En los últimos días el color blanco se ha convertido en un denominador común. Se ha tomado las cartas del menú, las envolturas de los helados, los empaques de nuevos productos. Incluso, el logo ha cambiado: el tradicional Crepes & Waffles le ha dado paso a Soy Capaz. Y si se mira más de cerca, se encuentra la razón de ser de esta cadena multinacional de restaurantes: “Soy capaz de dignificar a la mujer”.
“Colombia tiene cara de mujer. Nuestra realidad es que la mujer es cabeza de hogar”, afirma Beatriz Fernández, presidenta de la compañía que en sus 34 años de historia ha consolidado el éxito gracias al trabajo femenino. Porque en la década de los 80, cuando la firma comenzaba a expandirse, implementó su política de contratar a madres solteras y, posteriormente, a víctimas del conflicto. Hoy, ellas conforman el 96% de la nómina.
Y ha sido con su trabajo que Crepes & Waffles pasó de ser un restaurante en el norte de Bogotá, producto de una tesis de grado, a una cadena multinacional de comidas, con más de 80 puntos de venta en todo el país y franquicias en España, Brasil, México, Chile, Venezuela, Perú y Panamá. Algunas consultoras, que toman información de la Superintendencia de Sociedades, estiman que sus ventas el año pasado superaron los $289.000 millones.
Pero lo que hay más allá de esa cifra es un crecimiento integral. La compañía es la principal impulsora de la Academia de las Artes SER (acrónimo de Servicio, Evolución y Revolución), un espacio donde sus empleados pueden aprender nuevas aptitudes a partir de la pintura, la danza o el canto, además de reforzar sus habilidades con talleres de liderazgo. “A través de todos ellos hemos logrado dar un paso adelante en la transformación de la mente de nuestra gente y en su corazón”, insiste Fernández.
Su labor se complementa con programas de vivienda, salud y recreación. Pero ante todo, con una labor silenciosa: crear una cultura de paz. Su apuesta, como era de esperarse, está enfocada en las mujeres. Por eso la cadena se unió a la campaña Soy Capaz con una iniciativa que busca, además de exaltar la figura de la mujer, destacarla como una fuerza transformadora de la sociedad. Como el pilar de un país más tolerante, dispuesto a perdonar el pasado.
“Al dignificar a la mujer se dignifica su familia, sus hijos y, por ende, los hombres. Ese dicho que dice: ‘Detrás de un gran hombre hay una gran mujer’ no es cierto. En realidad es: ‘Al lado de un gran hombre hay una gran mujer’”, asegura Fernández, y concluye que la marca le apuesta al amor y al perdón: “En ese valor está el cambio individual que se traduce en una transformación colectiva”.