27 Apr 2019 - 3:33 p. m.

La importancia de observar a tiempo

Desde el primer día de vida, los padres tienen la responsabilidad de estar atentos al desarrollo de los menores y acudir a especialistas si ven que algo no funciona bien.

Redacción Especiales

“No quiero tener hijos, eso me cambiaría por completo la vida”; “No está en mis planes, más adelante tal vez”; “Por mucho uno, y lo estoy pensando”; “Yo sí pienso tener hijos, me gustaría tener mi familia”. Estas son algunas de las expresiones que se oyen frente a la tarea de ser padre. Y aunque pocos lo tienen en sus planes, el año pasado, según cifras del DANE, se registraron 162.928 nacimientos, de los cuales el 51,3 % fueron hombres y 48,7 % mujeres. Sin duda alguna es una etapa que transforma la realidad de las parejas y con ello también genera la responsabilidad para tener pautas correctas de crianza y un seguimiento al desarrollo psicológico y motriz.

Una tarea que requiere, por parte de los padres, observación y disposición para aprender a suplir las necesidades del niño en cada etapa de su crecimiento. “Hoy los padres tienen acceso a información valiosa, a la que se le puede sacar mayor productividad, y hago referencia especialmente en el tema de la neurociencia”, señala Annie de Acevedo, experta en temas de neuropsicología, quien lleva más de 30 años trabajando en temas de crianza y desarrollo infantil en Colombia y quien hace énfasis en la maleabilidad del cerebro y la oportunidad de corregir daños que se creían irreversibles y que se pueden hacer en los primeros años de vida.

Ventanas de oportunidad lo definen desde la ciencia, y consiste en que los padres sean conscientes de las etapas que el niño vive para hacer un seguimiento y así identificar alguna anomalía. Es durante la primera infancia que se cultivan los elementos necesarios para tener un adecuado desarrollo, prevenir enfermedades y promover la salud de toda la vida. Las experiencias y vivencias que tengan los niños definen el desarrollo, o por el contrario, pueden conducir a su deterioro. Especial atención merece el desarrollo del sistema nervioso central, dado que durante los primeros años este tiene una alta capacidad de renovación y plasticidad.

Durante el primer año de vida se continúa la maduración del desarrollo motor, emocional, social, de vocabulario y de pensamiento lógico en el niño. En los primeros meses esto se hace manifiesto con el logro del sostén de la cabeza, más o menos hacia los dos meses, y con las primeras sonrisas del bebé hacia sus seres queridos y a su madre. Un poco más adelante, pero aún en el primer año, comienzan el gateo y los primeros sonidos intentado emular las palabras, así como las primeras respuestas a preguntas que empieza a entender: todo ello signo de un adecuado desarrollo.

“Es fundamental que el niño no se salte ninguna etapa, por ejemplo gatear, porque puede generar irregularidades al caminar. En ese momento la observación de los padres es clave para buscar ayuda profesional”, destaca la psicóloga Annie de Acevedo, mientras continúa explicando que después de los 12 meses se perfeccionan funciones como caminar y hablar. En el campo social es evidente que reconoce su familia y se inquieta con desconocidos. Asimismo, logra reconocer partes de su cuerpo, señalar y responder a órdenes sencillas. Luego los niños de dos años perfeccionan muchas habilidades físicas como correr, jugar con balones y torres, aprenden costumbres culturales y hábitos de higiene y reconocen muchas de las palabras y frases que se les dicen. En el campo social saben y desean jugar con otros niños, así como con sus padres.

Posteriormente, y luego de los 3 años, se aprende a colorear, trepar y saltar, se perfeccionan aspectos de la motricidad fina como recortar y pasar páginas de un libro, se memorizan más conceptos como los números, muestran sus emociones e incluso rasgos del carácter, y comienza su interés por conocer aspectos del mundo que les rodea preguntando e indagando sobre cosas que les generan inquietud. Después de esas edades, ya asimilando cada etapa, “los padres deben tener el ojo bien abierto para identificar las fortalezas y debilidades. Con estas últimas sí es necesario acudir a un profesional médico para descartar problemas de aprendizaje o algunas enfermedades”, asegura la psicóloga.

Todo el proceso es un trabajo en equipo entre la familia, amigos y equipo médico, pues es en conversaciones con otras personas que se identifican problemas de equilibrio, crecimiento o incluso si los niños son sociables o no. Actualmente a consulta, refiere la especialista, llegan casos en los que se sospecha que los niños están en el espectro autista, con problemas de aprendizaje, déficit de atención con hiperactividad y sin hiperactividad. Esto se cree que va en aumento por factores como contaminación del medioambiente, consumo de sustancias psicoactivas durante el embarazo o por causas genéticas.

En conclusión, es la tarea de los padres acompañar a los niños en cada etapa, y que estas se caractericen por unidad familiar, entornos donde se fomente el diálogo, el juego como herramienta de aprendizaje y que el ejemplo sea la mejor arma para educar. “No podemos olvidar que los niños aprenden por imitación y nuestra tarea es potenciar sus fortalezas”, puntualiza Annie de Acevedo.

 

La doctora Annie de Acevedo maneja el único Centro Bilingüe para niños con problemas de aprendizaje y problemas psicológicos en Colombia.

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