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Cuando tenía 20 años, Alfredo Pérez Rubalcaba era muy bueno corriendo, la carta más fuerte que tenía el club Celta de Vigo para competir en la prueba de los 100 metros planos de los Juegos Nacionales de Atletismo. Su mejor marca registrada fue de 10,9 segundos, un tiempo casi profesional para entonces, cuando transcurría la mitad de la década del 70.
Veloz en la juventud, político en la adultez, Rubalcaba no compitió jamás en los Olímpicos, pero hoy es el último día de su campaña en estas elecciones que podrían verse como las más importantes de su carrera. Mañana son los comicios generales, en los que están en juego más que 100 metros planos. La vida cambia como las circunstancias y la situación del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) está tan trabada que, con todo en contra, difícilmente podrá obtener la victoria. Es como si él, de 60 años, tuviera que saltar de nuevo a la pista y su rival fuera Usain Bolt.
“Lo que le espera al PSOE en España dentro de unos días es al parecer una catástrofe sin paliativos”, escribió el columnista Jordi Alba del diario El País. Las encuestas otorgan alrededor del 45% de la intención de voto a su rival, Mariano Rajoy, representante del Partido Popular, mientras que Rubalcaba roza el 30%. El favoritismo para Rajoy, como el pesimismo para Rubalcaba, se extiende hasta los 350 escaños del Congreso de los Diputados que estarán en juego al tiempo con 208 de los 264 asientos del Senado. Así que el PP no sólo podría ganar la presidencia española, también estaría en capacidad de obtener la mayoría absoluta.
A mediados de 2010, el escritor Juan José Millás publicó una entrevista-perfil de Rubalcaba, quien en ese tiempo tenía el cargo de ministro del Interior. En uno de los apartados, Millás le pregunta las razones por las que aceptó ser ministro y sobre la posibilidad de ser vicepresidente de José Luis Rodríguez Zapatero: “Cuando ganamos las elecciones quise retirarme. Pretendía morir dignamente. No creo que sea fácil pasar de una vida como esta, con jornadas de 14 y 15 horas (...). Me hace mucha gracia cuando dicen eso. ¡Dios mío, volver a La Moncloa! Ya estuve allí y no quiero volver”.
Rubalcaba ya había estado en La Moncloa entre 1993 y 1996, nombrado ministro de la Presidencia y Relaciones con las cortes por Felipe González, cuando una crisis económica como la de hoy no aparecía en los planes, sin cinco millones de desempleados, sin que el país estuviera al borde de la bancarrota. Sin embargo, tres meses después, la realidad cambiaría y él aceptaba un nuevo puesto: el de vicepresidente y portavoz del gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Allí, el paso fue fugaz, como el de los velocistas. En julio pasado, naufragando en una crisis de gobierno, el partido lo necesitó para ser candidato a la Presidencia e intentar que España siguiera manejada por la izquierda. Dijo adiós nuevamente a La Moncloa, aunque su objetivo próximo fuera regresar de nuevo, esta vez en calidad de presidente.
El columninsta de Diariocrítico Enrique Gomáriz Moraga escribió: “Puede que Rubalcaba se haya sacrificado por su partido y que, en la búsqueda de evitar una derrota entre los propios, haya elegido un camino belicoso que acabe por conducirle a su suicidio político. La política, como la vida misma, puede resultar así de ingrata”.
Era cuestión de gratitud aceptar el reto, ser la cara de PSOE en un momento crítico después de una carrera decididamente antifranquista en su principio y brillante en los buenos tiempos de Zapatero en el poder, porque no todo fue tan malo como es ahora.
Zapatero fue reelegido en 2008 después de un primer gobierno exitoso y se convirtió en el impulsor de iniciativas como el matrimonio homosexual, la consolidación de la llamada Alianza de las Civilizaciones —que a través de la ONU acercó a Occidente con el mundo árabe para combatir al terrorismo internacional— y una sucesión de golpes contra la banda Eta que llevaron a su debilitamiento y a su reciente anuncio de cese al fuego. Y Rubalcaba siempre aparecía como escudero del gobierno y no perdió la posibilidad de decirlo en su cita con Millás: “Soy el responsable de una Policía y de una Guardia Civil que detuvieron a casi 800 presuntos etarras en unos años y que han llevado a Eta a la peor situación en la que ha estado nunca, probablemente a su final”.
Todo iba bien hasta que el barco del PSOE se estrelló con el iceberg de la crisis en 2009 y se evidenciaron las falencias del gobierno en sus políticas económicas, como en su poca acción frente a la burbuja inmobiliaria que crecía en el país, los intentos fallidos por generar empleo y el error en el cálculo del impacto que el mal momento tendría en las finanzas españolas. La deuda pública rondó el 10% del PIB, el desempleo creció al 17% de la población y la producción industrial decayó un 24% .
Después de la bancarrota de Irlanda, Grecia y Portugal, España, al lado de Italia, son los países que más riesgos afrontan en la Unión Europea con deudas públicas que preocupan y ponen a sudar. El PSOE en medio de una tormenta.
Mariano Rajoy, en cambio —después de dos derrotas consecutivas a manos de Zapatero—, siguió la línea de la oposición para hacer ver el agua que venía cuello arriba, señalar con tono implacable cada paso en falso y hacer ver posible que el país podía ser lo que se era antes. Los resultados los reflejan las encuestas y el representante del Partido Popular ya abona el terreno para su llegada: “Un gobierno, por bueno que sea, ni lo puede hacer todo ni lo va a hacer todo. Es la gente la que pone en marcha un país. Se necesita un gobierno que genere condiciones, pero necesitamos sobre todo una sociedad confiada”.
El futuro luce resuelto en contra de Rubalcaba, quien como doctor en ciencia química no logró mezclar una gran ola de tiempos difíciles con algunas gotas de esperanza. Que el gobierno cree nuevas políticas de empleo e imponga impuestos progresivos y tributos a los grandes capitales, las licoreras y las tabacaleras, son propuestas que hasta ahora se quedan en un discurso que se aleja del Ejecutivo.
Perderá, pero al menos ha intentado dar la lucha para evitar una debacle partidaria que abra todas las puertas del Estado a sus rivales de políticos. Después de más de 35 años en el juego, de ser diputado, ministro de Educación y también de Defensa, existe la posibilidad de que aguarde pacientemente a que la pista esté libre para volver a correr.
España y Colombia, buena amistad
En el encuentro que sostuvieron en abril de este año Juan Manuel Santos y José Luis Rodríguez Zapatero, el mandatario español destacó que además de la inversión de importantes empresas en Colombia, a ambas naciones las une “la lucha contra el terrorismo (Eta-Farc) y la cooperación policial”, en una relación fructífera y de amistad. De hecho, España es una de las naciones que más recursos ha entregado al país para programas sociales . Mariano Rajoy, el inminente ganador de las elecciones de mañana, ha sugerido en diferentes oportunidades que es de su interés estrechar lazos con América Latina —de hecho el Partido Popular cuenta con una oficina en Bogotá—, lo que supondría una continuidad en temas de inversión y de cooperación entre los dos países.