Publicidad

La felicidad es contagiosa

Dos investigaciones establecen cómo se transmite la alegría a través de las redes sociales de amigos, familiares y parejas.

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
Redacción Vivir
06 de diciembre de 2008 - 02:24 a. m.
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

¿De qué depende la felicidad? Filósofos de todos los tiempos han intentado una respuesta. Desde Aristóteles, cuando aseguró que la verdadera felicidad estribaba en el libre ejercicio de la mente, hasta Arthur Schopenhauer, que sentenció que las nueve décimas partes de nuestra felicidad se fundan en la salud. Con un poco más de humor, Woody Allen alegó que “el dinero no da la felicidad, pero procura una sensación tan parecida, que necesita un especialista muy avanzado para verificar la diferencia”.

De un tiempo para acá, la más envidiada de las emociones se ha convertido en motivo de estudio para investigadores médicos, economistas, psicólogos y neurocientíficos, entre otros. Un amplio rango de factores han sido identificados como estímulos de la felicidad (o la infelicidad): ganar la lotería, perder el trabajo, divorciarse, sufrir una enfermedad y ser víctima de iniquidades socioeconómicas. Incluso ciertos genes estarían involucrados.

Pero esta semana, dos investigadores, James Fowler y Nicholas Christakis, el primero de la Universidad de California, y el segundo de la escuela de medicina de Harvard, han hecho un importante aporte a la que podría bautizarse como la ciencia de la felicidad. 

En el British Medical Journal, una de las revistas con más prestigio entre la comunidad médica mundial, los dos investigadores presentaron las conclusiones de un trabajo que involucró a 4.739 individuos a quienes se les hizo seguimiento a lo largo de 20 años.

Su objetivo principal consistió en medir hasta qué punto la felicidad de otras personas puede influir en nuestra propia felicidad. Para esto, recurrieron a la información que ha ido arrojando el famoso Estudio del Corazón de Framingham. Se trata de un monumental estudio que comenzó en 1948 con 5.209 habitantes de la localidad de Framingham y que hoy, luego de sumar los hijos y nietos de estas personas, ya involucra 12.067 individuos a los que se les hace un constante monitoreo, no sólo de su salud, sino también de su situación social y económica.

Fowler y Christakis, aprovechando esa mina de información recopilada a lo largo de 60 años, construyeron un modelo informático para recrear la red social que envuelve a 4.739 de los primeros participantes. Recopilaron datos sobre sus padres, esposos, hijos, vecinos, amigos. Utilizando un sencillo examen de cuatro preguntas, catalogaron el grado de felicidad de cada persona.

Los resultados que obtuvieron son asombrosos: “Al examinar las redes sociales encontramos que la gente feliz tiende a estar conectada con otras personas felices”, explicaron los autores.

Establecieron que la probabilidad de que una persona sea feliz, si está conectado directamente con alguien que es feliz, aumenta en un 15,3%. Lo llamativo es que una segunda persona que sea feliz y con la que se tenga contacto sólo indirectamente, a través de un pariente o amigo, también influye en nuestra felicidad en un porcentaje cercano al 9%.

Por otra parte, por cada persona feliz a nuestro alrededor, la probabilidad de contagiarnos con esa felicidad aumenta en un 9%, y por cada persona que no es feliz, nuestra felicidad decrece en un 7%. “Este modelo muestra que las personas felices influyen más en nuestra felicidad que las infelices”, apuntaron los científicos.

El estudio también permitió concluir que el principal determinante de la felicidad de una persona es haber sido feliz en alguna otra época de su vida. La edad, el sexo y la educación tuvieron efectos significativos. Las mujeres resultaron menos felices que los hombres y las personas, cuanto más educadas son ligeramente más felices.

Otra poderosa fuente de felicidad son los amigos y la pareja. La felicidad de un amigo aumenta hasta en un 63% la probabilidad de alcanzar la propia felicidad. Y la de nuestra pareja, en un 8%. Aunque la distancia afecta estos porcentajes no los destruye.

Pero más sorprendente es el poder que reside en nuestros vecinos. La investigación estableció que cuando nuestros vecinos, los que viven justo en la casa o el apartamento de al lado, son felices, nuestra probabilidad de alcanzar el mismo estado emocional aumenta un 34%.

Una explicación al porqué los vecinos y los amigos influyen más en nuestro ánimo que la propia pareja, se relacionaría con el


hecho de que la felicidad se extiende con más facilidad entre personas del mismo sexo según el mismo estudio.

En su editorial, la revista reconoce la importancia de estas conclusiones. “Los epidemiólogos han estudiado largamente cómo las redes sociales afecta la transmisión de infecciones. Como lo sugieren los autores, los comportamientos y los estados psicológicos relevantes para la salud también se pueden trasmitir de persona a persona. Sin embargo, es un proceso difícil de investigar porque no se puede medir directamente”.

Aunque no hay certeza sobre cómo se contagia la felicidad, varias hipótesis se barajan. Según Fowler y Christakis, muchas personas felices comparten su fortuna (por ejemplo, siendo generosos económicamente) o cambian su actitud y comportamiento hacia los demás (por ejemplo, siendo menos hostiles). No descartan que mecanismos biológicos estén en juego.

Lo cierto es que el contagio de la felicidad, como ya ha sido probado con la obesidad y la adicción al cigarrillo, puede extenderse hasta en tres grados de familiaridad. “Nuestro descubrimiento tiene relevancia para la salud pública”, apuntaron los científicos, “es el reconocimiento de que la salud de una persona tiene efectos en la salud y el bienestar de muchos otros”.

La obesidad se contagia con la amistad

Es común que las personas tomen precauciones para evitar ser contagiadas por enfermedades que aquejan a quienes se encuentran cerca diariamente. Desde no tomar líquidos del mismo vaso, hasta mantenerse totalmente alejado en los casos en los que la gripa es la enemiga.

Pero de acuerdo con una investigación de la Universidad de Yale de los Estados Unidos, hay otro grupo de enfermedades que se contagian socialmente: el acné, el dolor de cabeza y la obesidad.

Los investigadores, dirigidos por Jasosn Fletcher, hicieron un seguimiento a los registros hospitalarios de la ciudad de Boston durante tres años (de 1994 al 95, de 1996 al 96, y del 2000 al 2001), para analizar la frecuencia con la que aparecían pacientes padeciendo estos tres males.

El análisis vinculó a más de 5.000 personas que fueron sumándose a los registros luego de que alguno de sus amigos se presentara a los centros de salud en busca de atención médica, ya fuera por culpa del acné, de un aumento de peso o del dolor de cabeza.

En las conclusiones, los investigadores también incluyen datos de fumadores que inician el consumo de tabaco luego de que la gente que lo rodea lo hacía con anterioridad. El riesgo de convertirse en un fumador es del 36% si continuamente se está cerca a alguno y el de aumentar de peso se aproxima al 57%.

Este tipo de estudios, dentro del que también se incluye el del contagio de la felicidad, es una apuesta al análisis que sostiene que la salud de las personas depende de la salud de su entorno social.

Por Redacción Vivir

Temas recomendados:

 

Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación
Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta  política.