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Esto se dice con música

Radios escolares en Colombia: un camino al mundo de los jóvenes (III).

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Juan Pablo Ferro
17 de febrero de 2010 - 10:03 p. m.
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Los jóvenes construyen  a partir de la música y también se conectan con un entorno más allá de lo educativo y lo institucional. Utilizan sus radios y las universitarias, las comunitarias y las ciudadanas. En el recreo, “yo estoy contigo”.

Todas las emisoras escolares son muy musicales, un fenómeno que es fácil de comprobar en un viaje por las instituciones educativas, desde el departamento de Nariño hasta la Guajira, desde Arauca hasta Chocó, pasando por toda la geografía colombiana.

“La música aparece en todas las propuestas, pues no conciben hacer una radio sin lo mejor de ella: el ritmo, el movimiento, la letra”, explica Jacqueline García, de la Universidad Surcolombiana. Los muchachos de hoy en día no quieren hablar sino oír, señala Camilo de Irissari del Gimnasio Moderno, quien agrega que la música los interconecta con algo que los identifica, los magnetiza y los iguala: ‘Si tú oyes lo que yo oigo, entonces estamos conectados’. La música construye una banda sonora y un acompañamiento en sus días, y la radio escolar es una reiteración de ello, subraya el profesor Mauricio Romero. Desde otra óptica, en palabras de una alumna del colegio Santa Ana de la isla de Barú, “con la música uno se olvida de los problemas, se relaja y se mete en otro mundo”.

La pedagoga musical Helena Saavedra tiene una explicación al fenómeno del reggaeton, que es el rey musical en la mayoría de las regiones: “El ritmo es fácil de bailar, los movimientos son sensuales y se busca el contacto todo el tiempo. Como el ritmo, las letras -que hablan de sexo, desamor y muchas cosas más del mundo juvenil-, son repetitivas y pegan”. Pero algo todavía más importante, agrega: “usan su propio argot, lo que hace a las letras -estridentes y distorsionadas- muy atractivas; tiene un eco que le da poder a las palabras y hace posible que se pueda contar la historia y cantar con la música”.

En palabras de la investigadora García, con la música los jóvenes están contribuyendo a la construcción del grupo: ‘nosotros tenemos la música que tú quieres’; ‘te acompañamos en los altibajos, aquí va, pónle cuidado a su letra y siente nuestro ritmo’; la música les permite exteriorizarse, hablar de ellos. Es una forma de decir las cosas con aire juvenil, sostiene el profesor Bernardo Garzón. Con las músicas, agrega la investigadora Olga Marín, también recogen costumbres, tradiciones, leyendas, épocas, momentos históricos, situaciones políticas y sociales.

Pero, ¿qué es lo que tratan de expresar los jóvenes usando el reggaeton? Varios docentes y alumnos consultados, algunos de los cuales manifestaron su desacuerdo con este género por incitar al acto sexual y a las drogas entre los adolescentes, aseguran que, en últimas, lo que los muchachos desean ”es ser exitosos, parecerse a los compositores y cantantes”.
 
De todas formas y desde un punto de vista educativo, anota Helena Saavedra, con el reggaeton sería posible hacer un interesante recorrido pedagógico por la historia de la música. “El uso de los samplers está hoy asociado a la música popular, a los DJ; pero no se puede olvidar que los samplers fueron inicialmente utilizados por compositores que hacían música concreta en laboratorio, como Stockhausen, Boulez y Schaeffer. Con los avances de la música electrónica fue el pop el que mejor los apropió”.
“Creo que el reggaeton ha sido una excelente manera de escape de los padres de familia, para no hablar de temas sexuales, y también una puerta para tocar muchos otros asuntos”, subraya Mauricio Romero, experto en radios juveniles. A esta apreciación se une el comentario de una docente de la red REATS para quien, “con el reggaeton se construye un imaginario de que el cuerpo se reconoce en relación al otro”. La lógica es: ‘Si me pillan explorando mi cuerpo en casa, me dicen que necesito psicólogo’. “Entonces se remiten a una música que facilita esta relación de conocimiento corporal: ‘yo siento y establezco una relación afectiva, toco mi cuerpo sin miedo y sin censura’”.

De otro lado, un estudiante explica que a raperos y hip-hoperos les gusta esa música porque les ayuda a expresarse. Eso sí, en el hip-hop usted baila break- dance, mientras que en el rap se envían mensajes; entonces los raperos muestran más la vida que los hiphoperos.

Otros dicen, como un miembro de la Institución Educativa Santa Isabel, de Montería, departamento de Córdoba, que “lo que se pasa en la radio escolar es pura champeta”. Como creemos en la diversidad cultural, estamos tratando de que se abran espacios para el porro, la cumbia y el vallenato, declara el rector Juan Carlos Zuluaga Vega. Algo que han hecho en el Juan José Nieto, de Cartagena, en donde utilizaron la muerte de Luciano Pavarotti como una manera de honrar la ópera.

“Con ska, metal, baladas, reggaeton y rock se capta más a los jóvenes para la emisora”. El rock de Los Prisioneros ha sido fundamental para que las alumnas conmemoren el día del estudiante y recuerden el movimiento estudiantil, explica un docente de Piendamó, Cauca.

Los cambios en la música, sostiene Bernardo Garzón, son como los cambios en la mentalidad de los jóvenes: ahora se habla más bien de lo cotidiano, mucho del presente, de que es el momento de vivir sin pensar más allá, de disfrutar las cosas y las emociones, “para algunos superficiales”.

Ahora bien, hoy en día la competencia de la radio escolar se llama I POD, enfatiza de Irisarri Silva; cada joven es su propia emisora. Entonces llegan a las instalaciones y piden que pongan lo suyo. Se han pasado a lo que cada uno está oyendo en un mundo absurdamente globalizado, que unifica y a la vez permite que tú escojas lo que quieres oír, asegura Mauricio Romero. Y no siempre el otro quiere estar conectado en lo tuyo. De esta forma, pensar en que desarrollen, por ejemplo, un programa noticioso cuesta mucho trabajo. Además, agrega Romero, las generaciones duran tres meses -el cambio es así de rápido-, porque los conceptos culturales se transforman de una manera impresionante.

La hora de los saludos

Si hay algo generalizado entre las emisoras escolares -las que trabajan en  las cuatro paredes del colegio- son las llamadas radio-recreo. Y ahí, tanto música como textos son esenciales para comunicarse y crear relaciones: desde el reggaeton o el metal, hasta el mensaje adornado de “yo quiero a…, o saludos de…para…”. Son formas de producir compañía.

La emisora en el recreo era un oxigenador, sobre todo para los estudiantes pues todos querían oírla, recuerda un exalumno. “Ambienta el colegio, afirma Mauricio Romero; como el sonido de los pájaros y el de los carros está el recreo y su emisora… y cuando la apagamos hay algo que nos hace falta”.

En entrevista con la comunicadora Clemencia Rodríguez, Guillermo Pérez, fundador de Custodia Estéreo, en Puerto Inírida, narra así el proceso: “Cuando sacamos los bafles y pusimos a los chinos a expresarse en público, vimos que tenían una tonelada de cosas qué decir. Pero, ¿cómo y dónde van a poder hablar esos chinos?, nos preguntábamos. Entonces se vio la necesidad de crear espacios y aparecieron el Concurso de Cartas de Amor durante el mes del Amor y la Amistad; La Pared de los Grafittis, El Libro de Quejas, la Emisora del Recreo, y la cosa mejoró, porque ya la convivencia entre ellos es mucho más bacana. Y hasta se lanzó Casa de Citas, un lugar para sentarnos a hablar. Y si algún religioso nos creía tan burdel, pues (éramos) ¡Casa de Citas!”. Y aunque no todas las emisoras desarrollan una parrilla o secciones, las hay como en el Putumayo, con “La cartelera (sobre lo que hace la Institución); Bibliorradiando (sobre la adecuada utilización de los libros), o Partiendo la torta (para la celebración de cumpleaños)”.

“Para hacer todavía más atractiva la radio en el recreo, lo que hemos hecho es que hablen otras personas, diferentes a estudiantes y profesores: ‘Hola, soy Ángela, la recepcionista del Gimnasio del Norte y yo también estoy escuchando GN 94.5; o, “Qué tal, soy Martín, el conductor de una de las rutas y sigo nuestra emisora”. Asimismo, cuando los estudiantes van de excursión, la radio los contacta para que cuenten, por ejemplo, “cómo es el Parque Gallineral y en qué va el trabajo de convivencia; eso se oye en los 10 parlantes que hay en el colegio”.

Adversidades que educan

Sin embargo, la radio cerrada en cuatro paredes también ha llegado a incomodar a los vecinos, especialmente por el volumen al que suena. Ocurre en la localidad de Usaquén, en Bogotá, comenta un habitante del sector. O en un colegio cerca de la cárcel de La Picota, en la misma ciudad, en donde tuvieron que dividir los espacios para no molestar a los habitantes de una de las cuadras vecinas, “desesperados con el ruido”. “Con los reclusos no tuvimos problemas, porque las celdas están como a 200 metros”, comenta uno de los entrevistados. Una simple solución: bajar el volumen.

Total, el asunto se convirtió en un buen ejercicio para entender lo que significa tolerancia, señala la profesora Carolina Rodríguez: “Nos pusimos en los zapatos del otro”. Eso mismo ocurrió dentro del colegio cuando se llegó a un acuerdo para que uno de los cinco días de radio-recreo estuviera exclusivamente en manos de los docentes. “Ellos andaban desesperados con el volumen del reggaeton y pidieron que se les concediera un espacio”. Luego del diálogo, los viernes fueron para los educadores.


Cuando se le pregunta a Camilo de Irisarri, del Gimnasio Moderno, ¿por qué tienen una emisora? Sin vacilar, responde: ”Diseñamos dos tipos de programación: lúdica y pedagógica; en la parrilla de la emisora seleccionamos unos horarios de recreo y algunos se los entregamos a los estudiantes para que hagan y hablen de lo que quieran, pongan la música que deseen, se expresen tal y como es la radio: con tranquilidad y frescura”. La otra parte está más articulada al currículo y al Proyecto Educativo Institucional. Hoy, el Gimnasio Moderno transmite 24 horas seguidas a través de la world wide web. “La radio escolar dejó de ser un espacio solamente que se prende en el descanso”, complementa Romero, del Gimnasio del Norte.

Investigadores de los ministerios de Cultura y Educación también mencionan como experiencias estructuradas en materia de uso de medios, en las que se combina lúdica, pedagogía y hasta enlaces con las radios comunitarias, las de la institución  Lacorder, en Cali, departamento del Valle del Cauca; la Escuela Infantil de Radio Andaquí,  en el departamento de Caquetá; la de los colegios salesianos en el país y la de la Escuela Normal Superior Maria Inmaculada, de Arauca, en la frontera con Venezuela.

En esta comunicación escolar está la dinámica de los docentes, de los estudiantes y de los padres y madres de familia. En algunos casos, todos interactúan y crean una relación muy particular. Carolina Rodríguez lo plantea de esta forma: “algunas mamás tenían como terapia ir los sábados a la capacitación del grupo de comunicación y radio escolar de la IE San Agustín. Se les daba un rol en el programa y entre semana, cuando era el momento, salían al aire, en vivo”.

Conectadas con los habitantes

En el país no es extraño encontrar radios escolares que miran y exploran más allá de lo puramente educativo e institucional, un hecho que se manifiesta, particularmente, en la conexión con las radios ciudadanas y comunitarias -“el camino para adquirir el sello de legalidad”-, y en la labor de colectivos juveniles, que se forman e impulsan en las mismas radios.

María Ilse Andrade y la organización Juraco -con el apoyo de la Fundación de la petrolera Hocol, la Organización Mundial de las Migraciones y la Alcaldía de Neiva- trabajaron en la Comuna 10 con tres radios escolares –“las del Tafur Charry, IPC y El Limonar”-; se concentraron en educación para la resolución de conflictos, derechos y desplazamiento. Ella, que vive en la Comuna, también menciona la estructuración de una radionovela que cuenta la historia de un grupo de jóvenes de un barrio que se organizan para adelantar un trabajo alrededor de los Consejos de Juventud, y las historias de vida.

Se trata de hablar con los mismos pobladores de las comunidades, y con más elementos comunicar lo que sucede en los colegios, tratando de hacer un trabajo interdisciplinar, comenta una profesora de la red REATS, de Bogotá. Uno de los programas más importantes que hicimos con la comunitaria Emisora Uno A, de San Agustín, del departamento de Huila, agrega un estudiante del Laureano Gómez, fue darle a conocer a todo el pueblo qué era lo que hacíamos en el colegio. De otro lado, en el Departamental Genaro Díaz, de Garzón, en el mismo departamento, la radio escolar ha facilitado la labor “con reinsertados y desplazados”.

Así, pues, no es difícil advertir el interés de pasar por sus emisoras mensajes sociales e incentivar campañas, como anota Jacqueline García, algo que confirma José Gutiérrez, profesor en Líbano, departamento de Tolima, cuando se refiere a la campaña a favor de la educación sexual emprendida por los 48 jóvenes de la emisora y el hospital regional.

Otro ejemplo está en Subachoque, departamento de Cundinamarca. “A nosotros nos invitaron a realizar la transmisión de la Emisora Voz Estudiantil, de la Institución Educativa Departamental Ricardo González, durante el trigésimosegundo cumpleaños del municipio”, afirma orgullosa la profesora Doris Esperanza Jiménez Espitia. “Lo hicimos en el parque principal y desde la biblioteca municipal”.

En pocas palabras, más de una emisora escolar se ha salido de las cuatro paredes -sin estar conectada con las radios comunitarias y así no sea permitido por la ley colombiana-, porque su relación y la de la institución educativa con la comunidad resultan indispensables.

Con las comunitarias y ciudadanas

Sin embargo, si las emisoras salen de las cuatro paredes, lo más frecuente es que tomen la iniciativa de relacionarse con las radios comunitarias. “Cuando la información va a través de la comunitaria, comenta Ángel Ledesma, profesor en Piendamó, departamento de Cauca, adquiere más fuerza: son los padres, los amigos, los familiares y los vecinos quienes la oyen. Es la posibilidad de ser escuchados, de poderle manifestar a alguien qué es lo que se piensa… “El colegio celebra la semana de la Olimpíada Saludable cada dos años y la cobertura con la comunitaria es fabulosa: llega a municipios como Morales, Cajibío, Silvia y hasta Popayán”.

José David Puentes Ávila, docente en La Risalda, en Chaparral, departamento de Tolima, explica que con los estudiantes realizaban dramatizados y los grababan en casetes que radiaban por la emisora. Además, aguzaron el ingenio para atacar la leishmaniasis. La Institución no se podía quedar atrás y emprendió la tarea de contarle a la comunidad cuales son los hábitos adecuados. “Eso nos unió a todos, incluyendo a docentes y estudiantes”.

Areli Estrada Oviedo, directora de la emisora comunitaria Final Estéreo 95.1 FM, de Espinal, departamento de Tolima, destaca el magazín que hacen los muchachos de la IE San José Obrero, en el que se informa sobre cuestiones de actualidad y se rescata lo que ocurre con ellos en el colegio para que “los padres lo sepan de primera mano”. Por su parte, Luis Enrique Ospina Gómez, administrador de la estación radial comunitaria del municipio de Río Blanco, en el Tolima, subraya cómo los jóvenes desean “concientizar a las comunidades en lo medioambiental”, en tanto que Carolina Rodríguez hace énfasis en la labor adelantada por la radio escolar, en compañía de la Junta de Acción Comunal, en procesos de capacitación y asociación al Club de Abuelitos Bailarines, “quienes finalmente estuvieron danzando en el colegio”.

Pero la conexión de las emisoras escolares también se da con las radios universitarias. En Bogotá se registran programas -generalmente los sábados- difundidos por la emisora de la Universidad Distrital Laud Estéreo o por la Emisora Aula 104.9 del Minuto de Dios. En Zona Escolar, dice la profesora  Rodríguez, montamos programas con temas de debate como saltar la barda para entrar al colegio sin que los celadores se den cuenta, o radionovelas sobre la drogadicción; también pregrabados acerca de una piedra gigantesca que hay en el Barrio Diana Turbay, “a la que llaman piedra del amor”. Y con las universidades se han diseñado procesos de capacitación, como ocurre con la Javeriana, Nacional, de Antioquia y Surcolombiana, entre otras.

Al preguntar a los docentes qué es lo que más satisfacción les produce al impulsar un proceso como el de la radio escolar, la mayoría afirma que han abierto caminos para los estudiantes y posibilidades para que sean escuchados, dentro y fuera de sus colegios; con la radio afinan su sentido crítico hacia los medios y encuentran significados para sus vidas.

“En el mundo en que vivimos, comenta Bernardo Garzón, a los jóvenes se los explota mucho: son importantes en la medida en que consumen, pero no en cuanto a lo que piensan. Ellos no encuentran lo que desearían en lo que hay”. Los jóvenes desean reconocimiento, aprendizaje, visibilidad; ser queridos y apreciados; valoración de ellos en su entorno, como jóvenes, afirma un miembro del grupo de comunicaciones del Ministerio de Cultura. “En nuestra relación veía que no se sentían ni con derecho a opinar sobre sí mismos ni sobre sus vidas”.

“Soy su locutor; me llamo Albert Bermúdez y estoy acá con Hader Bossa –‘sí, con doble s’-, el encargado de la programación, el DJ, el del máster y la música. ‘Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde’, repite Albert ese jueves. “Y para que lo tengan en cuenta, anticipamos nuestro pensamiento de mañana: ‘Si le damos a los demás lo mejor, los demás nos darán a nosotros lo mejor’”.

¿Por qué, entonces, no se les abre un espacio legal a las radios escolares en Colombia?

Próxima entrega: Radios escolares en Colombia: un camino al mundo de los jóvenes (IV)
“Qué lío no ser reconocido”

Por Juan Pablo Ferro

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