaciones que alrededor suyo se creó un bello mito en la Clínica del Country en Bogotá, en donde trabaja desde hace años, y todos lo conocen como el Santo Martín.

“Tiene manos prodigiosas y aquí es famoso porque al bebé que toca lo salva”, cuenta Moreno. “No soy un místico pero estoy convencido de que tengo un don que me dio la vida y que he ido afinando”, comenta La Rota. Pero, ¿tiemblan las manos en algún momento? “Claro, cuando las cosas se complican o en las siguientes horas a la operación, que son las más críticas”. Ángela Hoyos, jefe del servicio de neonatología y pediatría de la Clínica del Country, explica que el éxito de La Rota depende de una combinación de factores: “Es un hombre extremadamente hábil con sus manos y le da seguridad a los papás”.

Al final del día

La Rota respira tranquilo con la satisfacción del deber cumplido. Ha terminado la cirugía y nuevamente se dirige a los papás, quienes perciben en su rostro la buena noticia. Los tres se funden en un abrazo cargado de sentimientos.

Ahora su vida transcurre con calma luego de un infarto que sufrió a finales del año pasado. “Soy un renacido. El infarto fue una vivencia sensacional, porque en lugar de verlo como un castigo lo tomé como un regalo de Dios para entender que tenía que cambiar. Ahora soy más sereno, más humilde y he aprendido a respirar”.

La Rota redujo su ritmo de trabajo, antes operaba más de cinco niños en un mismo día, y ha pensado en su retiro, aunque no a corto plazo. Quiere vivir en el campo y dedicase a su otra pasión: el cine. “Hay que darle paso a la generación que viene detrás, que es muy buena. Me veo en unos años respirando y estando en paz, con la sensación de haber vivido con el cumplimiento del deber”.

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