“En cierto momento de mi bachillerato nos tocó estudiar la célula”, contaba el filósofo colombiano Estanislao Zuleta en una entrevista, “el profesor, apoyado en el tablero, nos pintó un círculo y explicó: ‘Esta es la célula’. Más por fe que por razón aceptamos que eso era la célula. Se nos decía también que era microscópica a pesar de que allí se veía”.
“Esto que ustedes ven aquí es la membrana, dentro de la membrana está el plasma y en el plasma está el núcleo y poco a poco se van formando los cromosomas hasta que se ahorcan y se forman dos células. Entonces el maestro pintaba dos bolitas en el tablero. Lo que resultaba interesante de este procedimiento es que uno como estudiante tenía la ilusión de aprender, pero precisamente porque no pensaba, se limitaba a ver, oír y repetir”.
La crítica que el filósofo antioqueño lanzó en 1985 sobre el sistema educativo colombiano no parece nada inoportuna hoy. Pese a los progresos en cobertura, el país sigue patinando en los últimos puestos de las pruebas internacionales. Calidad. Calidad. Calidad. Es la palabra que todos repiten y el actual Gobierno, que esta semana lanza su “política educativa para la prosperidad”, ha prometido conseguir.
¿Cuál camino seguir? ¿Mejores salarios para los maestros? ¿Inversión en infraestructura? ¿Priorizar la primera infancia? ¿Exigir reformas curriculares? ¿Capacitación de rectores? ¿Apostar por modelos novedosos como los colegios en concesión? Bogotá constituye un buen ejemplo de cómo chocan a menudo las diferentes visiones políticas sobre el tema. Mientras Enrique Peñalosa impulsó con entusiasmo los colegios en concesión, su sucesor, Lucho Garzón, criticó la estrategia y prefirió regresar al modelo tradicional de colegios públicos (ver artículo en la página 18).
La fórmula del éxito educativo no es una pócima secreta. Decenas de modelos exitosos pululan en el país. Desde el Colegio La Quinta del Puente en Floridablanca, Santander, que año tras año ocupa los primeros lugares en las Pruebas de Estado, hasta el Colegio Bilingüe Diana Oese, en Cali, fundado hace 27 años por una educadora en honor a su hija, existe un conjunto de instituciones educativas que parecen conocer muy bien los ingredientes que se deben mezclar.
Escuchar hablar a los rectores de los diez mejores colegios de Colombia despierta el optimismo por las transformaciones sociales que se pueden lograr a través de la educación. Aunque cada uno ha explorado un camino propio, en el fondo sus reflexiones confluyen en los mismos lugares.
Superprofesores
Desde hace 33 años Matilde González de Salazar ha estado al frente del Colegio La Quinta del Puente en Floridablanca, Santander. Este colegio privado figura en el primer puesto de las pruebas de Estado. Para la educadora varios factores confluyen en el éxito de su colegio: una planta física excelente, estructura administrativa capaz de entender el colegio como una empresa sólida, directivas conscientes de las necesidades de cada generación de niños y un trabajo hombro a hombro entre padres y docentes.
“No es una labor fácil”, dice la rectora santandereana, para quien si el país quiere mejorar su educación, debería concentrarse en capacitación docente y formación preescolar. “La calidad se logra ayudando a los docentes -argumenta-. Colombia necesita que la profesión de docente tenga la altura de las otras profesiones”. Sobre la educación en los primeros años tiene una sencilla convicción: “Lo que se hace entre los 0 y 5 años determina el futuro”.
Raúl González, director de proyectos especiales del Colegio Vermont en Bogotá, comparte la idea de contar con maestros motivados y bien capacitados como un pilar de la educación. Considera que junto a una educación centrada en el desarrollo de competencias y la enseñanza desde las primeras etapas de la infancia, la preparación de los docentes es indispensable. “Nuestros profesores tienen un mínimo nivel de pregrado y el 25% cuenta con alguna especialización o maestría. Queremos subir ese porcentaje a un 50%”, explica González.
Para este ingeniero, que dejó a un lado su profesión para dedicarse a la docencia, es claro que si no se mejora el estatus del maestro, no se podrá avanzar: “Eso es esencial. Cuando uno sale a la calle y dice que es profesor de colegio le da pena, porque los demás piensan ‘pobre maestrico’”. Un respeto que podrán comenzar a reclamar en la medida en que aumenten los salarios. Un maestro que ingresa a un buen colegio privado recibe un salario promedio de $1’400.000. Pero en colegios privados de bajo estrato esa cifra escasamente supera el salario mínimo a cambio de 40 horas de trabajo, 32 de ellas dentro del aula y muy poco tiempo para preparar clase y corregir evaluaciones. “Un salario de $2 millones para empezar sería un salario digno”, cree González.
Un espacio acogedor
Todas las mañanas durante media hora, los más de mil estudiantes matriculados en el Colegio Bilingüe Diana Oese, deben concentrarse en una lectura. Es un hábito que María Esperanza Rivas, rectora de la institución desde hace 27 años, quiere inculcar a sus pupilos. La fórmula de su éxito académico es una mezcla de varios ingredientes. En primer lugar sus instalaciones. Un sinnúmero de investigaciones pedagógicas han demostrado que existe una relación estrecha entre el ambiente educativo y el aprendizaje, argumenta su rectora. Más de 30.000 metros cuadrados de área campestre respaldan esa convicción.
Curiosamente, la educadora menciona la dieta balanceada como otro de los elementos necesarios en la búsqueda de la calidad. No es un asunto menor. El cerebro es un órgano de un gran apetito, especialmente el de los niños. Su peso corresponde a menos del 2% de todo el cuerpo, sin embargo consume entre el 20 y 30% de las calorías que ingerimos. Un estudio con 396 niños en Australia y otro con 394 en Indonesia demostraron que aquellos que recibían una dieta balanceada puntuaban más alto en pruebas de inteligencia verbal, aprendizaje y memoria. “Por eso promovemos buenos hábitos alimenticios. Hay un menú diseñado por una especialista en el que se excluyen las gaseosas, los fritos y los paquetes”.
Miriam Copete, vicerrectora del Colegio San Jorge de Inglaterra de Bogotá, coincide con su colega en la importancia de una dieta correcta y aporta un ingrediente nuevo a la receta de la excelencia: evaluación externa. En un gesto bastante solitario, el colegio somete a sus estudiantes a evaluaciones especializadas que realizan expertos de la Universidad de los Andes y de la Universidad Nacional, lo que les permite detectar problemas en el modelo educativo.
Padres activos
“Los niños de hoy, si quieren garantizar su éxito en el mundo laboral, tienen que desarrollar competencias comunicativas muy altas, un pensamiento crítico, la capacidad de pensar matemática y científicamente. Pero a esto se debe sumar la estabilidad en su parte afectiva”, plantea María Mercedes de Brigard, quien desde hace 13 años ha estado al frente del Colegio La Montaña, de Bogotá. “Niños disciplinados pero felices es la gran apuesta de La Montaña y esto no sería posible sin la participación activa de los padres. Estamos convencidos de que un esquema educativo en el que los papás no jueguen un papel protagónico no será exitoso”.
Jesid Puentes, rector de colegio católico San Mateo Apostol, en Bogotá, respalda esa idea, así como los otros factores mencionados por sus colegas, pero añade uno más. Un modelo pedagógico inspirado en el Proyecto Zero de la Universidad de Harvard donde el mensaje principal es “qué sabes hacer con lo que sabes”.
Quizá si Estanislao Zuleta, uno de los pensadores más profundos de las debilidades de la educación en Colombia, hubiera pasado por uno de estos colegios no habría salido “a gatas en cuarto de bachillerato” porque no aguantaba más la mala educación que recibía.
Los 10 mejores en el examen de Estado
Hay muchos factores que influyen en el momento de evaluar el nivel educativo de una institución. Está claro que el actual examen de Estado no puede ser el único parámetro a tener en cuenta. Sin embargo, por tratarse de la única prueba estandarizada a nivel nacional resulta un indicador muy útil para este fin.
Para crear la lista de los 10 mejores colegios, El Espectador reunió los datos públicos de los resultados nacionales de las pruebas de 2009. Reconocemos que se trata de un parámetro injusto con el esfuerzo de decenas de colegios. El objetivo de esta serie de artículos no es otra que incentivar el debate sobre la calidad.
La prosperidad de la educación
El próximo miércoles 10 de noviembre se llevará a cabo el lanzamiento de la “Política educativa para la prosperidad”, por parte del Ministerio de Educación. El propósito de este evento, que contará con la asistencia de la ministra María Fernanda Campo y el presidente Juan Manuel Santos, es firmar un gran acuerdo nacional para la educación de calidad. En el pasado Encuentro para la Prosperidad, que se celebró en Montería en el mes de septiembre, la Ministra se pronunció sobre la calidad educativa como la principal responsable de formar “seres humanos competentes y competitivos en un entorno globalizado”. Además agregó que “la mala calidad en la educación es causa de más desigualdad y más pobreza”.