27 Aug 2008 - 9:27 p. m.

Incienso aumentaría riesgo de cáncer

Exponerse constantemente al humo de las varitas podría causar cáncer de garganta.

Redacción Vivir

Con el boom de la nueva era no es raro encontrar hogares o almacenes en donde constantemente se desprende un olor agradable y relajante, que proviene de una varita de incienso que se ha prendido para ambientar el lugar y ahuyentar los malos olores. Lo mismo sucede en los templos o centros religiosos, en donde se intenta crear un escenario que genere una sensación de paz y armonía.

Sin embargo, una reciente investigación realizada por el instituto Statens Serum de Copenhague, en Dinamarca, alertó a los amantes y asiduos compradores de estas barritas, que se venden aromatizadas con olores de frutas y de hierbas, sobre los peligros de su uso al demostrar que el humo del incienso contiene químicos cancerígenos que pueden causar mutaciones en el ADN de las células humanas, generando riesgos de contraer cáncer de garganta, boca o pulmón.

Para desarrollar la investigación, el equipo de científicos entrevistó a 60.000 chinos, entre los 30 y 45 años, que residían en Singapur desde el año 1993 hasta 1998, de tal manera que pudiera recoger todos los datos pertinentes con respecto a su estilo de vida: si fumaban, bebían alcohol y las características de su dieta alimenticia. Ninguna de estas personas padecía de algún tipo de cáncer.

Siete años después los investigadores compararon los resultados del estudio previo con los datos del Registro Nacional de Cáncer de Singapur y detectaron que 325 personas del grupo inicial habían desarrollado cáncer en el aparato respiratorio y 821 habían sido diagnosticadas con cáncer de pulmón. Todas ellas sólo tenían una práctica común: aspirar constantemente el humo del incienso que prendían en sus casas, templo y trabajos.

El doctor Jeppe Friborg, uno de los autores de la investigación, explicó al periódico The Guardian que el incienso que se vende sin ningún tipo de etiqueta puede ser peligroso. “Sé que el incienso tiene ventajas, pero creo que es muy importante para la salud pública el aclarar que el humo que produce puede ser cancerígeno”.   De hecho, advirtió que el mínimo riesgo que tiene una persona de desarrollar cáncer del tracto respiratorio se incrementa entre las personas que queman varitas de incienso de manera continua.

Además, el estudio demuestra que es más común entre las mujeres adquirir esta enfermedad, porque tienden a buscar formas  para que se aspire un olor agradable en sus hogares o sus medios de trabajo y acuden, frecuentemente, al incienso.


Friborg es muy cuidadoso al explicar que no se logró comprobar si el humo realmente afecte a las personas que se hayan expuesto a éste durante un período de tiempo muy corto. Sin embargo, cree que los resultados arrojados por la investigación pueden provocar reacciones negativas entre los sacerdotes y aquellos que usualmente están expuestos al producto.

La investigación continuará por más tiempo, por lo cual, según Friborg, sería precipitado considerar que se deban agregar etiquetas sobre los paquetes de varitas de incienso. Pero al menos por ahora, él sugiere a las personas que inhalan frecuentemente este humo aromático usarlo con precaución.

Lo cierto es que de los resultados finales de esta investigación depende que se haga necesario crear o no algún tipo de regulación para la comercialización de las varitas de incienso. Mientras tanto, recintos religiosos y de la nueva era pueden seguirlas empleando, aunque ya fueron advertidas sobre sus posibles consecuencias.

Origen del incienso

Aunque no hay una fecha exacta sobre el origen del incienso,  los primeros indicios se encuentran en Egipto, donde las resinas aromáticas eran importadas de las costas de Arabia y Somalia para las ceremonias religiosas. Los faraones sentían un profundo respeto por el aroma desprendido al quemar este material, porque consideraban que favorecería la presencia de los dioses y ahuyentaría a los demonios.

Por su parte, los babilonios creían que el aroma del incienso tenía características espirituales, por lo que lo utilizaban en sus ceremonias religiosas y cuando los oráculos les predecían el futuro. En el siglo V Israel lo importó y de allí se expandió a Grecia, Roma y la India. Fue introducido en Japón en el siglo VI por los monjes budistas, quienes usaban el aroma en sus ritos de purificación.

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