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De niña, una profesora de primaria le hablaba en clase de geografía de Colombia. Ese país lejano de verdes innombrables y azules profundos. Siempre quiso conocer el Amazonas y comprender por qué es llamado ‘El Pulmón del Mundo’.
Llegó al país en 1990, después de la caída del comunismo en Rusia, buscando una nueva vida. Nunca imaginó quedarse. Lleva más de 20 años ejerciendo como docente y está radicada en Colombia donde empezó a soñar con realizar un festival de talla internacional, capaz de reunir en un solo lugar a músicos de Argentina, Rusia, Bulgaria y Ucrania.
¿Cómo nace la idea de organizar un Festival de Música de Cámara en un Municipio del Valle del Cauca?
En una ocasión invitaron a la Camerata Alférez Real, de la cual soy directora, a participar en un concierto en el Teatro Municipal de Buga. Yo no conocía, pero cuando llegamos, la sala estaba llena. Es un teatro hermoso, parece una miniatura de los teatros italianos. Tú abres la ventana y además te encuentras con una vista espectacular del Valle. Fue majestuoso.
El teatro es para el arte, entonces empecé a imaginar cómo sería realizar varios conciertos de música de Cámara allí. La verdad fue un sueño que se hizo realidad. Aparecimos en Buga en el momento indicado para que nazca la semilla de este Festival.
¿Por qué Buga?
Hay varias razones. Las ciudades grandes tienen muchísimas actividades. Hay festivales de música clásica en Cali, en Medellín, en Bogotá, pero no siempre la gente que vive en los municipios puede asistir a los eventos.
Siempre pensé que si en Buga había un teatro, debía ser porque había una tradición y encontré que en los años 40 este municipio era un punto obligatorio para todos los artistas que llegaban a Colombia.
Para mí es importante que los músicos que vienen de otros países conozcan el país no solo desde las grandes ciudades, sino de las pequeñas. Que conozcan más allá.
¿Cómo fue el proceso?, ¿qué tan difícil es conseguir el apoyo de las entidades gubernamentales?
Realmente fue fácil. Yo me enfermé de este sueño, se volvió en una obsesión. Hablé con la ministra y le dije: “yo quiero hacer esto, esta es mi idea y sé que va a funcionar”. Lo mismo pasó en la Gobernación y en la Alcaldía de Buga.
Cuando fuimos a tocar con la Camerata, la gente se me acercaba y me decía que quería escuchar esa música. Fue fácil, recibí el apoyo y quiero que crezca.
¿Qué tan importantes son estos espacios en un momento como el que está atravesando el país?
Colombia ahora está en un momento muy interesante, de tránsito, donde se está trabajando en la firma del acuerdo de paz y creo que el país va a necesitar estos espacios para la formación.
Yo creo profundamente en lo dijo Dostoievski: “la belleza va a salvar el mundo”. Creo en el poder formativo y curativo que tiene la música. Cuando veo en el público un joven, me produce una satisfacción muy grande.
Estamos hablando de sentimientos y ustedes en Colombia están haciendo historia a través de los sonidos. En un futuro van a escuchar la música que se está produciendo en este momento y van a comprenderlo. Es una manera de perdurar en el tiempo, por ejemplo, uno llora escuchando La Serenata de Tchaikovski, como lo estaban haciendo en el siglo XIV, o siente la misma alegría escuchando la música de Vivaldi.
¿Cuál es el poder curativo que tiene la música?
Hay momentos en los que nadie te puede ayudar y ni siquiera tú sabes qué te está pasando. De pronto, escuchas una melodía y hay una catarsis. Aparecen cosas que cambian el sentido de tu vida, empiezas a buscar soluciones, te levantas y sigues adelante. Hay una relación tan mágica entre la música y las personas.
La música te jala el alma. Dicen que el niño que aprende a tocar violín nunca va a coger un arma y es cierto, porque tu alma no lo permite.
Después de 20 años formando músicos en Colombia, ¿cómo ve el panorama de la música clásica en el país?
Aquí se forman excelentes músicos, los jóvenes son muy talentosos. Cuando llega un chico colombiano a otro país, es increíble. Una vez fuimos con mis alumnos a San Petersburgo y la gente me decía que era increíble la emoción que le ponen a la música, la expresión de la cara, de sus ojos.
En Europa la gente mantiene estresada y ocupada, trabajando, trabajando, trabajando. Aquí la gente estudia muchísimo, pero entienden que la vida va a su ritmo y que deben disfrutarla, se aplica lo que decía García Márquez del realismo mágico.
¿Cómo una violista de San Petersburgo termina enamorada de Colombia?
En primaria tuve una profesora de geografía que nos hablaba de Colombia, especialmente del Amazonas. Yo me enfermé, yo soñaba con conocer este país tan lejano. Me preguntaba cómo era eso del pulmón del mundo, cómo eran sus ríos, su cielo. Me quedó grabado en la cabeza.
Aunque empecé a hacer mi carrera en Rusia, apareció la oportunidad de hacer un trabajo en América Latina. Lo primero que hice cuando llegué al país, fue conocer el Amazonas.
Además, profesionalmente encontré muchísimas posibilidades, que la gente debe aprovechar. No sé si esto se podría tener en otra parte.
¿Ahora cuál sueño la desvela?
Quiero traer al organista oficial del Vaticano. Un músico italiano que está dichoso de conocer Colombia.
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Por Lina María Álvarez
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