La causa de los problemas de aprendizaje, atención, memoria y algunos trastornos del comportamiento de muchos niños podría estar escondida en sus propios hogares. Científicos del Centro de Investigación en Epidemiología Ambiental de Barcelona creen que la contaminación derivada del uso de gasodomésticos tendría consecuencias peligrosas para el desarrollo neurológico de preescolares.
En un estudio en el que se evaluó el desempeño cognitivo de 398 niños de cuatro años de edad, los investigadores catalanes detectaron que las deficiencias eran mayores entre aquellos criados cerca de gasodomésticos como estufas, calentadores de agua, hornos o secadoras.
La evidencia aportada por los españoles se suma a un creciente número de estudios que han intentado descifrar las consecuencias reales de la contaminación dentro del hogar. Sus conclusiones fueron publicadas en la revista American Journal of Epidemiology.
En este caso se logró establecer que a mayor concentración de dióxido de nitrógeno (NO2), un compuesto contaminante liberado al aire en la combustión del gas natural y que posee la capacidad de provocar daño celular, serán mayores las dificultades cognitivas. Aquellos preescolares criados en hogares con gasodomésticos obtuvieron hasta cinco puntos menos en una batería de pruebas para medir memoria, habilidades verbales y motoras. El riesgo de padecer el trastorno por déficit de atención con hiperactividad también sería mayor en ellos.
Los autores del reporte aclararon que hacen falta estudios en cada región, pues se sabe que el gas distribuido en España contiene sustancias contaminantes distintas a las del usado en otros países como Estados Unidos.
Riesgo por intoxicación en casa
Según el Centro de Investigaciones de Ingeniería Ambiental (CIIA), de la Universidad de los Andes, en un estudio contratado por Gas Natural, un 20% de las viviendas de Bogotá donde se usan gasodomésticos, como estufas y calentadores de paso, están en riesgo de padecer una intoxicación por monóxido de carbono (derivado del gas natural).
En algunos hogares, de los que participaron en esta investigación, la concentración del monóxido de carbono llega a 150 partes por millón, cuando lo máximo debería ser 25.