8 Dec 2010 - 8:58 p. m.

La cazadora de mariposas

Blanca Huertas es la curadora de la colección de mariposas del Museo de Historia Natural de Londres, la más importante del mundo.

Liliana López Sorzano

Lo que algún día comenzó como un juego de niña correteando mariposas amarillas y rosadas, atrapando escarabajos en los prados bogotanos llenos de dientes de león, se convirtió en una profesión. Blanca Huertas es desde 2005 la curadora de la colección de mariposas —la más importante del mundo— del Museo Nacional de Historia Natural de Londres.

Su mirada en el mundo primero rastreó el minúsculo pero inmenso universo de los insectos, escudriñando antenas, alas y paticas peludas. Coleccionó flores y plantas y en épocas de lluvia atesoraba cucarrones y escarabajos, pero sus intentos para atrapar mariposas eran fallidos por falta de una red. No era extraña su fascinación por la naturaleza y sus criaturas. Sus padres, todos unos naturalistas, disfrutaban de las caminatas por los campos, del avistamiento de aves y en casa les gustaba ver documentales y leer revistas de la National Geographic. A pesar de todo este entorno “verde”, su primera opción no fue la biología, porque a las ciencias las veía más como un hobby que como una carrera y porque el trabajo con la gente le parecía interesante. “Sin embargo, mi padre me compró el formulario de la Universidad Pedagógica, la cual me pareció un buen balance, entonces le di un chance. Cuando entré a la primera clase del profesor Rodrigo Torres en biología, ya no me quise ir y supe que la biología sí era lo mío”, confiesa Huertas.

Sería este profesor especializado en entomología (estudio de los insectos) y en mariposas quien la alentó a seguir reforzando sus conocimientos y su pasión por las mariposas. Durante los años universitarios tomó todas las clases, cursos, seminarios, congresos que había disponibles sobre insectos. Además, las visitas constantes al campo por diferentes zonas del país para perseguir mariposas, no sólo para el deleite como cuando era pequeña, sino también con todos los equipos para estudiarlas, le dieron esa experiencia práctica tan necesaria.

Así como todos los estudiantes entusiastas que sueñan salir para probarse en terrenos extraños y abrir los ojos con culturas distintas, Huertas aplicaba a múltiples oportunidades de becas, sin conseguir nada con inmediatez. Así que se decidió por una especialización en gestión ambiental en Bogotá. Sus buenas notas le permitieron aplicar a la maestría en biodiversidad y taxonomía en Londres. Huertas sostiene que el contacto con especialistas, las buenas colecciones, el “buen monte”, la academia, la lectura, la investigación y, sobre todo, el apoyo de su familia le dieron todo para especializarse en esa área.

Ya en la capital británica, el Museo de Historia Natural se volvió una especie de templo al que quería volver con frecuencia para admirar toda esa riqueza natural que recorría la historia y la geografía del mundo en un solo lugar. “Me ofrecí como voluntaria para trabajar en la colección de mariposas; así podría tener mejor experiencia y tener un buen recurso para hacer mi tesis”. El trabajo de esta colombiana no demoró en llamar la atención y ser apreciado, lo cual dio como resultado una invitación de su supervisor para escribir a cuatro manos un proyecto de investigación sobre mariposas tropicales. Respeto y confianza fueron los frutos de su estudio, como también lo fue pasar de ser practicante a lograr un trabajo de medio tiempo.

Y así, con el azar de su lado y la suerte en sus manos, se abrió un concurso para reemplazar al curador que se jubilaba, y entre los miles de candidatos de las cuatro esquinas del mundo, consiguió lo más anhelado: ser nombrada curadora y encargada de la colección de mariposas del museo.

Desde entonces sus días nunca son iguales y siempre son intensos. Las horas se le van entre asesorías a colegas, revisando que la colección esté exenta de pestes y daños, dictando charlas, atendiendo a los visitantes más curiosos, escribiendo artículos y en la recolección de ejemplares en el campo. Cuando tiene visitantes especiales, Huertas les muestra las mariposas más antiguas o las recolectadas por famosos como Darwin, o las más coloridas, pero confiesa: “Siento grandes afectos por aquellas que he descubierto con mis compañeros de expediciones. Recuerdo bien dónde y cómo colecté cada mariposa”. Rodeada todos los días de millones de estos lepidópteros coloridos, esta colombiana tiene la oportunidad de ver especímenes diferentes, que nunca ha visto al aire libre. En el campo le ocurre algo similar, porque las hay que vuelan raro, otras que tienen una manera particular de posarse y no se ven como nada que haya en el museo. Para esta bióloga es fascinante estudiar este grupo, pues el concepto de lo común y lo normal es escaso.

A pesar de que tiene uno de los trabajos más codiciados en su campo, el clima de Londres sólo lo puede sobrellevar gracias al amor de su pareja. “Vivir fuera del país es difícil por el llamado ‘choque cultural’, el idioma, la comida, etc. Aprendí que la mala imagen de Colombia en el exterior se cambia con acciones: mostrando una sonrisa, que somos buenos trabajadores y honestos y que tenemos mucho potencial en busca de una oportunidad. Me siento muy orgullosa de tener el privilegio de mostrar otra cara amable del país con las mariposas, en el Museo y en el Reino Unido”. Para Blanca Huertas es un honor y, al mismo tiempo, significa una gran responsabilidad estar rodeada de una colección única en el mundo, la cual nunca podría reemplazarse si llegara a perderse. Sin embargo, sueña con Colombia una y otra vez hasta que se pueda quedar en un país para descubrir sin miedo.

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