25 Feb 2009 - 4:00 a. m.

“Fui adicto a la guerra”

Ishmael Beah, un ex combatiente del conflicto de Sierra Leona y miembro de Human Rights Watch, visitó Colombia para compartir su  dolorosa experiencia.

Redacción Vivir

Durante casi tres años de su infancia Ishmael Beah empuñó un arma, asesinó hombres y mujeres, enterró a decenas de amigos, sintió cómo su corazón se llenaba de odio, y el deseo por vengar la muerte de sus padres y hermanos se apoderaba de su alma. Hoy, a los 28 años de edad y luego de haber estado en un proceso de rehabilitación durante varios meses tras abandonar las filas de un grupo armado en Sierra Leona (África), ha encontrado algo de paz y ha querido dedicar su tiempo a trabajar por los niños que al igual que él sufrieron la crueldad de la guerra.

Este martes llegó a nuestro país para participar como invitado especial en el Foro de la Infancia, que organizó El Espectador, y este miércoles se reunirá con un grupo de menores que desertaron de la guerrilla y están intentando rehacer su vida. El encuentro, al que también asistirá la directora del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), Elvira Forero, busca despertar en estos pequeños el deseo por salir adelante y, a través de la dolorosa experiencia de Ishmael, ayudarlos a que recuperen la esperanza y la certeza de que aun pueden forjar un futuro prometedor.

El año pasado, según cifras del ICBF, se desmovilizaron cerca de 400 menores y en los últimos nueve años esta cifra ascendió a los 3.700. Forero explica que aunque los índices todavía son altos, el Estado tiene una mayor presencia en las regiones apartadas del país y  ha contribuido a combatir este fenómeno.

Durante el tiempo que Ishmael combatió en la guerra civil de Sierra Leona nunca pudo llorar, ni siquiera cuando veía cómo obligaban a otros niños de su edad a que mataran a sus padres. Las armas que cargaban, recordó en la conferencia de este martes, no sólo les daban poder sino que les permitían sobrevivir, pues las condiciones en las que vivían eran muy precarias. “No teníamos ni siquiera un uniforme, algunos niños incluso peleaban en chancletas”, contó Ishmael a las más de 500 personas que asistieron al Foro de la Infancia, en su mayoría activistas que promueven la lucha por la defensa de los derechos de los niños.


Si llegaban  a cuestionar una orden, a llorar o a rehusarse a asesinar a alguna persona, Ishmael sabía que lo matarían. Por eso contuvo las lágrimas hasta que fue rescatado por la Unicef y vinculado a un programa de rehabilitación y de reinserción a la sociedad. Fue un proceso tremendamente complicado, los habitantes de su tierra natal no creían que realmente hubiera cambiado, que ya no fuera un asesino. De hecho cuando regresó al colegio muchos padres sacaron a sus hijos por temor de que compartieran el aula de clase con un ex combatiente.

Constanza Alarcón Párraga, subdirectora de Infancia de la Secretaría Distrital de Integración Social, reconoce que en este punto todavía falta mucho por hacer en nuestro país, que se ha puesto un gran empeño en garantizarles a los menores que abandonan las armas el acceso a la educación, a los servicios de salud y a una buena nutrición, pero que se ha dejado de lado el componente de su inclusión a la sociedad y una asesoría psicológica que les permita superar los traumas de la guerra.

Manos a la obra

Crieg Kielburger, fundador de la organización Free the Children, y otro de los invitados especiales del Foro de la Infancia, advirtió que nuestra sociedad necesita comenzar a escuchar a los niños para poder formar líderes que realmente contribuyan a que en un futuro no existan más violaciones a los derechos de los menores y se proteja su integridad, pues son ellos quienes dirigirán los destinos del mundo.

Para ello, Kielburger asegura que simplemente es necesario que las empresas en nuestro país comiencen a apoyar causas sociales. En Estados Unidos, por ejemplo, recordó que hay compañías que les pagan a sus empleados para que sean voluntarios. Aquí, Kielburger reconoce que se ha hecho un gran esfuerzo, pero que aún no es suficiente.


Con un tono enérgico y la voz entrecortada por la emoción que le generó poder compartir la labor que realiza desde los 12 años con jóvenes que al igual que él luchan para que los niños no sean explotados laboralmente, Kielburger invitó a los colombianos a que se vuelvan ciudadanos activos. No es necesario que intenten llevar a cabo gigantescos y ambiciosos proyectos, dijo este joven canadiense después de contar con lágrimas en los ojos la historia de la madre Teresa de Calcuta, a quien tuvo la oportunidad de conocer hace varios años. “Basta con hacer cosas pequeñas pero con un corazón grande”.

Elvira Forero, directora del ICBF, advierte que en este sentido el Instituto ha logrado grandes cambios gracias a su más reciente estrategia: el Derecho a la Felicidad. Se trata de un programa en el que participan diferentes empresas del país interesadas en aportar un granito de arena al bienestar de los menores víctimas del conflicto armado, la pobreza y el desplazamiento. Sin embargo, reconoce que todavía falta un largo camino por recorrer y que es sumamente importante que los educadores, padres de familia y autoridades se unan para brindarles una mejor atención a los niños, el futuro de nuestro país.

Desde que Ishmael Beah abandonó la guerra, hace cerca de 13 años, no ha podido volver a dormir más de tres horas seguidas. Las pesadillas y los recuerdos de los combates, los rostros de dolor de los habitantes de Sierra Leona, los cuerpos sin vida de su familia y sus amigos agujereados por las balas no lo dejan tranquilo. Encuentra la paz  cada vez que comparte con niños que como él tuvieron que empuñar un arma y segar vidas humanas.


Por eso, la noche del martes también la pasó prácticamente en vela, pero esta vez lo que le quitaba el sueño era la emoción de saber que a la mañana siguiente tendría la oportunidad de revivir la esperanza de un grupo de menores que abandonó las filas de la guerrilla y hasta ahora empiezan el proceso de reconstruir sus vidas.

El drama de los niños en Bogotá

Bogotá se ha convertido en el mayor receptor de desplazados del país, casi todos niños, madres adolescentes y mujeres que tuvieron que dejar sus hogares a causa de la violencia.

Desde hace varios años la Alcaldía está trabajando en el diseño y la promoción de una Política de Infancia que responda a las necesidades de los menores, afectados por el abandono de sus padres, la violencia intrafamiliar y la falta de acceso a la educación.

Este año comenzaron a realizar proyectos piloto en las localidades para mejorar la asistencia a esta población.

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