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Hace más de 15.000 años el perro fue domesticado por la raza humana y desde entonces ha existido una gran fascinación por este animal, que no tardó en convertirse en el mejor amigo del hombre. Desde hace algunos años criadores y científicos han manipulado la genética de los canes, a través de métodos naturales y artificiales, para conseguir diferentes razas y mejorarlas, variar sus rasgos característicos y hasta influir en su temperamento.
En un estudio realizado en la Universidad de Washington en Seattle, Estados Unidos, se intentó determinar el tipo de alteraciones genéticas que han sufrido estos animales a través del tiempo.
El grupo de investigadores, liderado por Joshua Akey, descubrió que se ha podido modificar el tamaño, color, contextura y pelaje de los perros pertenecientes a 155 razas. El shar-pei, por ejemplo, se caracteriza por su piel arrugada pero al variar el gen denominado HAS2 el animal nace con la piel estirada y es más peludo.
Para el desarrollo del estudio se tomaron como muestra los genomas de más de 275 perros domesticados pertenecientes a razas como el beagle, el collie, el shar-pei, el terrier Jack Russell y el caniche entre otras, pues son los ejemplares en los que se evidencia más notoriamente la constante intensión de los criadores por satisfacer las necesidades y demandas de los compradores.
La manipulación genética hizo perros más fuertes, tranquilos, dóciles y cariñosos, ideales para los niños. También se intentó incorporar aptitudes específicas como la habilidad para cazar o cuidar a una persona invidente.
Gracias a nuevas herramientas de la ciencia estos experimentos son cada vez más comunes; buscando satisfacer los caprichos de los dueños y que estos perros adquieran aptitudes adicionales que hagan más atractiva su raza.