Publicidad

La sexualidad y el placer

La sexualidad, después de dos mil años de historia, empieza a ser reconocida y definida por la OMS como un aspecto central de la humanidad, que abarca sexo, erotismo, placer, intimidad y reproducción y es expresada por pensamientos, deseos, fantasías, creencias, valores y comportamientos.

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
Liliana Arias Castillo/ Médica Familiar - Sexóloga Humanista
28 de mayo de 2008 - 07:12 p. m.
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

La integralidad de la definición incluye la interacción de múltiples factores: biológicos, sicológicos, sociales, económicos, políticos, culturales, éticos, legales, religiosos y espirituales. No obstante, la historia de la humanidad ha centrado la sexualidad en componentes y consecuencias negativas, ligadas casi exclusivamente al fin reproductivo, al pecado, la represión, coerción y negación del placer.

Es tiempo de reconocer el placer en la sexualidad, evocando a Venus, diosa del placer. El placer es efímero y su posibilidad de permanencia se da por la memoria, el pensamiento y la experiencia sensorial.

Los sentidos traen consigo la percepción mágica de los estímulos visuales, auditivos, táctiles, gustativos, olfativos. Estos son realmente moléculas o vibraciones que al transformarse en señales eléctricas le comunican al cerebro lo que acontece en el exterior y crean la conciencia del placer.

Algo muy interesante en relación con el placer sexual, es la capacidad de combinar y experimentar más de un sentido simultáneamente, lo cual posibilita ver sonidos y degustar olores para recrearse en los confines de los estímulos placenteros y el goce de la intimidad.

Las sensaciones y el placer sexual tienen lugar en el hipotálamo, la amígdala y el hipocampo entre otras estructuras del cerebro, que al ser activadas por los neurotransmisores excitatorios que conllevan al orgasmo, lanzan cantidades masivas de dopamina, seguidos por altos niveles de oxitocina que producen la sensación relajante y placentera del orgasmo.

Es probable que el arribo del siglo XXI con los desarrollos investigativos que reconocen al cerebro como el principal órgano de la sexualidad, traiga consigo la desmitificación del placer como lo prohibido y reconozca al placer sexual como una fuente natural para el logro del bienestar. Esto, gracias al fuerte componente de oxitocina, conocida como la hormona de la felicidad, que se libera en cada orgasmo y en los contactos piel a piel. Ambos componentes de las expresiones de afecto y de las artes amatorias entre las personas.

Por Liliana Arias Castillo/ Médica Familiar - Sexóloga Humanista

Temas recomendados:

 

Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación
Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta  política.