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Cinco años después del lanzamiento del Wii, la consola que introdujo el movimiento del usuario en el estático mundo del videojuego, Nintendo lanzó la segunda generación de este dispositivo y, al igual que en 2006, la máquina aparece como un punto de giro en la industria.
El mayor cambio de la nueva consola, llamada Wii U, es el rediseño del control, que ahora no es un pad común y corriente (con botones y joystick), sino que posee una pantalla de 6,2 pulgadas justo en la mitad del equipo. En otras palabras, el nuevo controlador, además de los clásicos botones, es una tableta que también tiene la posibilidad de manipularse táctilmente.
El Wii U aún descansa principalmente sobre la proyección del juego en un televisor, pero la pantalla extra en el control abre un universo de nuevas posibilidades para el jugador, al poder tener vistas alternativas de la acción o información adicional (mapas en juegos de quest suenan como una buena idea). El controlador en forma de tableta también está equipado con sensores de movimiento, así que puede ser usado como escudo, por ejemplo, en un juego que lo requiera. El presidente de Nintendo, Satoru Iwata, aseguró que la experiencia del videojuego será “más ancha y profunda: los juegos se verán en una forma completamente diferente”.
Además de estos cambios, el Wii U entró al mundo del video en alta definición (función que notablemente le hacía falta a la primera versión) e incorporó, encima de todo, un micrófono y una cámara en el control: la tableta tiene la posibilidad de hacer videoconferencia, como sucede con la aplicación FaceTime del iPad 2. El controlador también puede ser utilizado como la única pantalla de visualización, en caso de que otra persona necesite hacer uso del televisor.
Y es que, luego de ser la consola líder durante un buen tiempo, la falta de hardware más robusto (gráficas en alta definición, más músculo en el procesador, entre otras) fue haciendo que la competencia (Xbox y PlayStation 3, de Microsoft y Sony, respectivamente) comenzara a recortarle el terreno bien ganado a Nintendo que, según cifras reportadas por el diario The New York Times, ha vendido casi 36 millones de unidades de la primera generación de Wii. Los dispositivos de Microsoft y Sony cuentan con poderosas tarjetas de video e, incluso, con múltiples procesadores, que entregan una experiencia de juego técnicamente superior al hijo favorito de Nintendo.
La competencia sólo se ha vuelto más voraz con el pasar de los años, pues tabletas como el iPad de Apple se han convertido en polos magnéticos para atrapar a nuevos jugadores por varias razones, entre ellas, la amplia oferta de juegos a precios más asequibles que los de una consola de videojuegos que, bueno, sirve básicamente para jugar y nada más.
Sin embargo, aún faltan datos claves en la ecuación del éxito del Wii U, como su precio, que no fue revelado por la compañía en la convención de videojuegos E3, que actualmente se realiza en Los Ángeles. Asimismo, Nintendo tampoco ha aclarado si los juegos de la primera versión serán compatibles con la nueva consola. El fabricante afirmó que los antiguos controles del Wii podrán seguir siendo utilizados, lo que permitiría intuir que asimismo sucederá con los juegos. Tal vez.
La jugada de Nintendo pareciera encarar los retos propuestos por sus competidores de siempre, así como de nuevas tecnologías como las tabletas. La introducción de una segunda pantalla puede representar, como sucedió con los controles inalámbricos y los sensores de movimiento del primer Wii, una nueva era en el videojuego y en la guerra de las consolas.
De acuerdo con reportes del diario inglés The Guardian, la acción del fabricante japonés cayó 5% después del lanzamiento. ¿Escepticismo ante la vanguardia? De pronto. ¿Presagio de la catástrofe? Quizá. ¿Impresionante? Por supuesto.