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¿Está usted infoxicado?

Recuerden cuando el mundo era (un poco) más tranquilo. Sólo había un par de canales de televisión.

Sergio Fanjul / El País de España

07 de junio de 2011 - 11:47 a. m.
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Los periódicos contaban lo que había pasado ayer. Ahora, en cambio, vivimos en mitad de una avalancha. El acelerón de la tecnología ha provocado que la información nos bombardee a discreción, sin piedad y en todas direcciones.

Esta nueva forma de existencia, hiperconectada e instantánea, tiene sus ventajas, claro está, pero también sus desventajas. El estrés, la ansiedad informativa, la confusión, la superficialidad o la falta de atención son algunos de ellos. “Infoxicación” lo llama el físico Alfons Cornellá, fundador de la consultora sobre nuevas tendencias Infonomía. Se produce cuando la información recibida es mucho mayor que la que somos capaces de procesar, con consecuencias negativas.

“La entrada constante de información, te lleva a no tratar ninguna información en profundidad —dice Cornellá—. Cuando la información es demasiada, todo es lectura interruptus”.

En efecto, hoy día la actividad es frenética: “Se calcula que entre el nacimiento de la escritura y el año 2003 se crearon cinco exabytes (billones de megabytes de información). Pues bien, esa cantidad de información se crea ahora cada dos días”, informa el especialista en redes David de Ugarte.

Cada vez pasamos más tiempo en este mundo de los unos y ceros y menos en el de la carne y los huesos: “Las horas dedicadas diariamente al uso de aparatos electrónicos prácticamente se ha duplicado desde 1987, mientras que la interacción cara a cara caía desde unas seis horas a poco más de dos”, según explica José Antonio Redondo en su libro sobre redes sociales Socialnets.

Y todo esto cansa a la mente. El psicólogo David Lewis creó el concepto de Síndrome de Fatiga Informativa, en su informe “Dying for information?” (¿Muriendo por la información?) elaborado para la agencia Reuters. Se da en personas que tienen que lidiar con toneladas de información procedente de libros, periódicos, faxes, correos electrónicos, etcétera, y que, según Lewis, provoca la parálisis de la capacidad analítica, ansiedad y dudas, y conduce a malas decisiones y conclusiones erróneas.

El exceso de información nos puede incluso hacer menos productivos, como observó el psicólogo británico Amir Khaki, de AK Consulting, estudiando el comportamiento de un grupo de ejecutivos: la consulta continua del BlackBerry aumenta el estrés y reduce la productividad. Uno de los sujetos del estudio tardaba el triple de tiempo en rellenar impresos comunes por la constante distracción con su teléfono inteligente.

“La presión que provoca la sobrecarga informativa retrasa decisiones importantes o hace que se tomen medidas sin la suficiente reflexión. Y causa también una fricción informativa que dispersa la atención y aumenta la fatiga. La energía física e intelectual que consumimos para obtener la información correcta se desperdicia si no hacemos algo útil con ella”, dice Jorge Franganillo, profesor de Información y Documentación de la Universidad de Barcelona.

 Y, por mucho tiempo que invirtamos, siempre tenemos la impresión de que se nos está escapando algo. “Esta sobreabundancia hace que pocos elementos de entre todo ese mar resalten y queden fijados a nuestra memoria. Muchas cosas pasan desapercibidas, miradas sin ser vistas”, dice Roberto Balaguer, psicólogo especialista en internet.

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Por Sergio Fanjul / El País de España

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