6 Jul 2016 - 2:00 a. m.

"El transporte público debe ser un lugar para practicar el civismo": Marc Augé, antropólogo

El Espectador le pidió a ocho colombianos que describieran sus experiencias al viajar en el transporte público. México, Alemania, Francia, India, Rusia, España y Países Bajos los lugares en los que se desarrollan estas historias. Además, el autor del concepto de ‘no lugar’, analiza las implicaciones sociales de la movilidad.

Redacción iPad

Clic en cada cuadro para leer las crónicas de cada país


*Total rutas-kilómetros (líneas ferras). Fuente: Datos Banco Mundial. Infografía: Rowilsonh 
 

Mientras la construcción del metro para Bogotá lleva más de medio siglo estancada y se escuchan críticas a un proyecto como el tren de cercanías (que mejorará el tránsito entre los municipios de la Sabana y la capital), en departamentos como Antioquia trabajan de manera decidida en la idea de revivir el ferrocarril y en buscar otros mecanismos para mejorar la calidad de la movilidad de sus habitantes. Ante este contraste, un experto de la “cuestión urbana” habla de las bondades del transporte público.
 

"El transporte público debe y puede ser el lugar para practicar el civismo"


Marc Augé, el antropólogo francés autor del concepto de ‘no lugar’, y uno de los investigadores más importante de la ‘cuestión urbana’, analiza en El Espectador las implicaciones sociales de la movilidad.

 
Por: Marc Augé*, Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París, especial para El Espectador, Francia. 
 
“En las grandes ciudades contemporáneas, el transporte público debe ser una prioridad absoluta. El medio necesario para luchar contra las formas de segregación y aislamiento que llevan a la exclusión y la violencia. Los medios públicos son una oportunidad para el contacto humano y permiten luchar contra la soledad. También permiten luchar contra la polución ligada a la circulación de los vehículos privados.

Sin embargo, siempre es necesario hacer esfuerzos. En París (Francia), la red de metro es muy completa y particularmente densa, pero no se ha preocupado suficientemente por las personas de edad o las personas discapacitadas: hay muy pocos ascensores o escaleras mecánicas. Se han preocupado más por prevenir el fraude a través de accesos complicados, que obstaculizan a las personas con maletas, sin impedir que los jóvenes sin tiquete salten alegremente por encima de ellos. En Berlín (Alemania), por el contrario, hay suficientes ascensores y ningún obstáculo que impida el acceso a las plataformas del metro.

El transporte público debe y puede ser el lugar para practicar el civismo. Cuanto más fácil sea su acceso, más facilitan la vida de los habitantes y más permiten las relaciones sociales, no solamente porque facilitan los desplazamientos rápidos, sino porque crean lugares de sociabilidad.

Los responsables de los transportes públicos tienen la ardua tarea de permitir los contactos libres entre individuos, no solamente facilitando los desplazamientos, sino estimulando también los reencuentros: cada día los citadinos se cruzan y se observan, aprendiendo a reconocerse y a dar su sentido más pleno y ambicioso a la expresión “lugar público”.

En las grandes ciudades vemos con frecuencia los embotellamientos causados por el flujo de vehículos con un solo pasajero: el conductor. Los buses y metros pueden reducir los inconvenientes ligados a esta situación, al permitir desplazamientos rápidos, más colectivos y menos contaminantes. Pero sería deseable también que las autoridades presten atención a las condiciones mínimas requeridas para hacer atractivos los transportes públicos.

En definitiva, juzgamos una ciudad por su capacidad de ofrecer a aquellos que la frecuentan el medio para recorrerla. En las arterias de la ciudad se mide la presión de la población. Si es muy baja, lleva a congestiones peligrosas. Una ciudad con buena salud económica y social tiene diversos medios de transporte, fáciles de acceder y frecuentados por gentes de todas las clases sociales.

Uno de los aspectos positivos del metro de París es, aparte de la densa malla de la red, que las estaciones hagan parte del paisaje de la ciudad. Las decoraciones en grabados de hierro concebidos por el arquitecto Héctor Guimard son típicas del movimiento de Art Nouveau y dan un toque característico a las calles del centro de París. Ellas contribuyen a que un parisino se sienta verdaderamente tal; constituyen un referente estético íntimo y colectivo.

Ciertamente, en las grandes ciudades contemporáneas se busca ante todo la rapidez en los intercambios. Es el propósito de las redes de autobuses y de metro. Pero no debemos olvidar el término “público” que se encuentra en la expresión “transportes públicos”: artísticamente, sociológicamente, cívicamente, los transportes públicos representan un rol en la vida de la ciudad y de la nación. Desde este punto de vista, el mejor ejemplo que me viene a la cabeza es el metro de Caracas (Venezuela), refugio de belleza y de paz en una ciudad saturada y violenta. Pero la burguesía no mete sus pies allí, o eso me han dicho…

El mundo se urbaniza, lo cual significa también que los transportes colectivos urbanos van a tener un lugar cada día más importante. Si no sucede así, será entonces más fácil ir de una ciudad a otra que desplazarse de un lugar a otro en el interior de la ciudad”.

 

* Antropólogo. Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París.** Traducción Jhon Montoya, Universidad Nacional de Colombia.

 

Vea los artículos: 

Comparte: