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Desde hace más de un siglo las flores y las plantas se han convertido en objetos de decoración de los cuartos y salas de espera de clínicas y hospitales de todo el mundo. Sin embargo, esta tradición podría tener sus días contados por cuenta de algunos médicos que aseguran que éstas traen consigo bacterias perjudiciales para la salud de los pacientes, les roban oxígeno y los estresan, pues hay que cambiarles el agua y ponerlas al sol para que no se mueran.
En centros de salud de España y del Reino Unido, como el Hospital Universitario Southend, por ejemplo, está prohibido que los visitantes ingresen arreglos florales a las habitaciones. Pero en la última edición de la revista British Medical Journal se pone en duda la eficacia de esta medida.
Giskin Day y Naiome Carter, dos investigadores del Imperial College de Londres, encontraron —después de realizar una extensa revisión de casos de pacientes en hospitales de distintos países y de entrevistar a decenas de médicos y expertos en salud pública—, “que los floreros no tienen más riesgo de albergar bacterias potencialmente perjudiciales para los enfermos que las vajillas, bebidas o alimentos que se depositan a su alrededor”.
De hecho, en la publicación Day defiende la presencia de las flores en las clínicas, pues asegura que además de iluminar las salas y cuartos tienen un efecto alentador en los pacientes. Finalmente, y pensando en no acabar con esta tradición, Day y Carter recomiendan procurar llevar a los hospitales flores pequeñas, no muy perfumadas ni con mucho polen. Lo ideal son las rosas y las que tienen forma de trompeta, pues hay una menor posibilidad de que éstas le causen alergia a algún enfermo.