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‘Fue degollado miserablemente’

La muerte del gobernador del Caquetá, Luis Francisco Cuéllar, estremeció el país y revivió el drama que viven los secuestrados y sus familiares.

Redacción Judicial

22 de diciembre de 2009 - 11:00 p. m.
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A los secuestros de los tres norteamericanos, de 15 personas del edificio Torres de Miraflores en Neiva, de Jorge Eduardo Géchem, de Íngrid Betancourt y Clara Rojas, y los asesinatos del representante Diego Turbay Cote y su madre, de los nueve concejales de Rivera (Huila), de Liliana Gaviria —hermana del ex presidente César Gaviria— o el bombazo al Club El Nogal de Bogotá, entre un largo etcétera de horripilantes crímenes, la sanguinaria columna Teófilo Forero de las Farc le sumó el aleve homicidio del gobernador de Caquetá, Luis Francisco Cuéllar Carvajal.

“Fue miserablemente degollado. Los altos mandos me han explicado que debido a que había persecución de la Fuerza Pública, ellos (las Farc), para evitar hacer disparos, degollaron al gobernador”, admitió el Presidente de la República en la alocución que ofreció en la noche del martes, pasadas las 8:00. El vehículo en el que huían los captores se estrelló en una vereda conocida como Brasil y posteriormente fue incinerado. Álvaro Uribe le pidió a la Fuerza Pública que continúe las labores de rescate de los cautivos y refirió que Cuéllar “era bondadoso, entregado al trabajo honrado y a la comunidad. Fue secuestrado cuatro veces, un hijo fue asesinado por las Farc y su señora también fue secuestrada”.

Y a renglón seguido advirtió: “El Gobierno ha dado todas las garantías para que las Farc liberen al cabo Pablo Emilio Moncayo y al soldado Josué Daniel Calvo. No entendemos por qué el grupo terrorista de las Farc hace este teatro mediático. Cuando el Gobierno ha dado todas las garantías, la respuesta que da es no liberarlos y procede a asesinar al gobernador de Caquetá. Seguiremos en la tarea de la seguridad para derrotar al secuestro. Ojalá nuestros soldados y policías puedan rescatar a los que permanecen secuestrados por el grupo narcoterrorista de las Farc”.

Fue al caer el telón de la tarde del martes que los mandos militares les dieron la trágica noticia a la esposa del gobernador, Imelda Galindo, y al resto de sus familiares. El dolor de esta nueva barbarie de las Farc llenó la casa del dirigente en donde, desde tempranas horas de la mañana, seguidores políticos, cercanos colaboradores y familiares aguardaban esperanzados buenas noticias debido al gigantesco operativo de rescate coordinado desde la base militar de Larandia (Caquetá), en el que fueron desplegados 500 hombres de la Fuerza de Tarea Omega y agentes de inteligencia de la Policía y el DAS que monitoreaban las comunicaciones de la zona.

Paradójicamente, el sábado pasado, en el tradicional consejo comunal de Gobierno, desarrollado en la capital caqueteña, Cuéllar le expuso al Ejecutivo los riesgos de seguridad que se incrementaban en la región. Esos peligros que representaban los alzados en armas se materializaron en él mismo y en los escasos guardias que custodiaban su casa el lunes en la noche (ver recuadro). Tras confirmarse su asesinato, el Gobierno reiteró una recompensa de hasta $1.000 millones para quien dé información que permita la captura de Hernán Darío Velásquez, más conocido como El Paisa, comandante de la Teófilo Forero, y de sus subalternos, alias El Huevo, Valencia, Caballo y Guevara.

Informaciones preliminares en poder del Ejército apuntan a que las Farc habrían infiltrado el esquema de seguridad del mandatario y que el asalto venía planificándose desde mucho tiempo atrás. Antes de conocer el trágico desenlace, la esposa de Cuéllar recordó consternada: “No hay derecho a que no haya otra persona para que secuestren, sino Luis Francisco”. El procurador Alejandro Ordóñez reprochó el crimen y manifestó su indignación de que las Farc “aún utilicen este tipo de argucias para desestabilizar el país”.

Los familiares de los cautivos temen que se frustre la liberación, anunciada desde abril pasado, de Moncayo y Calvo y la entrega de los restos del mayor Julián Ernesto Guevara. Por eso le hicieron un llamado al Gobierno para que no utilice lo que está pasando para entorpecer el proceso. “Esto no se puede tomar como la excusa perfecta para autorizar un rescate por la fuerza en momentos en que venían en camino Pablo Emilio, Josué Daniel y el cadáver del mayor Guevara”, advirtieron en un comunicado la Asociación Colombiana de Familiares de Miembros de la Fuerza Pública Retenidos y Liberados por Grupos Guerrilleros (Asfamipaz) y el Comité Distrital para el Acuerdo Humanitario.

La Fuerza Pública continuaba las operaciones para capturar a los sicarios que ejecutaron el crimen del gobernador Cuéllar, quien estaba siendo procesado por la Fiscalía por sus presuntos nexos con las autodefensas.

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La Policía, de luto

El martes en la tarde, en el aeropuerto de Florencia, la Policía  le rindió una sentida despedida a Javier Simón García Gutiérrez, el escolta de 26 años que fue asesinado por el comando que secuestró al gobernador. Al acto fúnebre asistieron su esposa y su hija de cinco años. Por su parte, ya se encuentran fuera de peligro los dos militares que resultaron afectados. Gabriel Buendía Hermosa fue alcanzado por esquirlas de vidrio que le hirieron el rostro y Émerson Roncancio recibió un impacto en el brazo izquierdo.

Gobernador asesinado apoyaba el intercambio

Si alguien conocía de los vejámenes a los que son sometidos los secuestrados, ese era Luis Francisco Cuéllar, gobernador del Caquetá. Cuando en la noche del lunes fue sacado de su casa por un comando de las Farc, el mandatario vivía por quinta vez la pesadilla de ser retenido por ese grupo guerrillero, que esta vez acabó con su vida.

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Ante su dolorosa experiencia, en su más reciente entrevista para TV le dijo al periodista Óscar Ritoré, del programa ‘Gobernantes’, que se solidarizaba con la situación de los uniformados secuestrados. “Están muy olvidados en esa selva, es que la selva carcome. Considero que se debe dar el intercambio humanitario”.

A pesar de los múltiples secuestros, siempre consideró que su único lugar en el mundo estaba en su departamento, del que se convirtió en gobernador en 2007, apoyado por la Alianza Social Indígena.

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El primer secuestro se dio en 1990, en su finca; duró 78 días en manos del Frente Tercero de las Farc.

Dos años más tarde este grupo guerrillero lo retuvo por siete meses y medio. Su esposa, Imelda Galindo, estuvo a su lado por cinco meses, pues al quererse intercambiar la dejaron retenida. Después de la liberación, fue elegido como alcalde de Morelia (Caquetá), y cumpliendo su labor volvió a ser secuestrado, por diez días. Más tarde, siendo diputado de su departamento, la columna móvil Teófilo Forero lo volvió a secuestrar. El martes, el mismo grupo lo asesinó.

Por Redacción Judicial

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