El nombramiento como presidente de la Corte Constitucional de Mauricio González, formalizado el miércoles por la Sala Plena de esa corporación, lejos de amainar la lluvia de pullas y de rumores que circulan en contra de la imparcialidad de los integrantes del alto tribunal para definir el destino del referendo reeleccionista, promete caldear aún más el debate que en escenarios académicos, jurídicos y periodísticos se plantea por su aparente beneplácito con el uribismo, pues saltó hace 28 meses de la Casa de Nariño al Palacio de Justicia, luego de que el presidente Álvaro Uribe lo postulara para reemplazar a Álvaro Tafur Galvis.
Una coincidencia histórica que allegados a González resaltan, ya que cuando ingresó a la Universidad del Rosario como estudiante de Derecho, a finales de los 70, su decano y posteriormente rector del claustro fue Tafur Galvis. Pero más allá de la particular sucesión, desde antes de la elección de González como nuevo vocero de la Corte Constitucional, sus más enconados críticos ya preparaban estadísticas, como por ejemplo que se ha declarado impedido en 119 discusiones en la Corte por sus antecedentes como secretario jurídico del gobierno Uribe o por su ex esposa, Marcela Monroy, que tenía contratos con el Estado; y recordaban que llegó a la Corte en octubre de 2007 como “el escogido de Uribe Vélez de una terna de uno”.
“El presidente Uribe me puso en la terna para que fuese un juez imparcial y tengo que cumplirle”, señaló González Cuervo el 28 de agosto de 2007, cuando fue seleccionado por el Senado de la República. Desde entonces ha tenido que soportar la misma crítica repetida sobre su aparente cercanía con el actual Jefe de Estado, con quien trabajó entre 2005 y 2007. “Que la gente no se equivoque: él es un hombre muy inteligente y sabe de derecho constitucional, lo que pasa es que es medio indisciplinado”, le dijo a este diario un cercano ex colaborador suyo. Un ex magistrado recalcó: “Es muy curtido en el tema jurídico y tiene una especial fascinación por comparar la historia del derecho constitucional y la historia política de Colombia”.
Y añadió: “Nunca ha dado una mínima muestra de confesar un abierto compromiso con el Gobierno, pero sí hay una línea más o menos consistente en favor de éste, y cuando ha votado en contra, ha sido en asuntos menores. Pero no es agresivo en las discusiones, es un hombre reposado y su entorno concita amabilidad y buen sentido del humor”. Desde la otra orilla, su ex colega y hoy candidato presidencial Jaime Araújo Rentería se refirió así sobre González: “Si a mí me hubiera ternado el Presidente, yo me hubiera declarado impedido para intervenir en las discusiones del referendo. Ni qué decir de asumir la presidencia de la Corte. Nadie puede ser suficientemente ecuánime e imparcial frente a quien le ha dado el puesto a uno”.
Su recorrido
Natural de Ibagué, con 53 años recién cumplidos, González Cuervo tiene la responsabilidad de ponerle ritmo a la discusión más candente y con mayor incidencia política que ha llegado a la Corte desde su creación: avalar o no la posibilidad de que Uribe Vélez pueda aspirar a un tercer mandato consecutivo si se cumple el requerimiento en las urnas. Aunque muchos dan por descontado su voto positivo —“no me considero del círculo íntimo de amigos de Uribe, pero sí fui un interlocutor privilegiado por mis funciones como secretario”, declaró alguna vez—, fuentes de la Corte confirmaron a este diario que la violación de los topes de financiación para la recolección de firmas del referendo y la irregular convocatoria a sesiones extra en diciembre de 2007 son vicios que ve difíciles de refutar.
A principios de la década de los 70 se matriculó en el colegio San Luis Gonzaga de Ibagué, pero terminó sus estudios en el Nuevo Instituto y de inmediato saltó a Bogotá para ingresar en la Universidad del Rosario. Escogió el claustro por la gran admiración que sentía por la línea tolimense que había egresado de allí, como el presidente (e) Darío Echandía, el ex rector de esa universidad Antonio Rocha, de origen chaparraluno; el político Carlos Lozano Lozano; el propio Tafur Galvis, cuyo padre nació en El Guamo; o el ex constituyente Alfonso Palacio Rudas, a quien le colaboró en la agenda de la Carta Política de 1991. A este último lo ha considerado siempre su mentor.
De tradición liberal pero con una paradójica mezcla política de su ascendencia —sus abuelos eran conservadores de racamandaca y sus abuelas, liberales a rajatabla—, González pronto ganó espacios en el Rosario y fue delegado estudiantil ante el Consejo Superior y ante el Consejo Académico de la Facultad de Jurisprudencia. En la universidad, el rector Tafur permitió que a la imprenta pudiera acceder el estudiantado y de allí le nació la idea de crear el periódico El Patio, que tuvo 15 entregas, duró dos años y se vendía a $10. Lo fundó con Tiberio Gómez, uno de sus compañeros, y era básicamente sobre reflexiones de su carrera profesional. Allí escribieron Leopoldo Múnera, ex decano y vicerrector de la Nacional; Jorge Alberto González, un gran escritor, y el propio Carlos Ariel Sánchez, actual registrador nacional.
Como presidente del Consejo Estudiantil de la Facultad, promovió un paro de 24 horas en protesta por el cierre temporal de la Universidad Nacional. En cuarto año de Derecho fue elegido por los estudiantes de la universidad como delegado al congreso de juventudes liberales nacionales, y después representante de las juventudes liberales en la comisión política del partido. Allí alternó con Álvaro Uribe Rueda, Federico Estrada Vélez, Jaime Castro o José Guerra Tulena. Luego de graduarse como abogado, tomar varias asesorías o involucrarse en la academia, de la mano de Alfonso Palacio, constituyente estrella de la Asamblea Nacional, y por designación de Humberto de la Calle, ministro de Gobierno, asesoró el proceso de reglamentación de la Carta Política.
Después asesoró a la Federación de Cafeteros, pero más pronto que tarde volvió al sector público. A Andrés Pastrana lo conoció cuando estaba en quinto año de Derecho en el Rosario, y fue nombrado por él, muchos años después, como su viceministro de Justicia. Allí le tocó restablecer el tratado de extradición y le tocó también la negociación del Plan Colombia, Viajó a Estados Unidos con la cúpula del gobierno de entonces para redondear un contenido menos militar y más enfocado en reforzar la justicia y los Derechos Humanos en desarrollo de esta cooperación bilateral. En el año 2000, como plenipotenciario del Gobierno, firmó el mecanismo de evaluación multilateral de los países hemisféricos en la lucha contra las drogas y, un año después, participó en la mesa de negociaciones con el Eln.
Se sentó con Gabino, con Pablo Beltrán y Ramiro Vargas, y avanzaba en la concertación de políticas para establecer una zona de despeje en el sur de Bolívar. En ese contexto viajó a La Habana con esos comandantes guerrilleros y se elaboró un reglamento de 60 artículos para fijar las pautas de lo que debía ser esa zona de distensión, pero la incidencia de las Farc y del movimiento No al Despeje, promovido por los paramilitares de Ernesto Báez, frustraron esa expectativa de paz. Salió después para la Corporación Excelencia para la Justicia y desde allí hizo sentir su voz en temas académicos y jurídicos. En 2004, dicen quienes lo conocen, se encontró al presidente Uribe en un foro y en menos de un año ya fungía como su asesor.
Desde la Casa de Nariño defendió el TLC con Estados Unidos a capa y espada. Le tocó la reglamentación de la Ley de Justicia y Paz y a sus más cercanos amigos les aclara que cuando llegó a la Secretaría Jurídica del Gobierno ya la ley que aprobó la primera reelección estaba en examen de la Corte Constitucional. También desde ese cargo avaló el estatuto de desarrollo rural y la ley forestal; ambos, sin embargo, se hundieron en la Corte a la que hoy pertenece. Y desde que llegó a ese tribunal, no ha faltado la tutela o la discusión de alguna ley en las que haya tenido que apartarse por los motivos ya relacionados. Pero su espíritu amable, su tranquilidad y ponderación se los reconocen hasta sus contradictores.
A partir de ahora será él quien dirija el debate del referendo reeleccionista, pero además, como presidente del alto tribunal, puede proponer, cuando así lo considere, “la suficiente ilustración”, paso previo a que se vote la constitucionalidad de la iniciativa popular. El Espectador conoció que las cuentas de los magistrados apuntan a que para el 25 de febrero el país político y el jurídico salgan de la duda de una buena vez. Mientras se produce el fallo, y cualquiera que sea su sentido, Mauricio González Cuervo deberá darles la cara a los medios de comunicación en su condición de vocero. Hoy empieza la carrera en forma del referendo.