19 Mar 2009 - 3:51 a. m.

‘La pasión de Gabriel’

Único largometraje colombiano seleccionado para la competencia oficial del Festival de Cine de Guadalajara.

El Espectador

La pasión, el único largometraje colombiano seleccionado para la competencia oficial del Festival de Cine de Guadalajara, fue una película donde se conjugaron incertidumbres y aciertos. En la mente de Luis Alberto Restrepo, su director, vagaba el miedo de no poder finalizar su película por el invierno que fustigaba las poblaciones de Risaralda, que  utilizaba como locación.

A Andrés Parra le preocupaba no lograr conjurar las cargas emocionales que el personaje de Gabriel le pedía, mientras María Cecilia, tímida aún con sus colaboraciones en Satanás y Adiós Ana Elisa, iba aprendiendo en el acto cómo centrar sus expresiones en puestas de escena y en juegos de cámara que el director juzgó hacer a ritmo veloz.

“La historia resultó de una charla con el actor Diego Vásquez, quien me contó una serie de historias donde estaban involucrados sacerdotes que habían tenido relaciones con mujeres”, comenta Luis Alberto. 

Así comenzó un proceso de investigación que concluyó un año después con la escritura del guión. Luego se hizo el casting, donde se buscó a un Gabriel atlético, moreno, alto y de ojos oscuros. “Me presenté a hacer una escena y terminé haciendo siete, salí muy achantado y le dije al director de casting, ‘bendito el actor que se lleve este personaje”. Al final me lo cargué yo contra todo pronóstico”, expresa Andrés Parra, conocido también por sus papeles en las series El cartel de los sapos y en Muñoz vale por dos.

Con María Cecilia, quien interpreta a Silvia, una aguerrida joven de la que el cura Gabriel se enamora, la cosa fue más sencilla. “Tengo experiencia en vivir en pueblo, me crié en Santander de Quilichao, en el Cauca, y vieron que tenía ciertos códigos y rasgos corporales muy del campo y eso les gustó”, comenta.

La pasión de Gabriel cuenta la historia de un sacerdote entusiasta que, decidido a preservar sus ideales para ayudar a una población remota que padece las presiones del conflicto armado, termina envuelto en una maraña de intrigas, miedos y pasiones que con el paso del tiempo van opacando su reputación. A la vez, sin querer traicionar sus convicciones, Gabriel sufre el drama de luchar contra sus propias  pasiones, ya que se encuentra atraído por la caprichosa Silvia, la secretaria del alcalde.

Al final Gabriel se pelea con todo el mundo, el pueblo, la guerrilla, el ejército, la iglesia, los políticos y la mujer que ama. Confundido y despreciado, después de haber dado de sí lo mejor para el bien común, Gabriel cumple el trágico final de todo sacrificado: ser un redentor.

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