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Son más de 2.200 kilómetros de una zona limítrofe por la que otrora pasaron los ejércitos independentistas en procura de la expulsión de los españoles que colonizaron tierras americanas. Más de 2.200 kilómetros de frontera viva en los que millones de personas de lado y lado echaron raíces desde entonces, compartiendo tradiciones y problemas. Una extensa zona que por fuerza de la violencia —en buena medida proveniente de Colombia— ahora es el botín que se disputan los ilegales.
Como es natural entre vecinos, las relaciones entre Colombia y Venezuela han vivido entre altibajos por cuenta de lo que pasa en la frontera. Desde amenazas de enfrentamientos militares a finales del gobierno de Carlos Lleras Restrepo, pasando por las tensiones del gobierno de Hugo Chávez con sus homólogos Andrés Pastrana y Álvaro Uribe, hasta la “normalización” de las mismas durante la administración de Juan Manuel Santos. Pero el hecho de que Santos y Chávez hayan decidido bajarle al micrófono y canalizar las diferencias a través de los conductos de la diplomacia no significa que dejen de existir problemas. Y los hay tan diversos como extenso es el límite binacional.
Uno de los estudios más recientes sobre el particular es “La frontera caliente entre Colombia y Venezuela”, investigación que lanzó hace dos meses la Corporación Nuevo Arco Iris (CNAI) y en la que se identifican cinco grandes problemas de la zona: narcotráfico, el cartel de la gasolina, la corrupción, el paramilitarismo y la retaguardia guerrillera.
Aunque el patrón común del afán por el dinero fácil hace que dichas manifestaciones delictivas se presenten casi en toda la frontera, la CNAI identificó variantes según el área geográfica. Así, por ejemplo, mientras el petróleo es un atractivo especial en el límite entre Arauca y el estado venezolano de Apure, en la zona que separa a Norte de Santander de Táchira el interés es mayor por el contrabando de gasolina.
No obstante, en cada uno de los puntos de la frontera es evidente que los delincuentes colombianos no son los únicos con negocios en la región. Las mafias internacionales hace rato se aliaron con ellos y con actores oficiales de uno y otro lado del área común, quienes de manera no institucional les ayudan para lucrarse de negocios prohibidos. Además, en la zona norte del límite binacional —La Guajira colombiana y el Zulia venezolano— ya se ha documentado la presencia de carteles de la droga dominicanos y de ‘Los Zetas’ (los mismos que libran una sangrienta lucha con la organización del Chapo Guzmán por el control de las rutas de droga hacia EE.UU.). Como lo documentó este diario hace dos semanas, la redefinición de las rutas de la droga le dio un peso importante a Maracaibo y a Venezuela, en general, como lugar de tránsito del ilegal negocio.
‘Los Zetas’ en Maracaibo
En La Guajira, la misma zona en la que las Farc asesinaron el lunes a 12 soldados que custodiaban las labores de reconstrucción de una planta de comunicaciones, era un secreto a voces que células guerrilleras que se habían refugiado en Venezuela estaban en plan de regreso. El ataque fue a sólo 150 metros del límite binacional y, según fuentes militares, los guerrilleros del frente 50 habrían atacado en Colombia y regresado a refugiarse en el vecino país, para resguardarse de la respuesta del Ejército.
Además de las Farc, en la zona norte de la frontera operan neoparamilitares, bandas de crimen organizado, narcos y ejércitos privados. Incluso, el documento de la CNAI señala que hay grupos ilegales conformados por personas pertenecientes a la etnia wayuu, por ejemplo el ejército privado de alias M.F..
Los socios de ‘Los Zetas’ allí son ‘Los Rastrojos’, quienes desde hace cuatro años ingresaron a Venezuela y tienen una alianza para controlar las rutas de la droga en Maracaibo y Zulia. Mientras ‘Los Rastrojos’ y ‘Los Urabeños’ están más cerca del lago de Maracaibo, las Farc mantienen pertrechos en la Serranía del Perijá, dijeron a este diario fuentes de la zona.
Caso aparte es el del contrabando de combustible. Sigue siendo un negocio atractivo hasta para los narcotraficantes puros, quienes cobran “impuesto de guerra” a aquellos que traen el combustible hacia Magdalena y Sucre. Si antes el negocio era manejado por Jorge 40, ahora grupos emergentes se apoderaron del mismo, por herencia directa o por la fuerza. Las rutas históricas para el ingreso de contrabando a La Guajira son usadas hoy para sacar droga ilegal hacia EE.UU. y Europa.
Arauca y el oro negro
La zona de frontera entre Arauca y Apure funciona de manera diferente. Luego de la guerra de poderes entre las Farc y el Eln, en 2011, se vive un proceso de paulatina recuperación de territorios y corredores en el que la población civil llevó la peor parte, dado que regresaron o se volvieron a hacer evidentes las estrategias de subordinación por parte de los violentos. El frente 10 de las Farc y el Domingo Laín, del Eln, son dos de las principales fuentes de terror en el área. A diferencia de otras zonas del país, en Arauca es más clara la presión de los guerrilleros, quienes, tal y como lo denunció El Espectador en enero último, siguen haciendo reuniones proselitistas en poblaciones como Tame e interfiriendo hasta en la elección de las juntas de acción comunal. Fue en ese departamento donde se presentó una emboscada contra 15 militares y se produjo el primer gran revés del año al Ejército, que apenas dos días después reportó la muerte de unos 30 guerrilleros en las acciones de persecución. Fuentes de la zona también indicaron que el tráfico de armas por el departamento se reactivó en los últimos meses.
Las recurrencia de acciones violentas —más que en La Guajira— también obedece a la intención guerrillera de desnudar falencias en la estrategia de seguridad del Estado. Para ello las guerrillas también se valen de restricciones a la movilidad, cooptación de organizaciones sociales y políticas e injerencia en procesos electorales.
‘Águilas Negras’ en Apure
Finalmente, en el límite entre Norte de Santander y el estado de Apure se percibe mayor presencia de las ‘Águilas Negras’, que llegaron a la región desde 2004. Se lucran no sólo del narcotráfico, sino de vacunas a los negocios legales. La disputa entre sucesores de los ‘paras’, que comenzó en Norte de Santander, ya impacta a Táchira. Incluso, dice la CNAI, hay alerta en municipios venezolanos como Junín, Córdoba y Fernández Feo por posibles enfrentamientos entre guerrillas y ‘paras’ colombianos.
Frontera de vida sí. Y de intenso comercio en épocas de acercamientos políticos entre los gobiernos o de negocios a baja escala en tiempos de choques presidenciales. Frontera que por cuenta de los ilegales se reviste también de problemas de esos que poco son reportados en los medios de comunicación y que los herederos de los colonos de antes o los desplazados de ahora sufren en silencio todos los días.
Reacciones
- Alfredo Rafael Deluque, Representante a la Cámara por la Guajira, Partido de la U.
Lo ocurrido en la Guajira ha generado un cierto temor en la comunidad. Esperamos que el Ejército mantenga la frontera vigilada y que el presidente de Venezuela, Hugo Chávez mande sus tropas para reforzar y vigilar la frontera
- Jimmy Javier Sierra, Representante a la Cámara por la Guajira, Partido Liberal
El hecho es lamentable, para el país, para las Fuerzas Militares, para los Guajiros. Aunque se han diseñado estrategias para fortalecer el pie de fuerza , necesitamos una mayor inversión en inteligencia e investigación.
- Óscar Humberto Henao, Representante a la Cámara por Vichada, Partido Cambio Radical
Vichada cuenta con 584 km de frontera con Venezuela, es un corredor de narcotráfico. La presencia de grupos al margen de la ley y de las nuevas Bacrim afecta la seguridad de la población. El Gobierno no ha contribuido con un mejor programa social.
- Juan Fernando Cristo, Senador de la República, Partido Liberal
Nariño, Guajira, Norte de Santander, Arauca y Vichada, son lugares que coinciden con zonas estratégicas para el cultivo o tráfico de drogas, bajo la presión de grupos ilegales de todas las ideologías. Va a haber múltiples coletazos de los terroristas pero hay que enfrentarlos militar y socialmente.