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Generación de NIÑOS GENIOS

Cerca de 150 estudiantes participan de esta iniciativa liderada por la Alcaldía de Bogotá. El objetivo es potenciar sus habilidades extraordinarias para la música y la ciencia.

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Mariana Suárez Diego Alarcón
01 de agosto de 2008 - 10:54 p. m.
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Los niños que nacen con un talento excepcional en áreas como matemáticas, robótica o música deben ser estimulados durante los primeros años de vida, de lo contrario corren el riesgo de perder el don que los convierte en personas extraordinarias. Generalmente son estudiantes introvertidos e inquietos, que buscan llamar la atención de su familia y sus maestros. Sin embargo, la mayoría de las veces son ignorados y sus necesidades de aprendizaje no logran ser satisfechas.

Conscientes de esta falencia en el sistema educativo colombiano, un grupo de pedagogos y psicólogos de la Asociación Colombiana para la Enseñanza de la Ciencia (Buinaima) y la Universidad Nacional, junto a la Secretaría de Educación de Bogotá, crearon un programa para identificar a los niños que sean sobresalientes en algún área (deben tener un coeficiente intelectual por encima de 130, que se mide a través de pruebas especializadas que se practican de forma oral y escrita) y explotar sus habilidades mediante actividades extracurriculares, talleres e incluso inscribiéndolos en cursos universitarios.

Para ello, se destinó un presupuesto cercano a los $150 millones que cubre los gastos de capacitación a los docentes y materiales de aprendizaje. Hasta el momento forman parte de esta iniciativa colegios como el Sorrento, el Marco Fidel Suárez, el Florentino González y el María Mercedes Carranza. En el transcurso de este año, sin embargo, se van a inscribir varias instituciones entre ellas el San Pablo y el Moriscos de Engativá.

Otros tres colegios han estado dentro de este programa, pero se han visto obligados a retirarse porque no cumplen con las exigencias establecidas para los maestros. Por ejemplo, las actividades que realicen con los estudiantes deben tener un enfoque lúdico, relacionado con filosofía, arte y ciencia, además, tienen que llevarse a cabo varias veces por semana después de que finalice la jornada escolar, pues los estudiantes no pueden faltar a sus clases habituales.

Jairo Giraldo,  presidente de Buinaima y uno de los impulsores del programa, explica que es importante que estos niños se relacionen con los demás para que generen una actitud positiva y de aprendizaje en el aula. También señala que por ningún motivo el docente puede presionarlos para que tengan un mayor rendimiento, pues ellos deben desarrollarse a su propio ritmo.

Una vez se registran los colegios en este programa, sus profesores reciben una capacitación para que sepan cómo identificar a un niño genio. Una tarea que no resulta muy complicada, pues son estudiantes que suelen aburrirse con facilidad en las clases porque ya conocen los contenidos y tienen la capacidad de comprender las lecciones más rápido que sus compañeros.

Otra de las señales que permite reconocerlos es que no son muy sociables y se comportan diferente a los demás niños de su edad. “Son pequeños, pero piensan o actúan como adultos”, explica Ignacio Montenegro, director de Gestión Institucional de la Secretaría de Educación.

El siguiente paso de este proceso consiste en profundizar en el desarrollo de su talento excepcional, primero de manera individual y luego con otros niños que también posean habilidades extraordinarias. El tiempo que tardan en pasar de un nivel a otro depende de la constancia y de lo involucrados que estén sus padres y profesores durante el proceso. Este acompañamiento dura solamente hasta que se gradúen como bachilleres.

Aunque en otras ciudades como Barranquilla y Medellín se ha intentado implementar un programa similar, las iniciativas han sido de carácter privado, una condición que restringe la participación de muchos niños.

Entre tanto, en Bogotá este proyecto cobra cada vez más fuerza y los 150 menores que fueron escogidos no sólo han participado en concursos nacionales e internacionales compitiendo contra estudiantes universitarios, sino que han logrado formar parte de un novedoso modelo pedagógico, que según Montenegro, tiene como objetivo satisfacer sus necesidades educativas y preservar la genialidad que los caracteriza.


Ases de la ciencia

Andrés Felipe Huertas y su hermano Héctor Iván presentaron hace menos de dos años un examen de coeficiente intelectual. Sus profesores y sus padres sospechaban que eran diferentes a los demás niños, pues tenían unas habilidades extraordinarias para las matemáticas y la creación de software.

Sin embargo, los resultados de aquella prueba sólo podrán conocerlos cuando sean mayores de edad, debido a que los psicólogos que asesoraron este proceso consideran que no es necesario fomentar la rivalidad intelectual entre ambos hermanos, sino que cada uno desarrolle sus habilidades al máximo.

Héctor, de 13 años, tiene un talento excepcional para diseñar complejos programas de computación y robots. En dos ocasiones ha participado en el Concurso de Robótica que organiza la Universidad Nacional en la categoría de Seguidores de Línea, con estudiantes de Mecatrónica e Ingeniería Electrónica. Ahora dedica su tiempo libre a diseñar una sofisticada máquina de Goldberg.

Su hermano mayor, Andrés, de 14 años, leyó su primer libro de cálculo a los 7 años. Luego se interesó en memorizar el resultado de elevar al cuadrado los números del 1 al 70, descifrar acertijos y diseñar programas de computador que procesaran fractales o que pudieran manipular otro equipo a distancia.

El semestre pasado, Andrés asistió a un curso de Geometría Euclidiana en la Universidad Sergio Arboleda, junto a estudiantes de Diseño, Arquitectura e Ingeniera. Todavía no le han entregado los resultados de los parciales, que definirán si pasa o no al siguiente módulo: Geometría 2. Entre tanto, Andrés disfruta con su hermano de las horas que tienen libres después de clase para estudiar teoremas, resolver fórmulas matemáticas y diseñar complejos aparatos electrónicos.

Aunque ambos aseguran que desde que entraron al Programa de Talentos Excepcionales están más activos para trabajar en las áreas del conocimientos que tanto les atraen, todavía sienten que las clases que reciben en el colegio  Marco Fidel Suárez, son muy sencillas y lentas. Pero también reconocen que se sienten felices de poder ayudar a sus compañeros y explicarles los conceptos que no entiendan.

Ninguno está seguro de lo que quiere estudiar una vez se gradúen como bachilleres, la única certeza que tienen es que los números, la tecnología y la ciencia serán siempre una parte fundamental de sus vidas.

Electrónica y robots

“Cuando era pequeño tuve que reprenderlo porque le gustaba desbaratar los electrodomésticos”, cuenta doña Alcira Pinto, la madre de Ómar Julián López.

Él, un joven de 15 años que recibió mención de honor en el Concurso de Robótica de la Universidad Nacional del año 2006, justifica sus actos diciendo que lo impulsaba la curiosidad de saber cómo funcionaban los aparatos.

Con la asesoría de un profesor de su colegio logró diseñar un robot de ruedas capaz de seguir el recorrido de una cinta aislante pegada en el piso, gracias al sensor infrarrojo que le instaló en la parte delantera. Ese dispositivo fue el que le generó el reconocimiento de los jurados del concurso, en el que compitió únicamente contra estudiantes universitarios.

Ahora, trabajando por su cuenta, ha logrado ensamblar dos circuitos que amplifican el sonido y espera poder construir su propia guitarra eléctrica. Ya dio el primer paso: elaboró manualmente el micrófono con imanes y tornillos.


Futuro concertino

Los dedos de las manos de Juan Carlos Ortega se han especializado recientemente en la música de piano barroca y clásica. Autores como J.S Bach, L.V. Beethoven y F. Chopin, suenan con frecuencia en la cúpula del colegio distrital Sorrento, en donde a diario el joven de 15 años ensaya para obtener una beca en la Universidad de los Andes.

Comenzó a aprender hace 4 años por cuenta de su madre. Ella recibía clases en la iglesia cristiana a la que asistía y al volver a casa, repetía la sesión para instruir a su hijo.

Así fue aprendiendo lo básico, acordes, notas y melodías sencillas. Después en su colegio, el profesor de música se percató del talento de Juan Carlos y lo remitió al profesor Vladimir Pinzón, con quien incursionó en las partituras de la música clásica.

Su evolución fue rápida y por gestiones de César Martínez, un docente del colegio, llegó a audicionar en la Universidad de los Andes para Antonio Carbonell, un cubano que en Colombia se ha convertido en uno de los mejores intérpretes de piano.

“El profesor Carbonell aceptó ser mi tutor, porque según él, el me va a llevar a ser concertino, el segundo grado más importante de una orquesta sinfónica después del director”, asegura Juan Carlos.

Método Suzuki para niños bogotanos

El método Suzuki fue creado por Shinichi Suzuki con un lema muy concreto: “¡Todos los niños tienen talento!”. La propuesta parte del hecho de que el talento no es genético, sino que depende del contexto.

Por ejemplo, Shinichi decía que si los niños en China eran capaces de aprender uno de los idiomas más complejos del mundo, también podrían ser prodigios del violín o del piano si se les enseña a tocar desde pequeños.

Aplicando este concepto, la Asociación Buinaima y la Secretaría de Educación decidieron implementar un proyecto con niños, de preescolar hasta tercero de primaria que estudien en colegios de la localidad de Ciudad Bolívar en Bogotá.

En principio les están enseñando a tocar el violín. A cada uno le asignan un instrumento para que practique en su casa y se involucre a la familia en este proceso de aprendizaje. Este grupo de pequeños, que no superan los seis años, ya han realizado varias presentaciones en público.

Se espera que durante este año haya más recursos para ampliar el programa y que niños de otras localidades de la ciudad puedan beneficiarse de la maravillosa propuesta.

“La población excepcional es discriminada”

Desde hace tres años Jairo Giraldo, presidente de la Asociación Colombiana para la Enseñanza de la Ciencia (Buinaima), ha encabezado uno de los proyectos pedagógicos más novedosos del país: identificar niños con talentos excepcionales para incluirlos en programas especiales y suplir sus necesidades educativas.

Hasta el momento se ha logrado identificar a 150 estudiantes e incentivar a sus padres a participar de este ambicioso proyecto, que involucra el arte, la filosofía y la ciencia.

“Los niños excepcionales son vulnerables y a veces son discriminados por el sistema, que no cuenta con las herramientas para suplir sus necesidades de aprendizaje”, advierte Giraldo.

El éxito de esta iniciativa, que cuenta con recursos de la Secretaría de Educación, la U. Nacional y la Alcaldía de Ciudad Bolívar, ha permitido que se capaciten más profesores y se realice un mayor número de talleres que buscan explotar al máximo las habilidades extraordinarias de estos niños.

Por Mariana Suárez Diego Alarcón

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