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El 72% de la superficie de la Tierra está cubierto por agua, pero las realidades ecológicas de hoy demuestran que la humanidad se verá afectada por su escasez, poniendo en vilo tres aspectos fundamentales del bienestar general: la producción de alimentos, la salud y la estabilidad social y gubernamental. Según las Naciones Unidas, para el año 2025 habrá escasez del líquido en más de 48 países.
Este diagnóstico es parte del trabajo titulado El fin del fin, del empresario colombiano Fernando Bermúdez Ardila, donde además se aporta un necesario inventario sobre otros temas fundamentales para la conciencia ecológica de estos tiempos: los hundimientos de la tierra, el descongelamiento global, las guerras biológicas, el tratamiento de las basuras o las manifestaciones del planeta.
El trabajo fue editado por primera vez en abril de 2007, ya lleva varias reediciones y en Argentina ha sido acogido como texto de estudio en algunas instituciones educativas. Sin mayores elaboraciones técnicas explica cómo se están contaminando los ríos y las lagunas en el mundo, por qué el descongelamiento global afecta a las poblaciones de las zonas árticas y cómo el fenómeno de la desertización es también una amenaza latente.
Según Bermúdez, quien no es propiamente un ecologista pero sí un autodidacta de los temas más disímiles imaginables, la Tierra ya está fracturada y en los próximos lustros será más claro que incluso existe la amenaza de meteoritos que en algunas décadas van a impactar el planeta. En su trabajo advierte que desde 1993 existe el llamado proyecto Haarp, que pretende optimizar el saber científico acerca de la dinámica ionosférica, pero puede traer consecuencias.
En su obra incluye las advertencias de varios científicos sobre este proyecto, porque podría acelerar el cambio climático o alterar las comunicaciones del planeta. En otras palabras, sería algo así como una manipulación medio ambiental como arma, razón suficiente para que la comunidad estudie a fondo cómo podrían verse afectados los sistemas ecológicos y agrícolas del mundo, simplemente por satisfacer investigaciones militares y geofísicas.
El autor ya va por su octavo libro y según él mismo, esa es la labor a la que quiere ahora dedicar su vida luego de afrontar los sinsabores de la política. Nacido en Armenia, pero criado en el Huila, fue electo representante a la Cámara para el período 1998-2002, pero no se alcanzó a posesionar porque fue acusado del complot que llevó al asesinato del periodista y educador Nelson Carvajal, en hechos ocurridos el 16 de abril de 1999.
No obstante, en dos instancias un juzgado especializado de Neiva y el Tribunal Superior de la misma ciudad lo absolvieron de todo cargo. Bermúdez dice que insistió ante el Tribunal para que quedara plenamente demostrada su inocencia. La desvinculación total del proceso le llegó en el año 2001, y después de 31 meses de pasar detenido, al salir de prisión, constituyó un centro de investigaciones históricas, decidió seguir asesorando a su familia empresarialmente, y optó por el camino de la escritura.
De su experiencia judicial y otras vivencias personales quedó un libro, Entre el diablo y yo. Después salió con un trabajo controvertido titulado Santos héroes y sátiros, donde le dio con todo a más de un dictador y a personajes como Alejandro Sexto o Rodrigo Borgia, en su criterio un personaje perverso que estuvo muy lejos de llevar una vida pura o santa. Este trabajo le causó críticas, y hasta un Monseñor le dijo: “Hablemos siempre de los papas buenos”.
Después vino El fin del fin, que sin duda es el más logrado de sus esfuerzos, y que incluso en los últimos tiempos le ha dado el entorno preciso para incursionar en la narrativa con un libro titulado El Dorado en el Amazonas, donde los protagonistas circulan en medio de la fantasía, las poblaciones indígenas y el silencioso universo de la selva como una ancestral fuerza maternal que arrasa a quienes pretender desafiarla.