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El tatuador de marinos

El licor que lleva el nombre del marino que cambió la historia del tatuaje en América llega este miércoles a Bogotá. Esta es una excusa para hablar del artista que se mantiene indeleble en las pieles de quienes eligen sus diseños.

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Angélica María Cuevas G.
22 de febrero de 2012 - 07:26 p. m.
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Después de 45 años el letrero de neón de Sailor Jerry sigue encendido en la Street Hotel del puerto de Honolulu. Fue en la caótica Hawái de mitad del siglo XX, con su coctel de prostitutas borrachos y marinos, lo que hizo que Norman “Sailor Jerry” Collins, exmiembro de la marina estadounidense, se llenara de motivos para reinventar la historia del tatuaje con sus trazos gruesos, tintas vivaces y diseños irreverentes. Sailor Jerry es un hombre de culto. Para muchos tatuadores, amantes del movimiento clásico, él es el padre del tatuaje moderno.

Dejó la costa oeste americana (donde nació en 1911) y viajó con 19 años a Chicago para embarcarse en la marina. A bordo de los buques, Collins conoció Asia, se encantó con China, se obsesionó con su cultura y comenzó a dejarse seducir por el arte. Se retiró de la naval y se fue en busca de aires tranquilos a Hawái, pero en poco tiempo la isla paradisiaca se trasformó en el centro de los excesos.

Miles de soldados y marineros fueron enviados a Honolulu para que disfrutaran de sus 48 horas de descanso en tierra. Hawái se llenó de tentaciones, despilfarros, sexo, desinhibiciones. Y en medio de ese caldo demente Collins se hizo grande cuando comenzó a practicar con voluntarios, un tanto embriagados, las técnicas de dibujar sobre la piel.

Recordó los viajes a Oriente, dibujó animales, kimonos e importó los coloridos tonos de la cultura asiática para revolverlos con las tradiciones norteamericanas. Así se armó de bordes oscuros y gruesos, desarrolló sus propios pigmentos, amplió la gama de colores y dibujó corazones atravesados por lanzas, anclas, prostitutas, calaveras, serpientes, botellas de licor, barcos, cuchillos, pistolas y otras armas. Mantuvo una estrecha correspondencia con los maestros del tatuaje japonés durante su carrera.

“Sailor Jerry” innovó en el proceso de esterilización. Impulsó la utilización de agujas de un solo uso que además incorporaban las tintas, reduciendo los traumas en la piel. Durante 40 años, siempre con la pipa en la boca, el rudo Collins tatuó cientos de pieles. Todo marinero que llegaba a la isla quería un Sailor Jerry para él.

Su llamativo estilo fue altamente copiado en Estados Unidos, convirtiéndose en un sello del tatuaje en este país. Collins tatuó hasta que en 1973, con 63 años de edad, lo sorprendió la muerte. Había encomendado su obra a dos de sus protegidos, Ed Hardy y Mike Malone, quienes en 1992 comenzaron a comercializar la marca de ron Sailor Jerry y en 1999 crearon la marca de ropa Filadelfia Sailor Jerry.

El licor, que desde hoy comenzará a circular en Bogotá, es destilado en las Islas Vírgenes de los EE.UU. y toma la influencia del ron del Caribe, junto con los sabores de las especias del Lejano Oriente y Asia.

Hoy, a las 8:30 p.m se proyectará en La Peluquería (Cra. 3 No. 12 D -87), el documental Hory Smoku Sailor Jerry dirigido por Erich Weiss, que presenta la vida del tatuador estadounidense. El licor comenzará a distribuirse en La Peluquería y los bares Armando All Stars, Armando Records, El Bembé, La destilería y La Torá 4 brazos en Bogotá.

Por Angélica María Cuevas G.

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