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Guardianes de esperanzas

Tres veterinarios que han hecho de su profesión el mejor instrumento para ayudar, sanar y promover la adopción de perros y gatos víctimas del maltrato y el abandono.

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El Espectador
10 de mayo de 2014 - 04:08 a. m.
Alexánder Romero, veterinario de la Fundación Amigos del Planeta. / Gustavo Torrijos
Alexánder Romero, veterinario de la Fundación Amigos del Planeta. / Gustavo Torrijos
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Pasión por la vida

Por el consultorio de Pedro Villamizar, un cucuteño de 35 años, no sólo pasan perros y gatos. Tortugas, pájaros, boas y micos se han convertido en algunos de sus pacientes más frecuentes. Rescatar animales en cautiverio, golpeados y abandonados fue una de sus grandes obsesiones desde niño, y hoy, luego de un largo camino de estudios, ha logrado aportar sus conocimientos para ayudar a aquellos que lo necesitan. A través de la Asociación de Protectores de la Fauna Colombiana y del Medio Ambiente (Aprofac) ha liderado jornadas de esterilización y vacunación para reubicar a más de 150 animales que durante años han vivido en carne propia las secuelas de la violencia y el rechazo.

“Decidí quedarme con cinco perros que alguna vez trajeron a la veterinaria pero jamás volvieron por ellos. Esa frialdad para deshacerse de estos seres maravillosos me motiva a seguir luchando para mejorar su calidad de vida. Lo más gratificante es verlos, después de tantos dolores, levantarse hasta ser un miembro más del hogar”.

Fiel e incondicional

Alexánder Romero tiene 250 amigos. A diario los examina, revisa sus heridas, enfermedades y discapacidades. Unos son pequeños, otros tienen más de diez años. Algunos tendrán un nuevo hogar, otros se quedarán. Sin embargo, para este veterinario de 30 años todos forman una gran familia y se han convertido en el motor de su vida. Aunque durante mucho tiempo trabajó en la cría de razas finas, un día decidió darle un giro a su rumbo y acercarse a aquellos animales que por alguna razón terminaron en la calle abandonados y malheridos. Luego de un fuerte trabajo voluntario se vinculó a la Fundación Amigos del Planeta y se convirtió en uno de los líderes del hogar canino.

Desde temprano se encarga de hacerle los chequeos a cada uno, coordinar sus tratamientos y dirigir los programas de esterilización. “Nos enfrentamos a una realidad de sobrepoblación, maltrato y explotación. Cuando recogemos a los perros y gatos, los ayudamos a sanar sus heridas. Cuando superan las adversidades, ellos perdonan y vuelven a vivir. Nosotros nos ponemos en la tarea de buscarles un hogar digno”. Para lograrlo, Alexánder encabeza las jornadas de adopción y le enseña a la gente los beneficios de hacerlos parte de la familia. “Muy pocas personas tienen una conciencia de adopción. Muchos idealizan las mascotas por su raza y color, pero no saben que un perro criollo es tener un perro único, irrepetible”.

Hoy, gracias a su pasión y sensibilidad, Alexánder abrió las puertas de su casa a Martina y Jacobo, dos perros a los que con paciencia y esfuerzo sacó adelante pese a que fueron maltratados y abandonados. “Descubrí que más allá de salvarle la vida a un animal sin hogar, son ellos quienes nos salvan de la tristeza y la soledad. Tienen la capacidad de cambiar a la personas y, sobre todo, de hacerlas felices, sin importar cuánto se tiene en el bolsillo”.

Entrenados para amar

Una casualidad llevó a Yordari Valderrama a ser la líder del programa de adopciones de la Asociación Defensora de Animales y del Ambiente (ADA). Luego de graduarse de la Universidad del Tolima viajó a Bogotá en busca de un mejor empleo. Cuando se acercó a la organización descubrió que no se trataba de una veterinaria tradicional. Una docena de perros y gatos criollos saltaron sobre ella y la enamoraron. Después de cinco años de trabajo, hoy se encarga de asistir a más de 80 animales rescatados de las calles. Sin importar cuánto tiempo le tome, ella los valora uno a uno, los desparasita, esteriliza y orienta sus tratamientos a la espera de que se recuperen y puedan abrirse un espacio en un nuevo hogar. “La adopción es muy fluctuante. A veces son devueltos porque la gente no tiene en cuenta que más que un gesto de ternura es una responsabilidad que implica tiempo, cariño, respeto y dinero”.

Pese a esto, son muchas las personas, que a su juicio, ven en la adopción la mejor manera de ayudar. “Ellos son los únicos capaces de llenar una parte que ni el hombre, ni las cosas pueden. Sin importar su pasado, se convierten en un miembro más de la familia, con sus defectos y virtudes”.

Por El Espectador

 

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