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En nuestro país, 33 de cada 100 mil mujeres son diagnosticadas con cáncer de seno cada año, una enfermedad que puede ser mortal de no detectarse y tratarse a tiempo. Por suerte, muchas mujeres logran ganarle la batalla al cáncer y llevar una vida relativamente normal después del tratamiento.
Tres de estas sobrevivientes quisieron compartir su dolorosa experiencia, luego de ser diagnosticadas con esta enfermedad, convencidas de que mediante su testimonio pueden fomentar la cultura del autoexamen y salvar decenas de vidas. Aunque al conocer su estado de salud estas tres valientes mujeres creyeron que habían firmado una sentencia de muerte, gracias al grupo de apoyo de la Liga Colombiana contra el Cáncer (seccional Bogotá), a su deseo de vivir y al tratamiento, lograron curarse. Sin embargo, cada año deben realizarse la mamografía, pues el cáncer puede volver a aparecer.
Fuera de control
“Estaba en los preparativos de mi matrimonio cuando me diagnosticaron cáncer de seno. Llevaba un estilo de vida saludable, hacía aeróbicos casi todos los días, no fumaba y me alimentaba de manera balanceada. Pero estos cuidados no fueron garantía para prevenir la enfermedad. Un día noté que me dolían los senos, sobre todo cuando me iba a llegar el período, e inmediatamente fui al ginecólogo. Durante cuatro años me hice mamografías de control, hasta que en uno de los resultados el médico encontró microcalcificaciones.
Tuve que hacerme una biopsia, mediante la cual me descubrieron el tumor. Era pequeño. Yo tenía dos opciones: hacerme la mastectomía o una cuadrantectomía. Me aterroricé, no concebía que además del diagnóstico tuviera que lidiar con una mutilación. Era terrible. Mi prometido y mi mamá estuvieron todo el tiempo a mi lado. Pero la vida se me salió de control, cancelé el matrimonio y entré en depresión bastante severa. Lloraba mucho, no era capaz de comer ni de dormir y tuve que pedir ayuda psiquiátrica. Además, me vi obligada a ausentarme del trabajo, pues no podía concentrarme. Era incapaz de retomar el control de mi vida.
Finalmente y debido a mis condiciones de salud el médico optó por hacerme la cuadrantectomía y sólo extirpar el área del seno en donde se encontraba el tumor. Después tuve que someterme a 37 sesiones de radioterapia, que afortunadamente no me dieron tan duro. Ya han pasado 16 años. Mi prometido se convirtió en mi esposo y hoy vivo feliz. Aunque sé que debo estar alerta, pues en cualquier momento puede regresar la enfermedad”.
Una noticia aterradora
“Cuando el médico me dijo que tenía cáncer de seno sentí que el mundo se derrumbaba, inmediatamente pensé en mis hijos y mi esposo. Así que pedí una segunda opinión a un médico de la Liga Contra el Cáncer. El día en que confirmó el diagnóstico no pude parar de llorar, no podía caminar, me arrastraba contra las paredes del consultorio sin saber qué hacer, porque uno piensa que cáncer es igual a muerte.
Después vino lo más triste para mí, sentir cómo se me caía el pelo por manotadas mientras me bañaba y luego tener que tomar la decisión de raparme. Pero el doctor me dijo que estuviera tranquila y que siguiera sus indicaciones al pie de la letra, que él me iba a salvar el seno. Y así fue. Me hicieron la cuadrantectomía, 36 sesiones de radioterapia y seis de quimioterapia.
Durante un año batalle contra el cáncer y gracias al apoyo de mi familia puede salir victoriosa. Sin embargo, el miedo sigue latente, me aterra saber que pueda volver a enfermarme. De hecho, no quería comenzar a hacerme los controles y la mamografía cada año y le insistí mucho al médico para que me revisara más seguido. Pero él me explicó que todo estaba bien, que había ganado la pelea y que tenía que retomar mi vida”.
Un canto a la esperanza
“Cuatro meses después de casarme me diagnosticaron cáncer de seno. Tenía 32 años. El matrimonio no se había consolidado y la noticia fue demoledora, nuestra relación no resistió y se terminó. Como era tan joven los médicos no podían creer que estuviera enferma, por eso me hicieron una cirugía en la que me extrajeron la bolita que me había salido en el seno, para mandarla a patología.
Los resultados fueron aterradores: tenía un tumor que medía 4 centímetros por 4 centímetros. Pero como me habían realizado esa intervención sólo quedaba una opción: la mastectomía. Durante la operación me reconstruyeron el seno izquierdo, después tuve ocho sesiones de quimioterapia y 30 de radioterapia.
Para poder dedicarme a mi recuperación decidí ausentarme del trabajo todo un año. Era profesora de preescolar. Sin embargo, toda la vida me ha gustado la música. Así que una vez me dieron de alta opté por dedicarme a lo que me apasiona. Hace poco lancé un disco llamado Que te vaya bien, en el que compuse una canción dedicada al tumor.
Aunque esta fue una experiencia y una prueba de vida muy fuerte y difícil, también es un aprendizaje lindo. Haber sobrevivido al cáncer me llenó de esperanza, fortaleza y positivismo”.