30 Aug 2015 - 2:00 a. m.

Lecciones para ser feliz

La autora del libro "La gente feliz es más exitosa", María Clara Villegas, explica que de pequeña le enseñaron a cumplir, pero no a ser feliz. Cree que, cuando uno hace lo que ama, el éxito llega sin que uno lo busque.

El Espectador

A María Claudia Villegas, autora del libro La gente feliz es más exitosa, le hablan dos vocecitas todo el tiempo. Igual que le pasa al Pato Donald, explica, se le aparecen un diablito y un angelito cuando tiene que tomar alguna decisión. Ella las llama María Clara, la parte severa a quien desde pequeña le enseñaron a cumplir con lo que la sociedad espera, y María, la generosa que le habla pensando como si fuera una niña. Esta última, María, fue quien escribió el libro y dicta la conferencia que lleva el mismo nombre.

Con el tiempo, las teorías que se le fueron ocurriendo a María para explicar su vida quedaron recopiladas en la conferencia que ha dictado más de 1.400 veces, pero, para que sus hijos nunca las olvidaran, terminó escribiendo el libro. “Lo lindo de todo esto es que no es más que una madre hablándoles a sus hijos”, aclara.

¿Quién es María?

María es una vocecita que nació de mi interior el día que cumplí 40 años. Después de llevar a mis hijos a una fiesta, a las 12 de la noche, me dije: ¿qué me pongo a hacer? Hagamos una checklist de mi vida. La hice y me di cuenta de que tenía la familia, la carrera, el carro, la casa y la finca que me habían dicho, cuando era niña, que me harían feliz, pero en vez de tranquilidad sentí un desconcierto. En ese momento me empieza a hablar una voz, la que yo llamo la doctora María Clara Villegas, y me dice: “No sea desagradecida”, pero también me habla María, por primera vez, y me dice: “¿Usted no se da cuenta de la persona que hay detrás de todo eso?”. Ahí me di cuenta de que éxito no era la hoja de vida, sino mi manera de ser, lo que yo llamo gente.

¿Qué implica ese “ser gente”?

Uno, es aprender a obrar desde las virtudes humanas que, como decía Aristóteles, están en el justo medio entre los extremos. La humildad, por ejemplo, está entre ser arrogante y sumiso; lo mismo pasa con la amabilidad y la generosidad. Lo segundo es que hay que aprender a gozarse a uno mismo, tener esa sensación de “¡wash!”, que llamo yo, con cada cosa que se hace.

El libro habla de su vida y está dividido por etapas. ¿En qué consiste cada una de ellas?

Dividí el proceso de mi vida por décadas y veintenas. De los 0 a los 20 lo llamé “bonicidad”, un término que inventé para explicar que a mí de niña me educaron para ser buena y exitosa, pero no feliz. De los 20 a los 30 es la etapa del libreto, cumplir con ese “hacer, tener y ser”, lograr esa checklist que mencioné. De los 30 a los 40 la llamo el éxito, porque me monté a producir billete. Me acababa de divorciar y en el afán de darles a mis hijos económicamente todo lo que mi exesposo les daba, llegué a ser la vicepresidenta de dos grandes multinacionales. Y a los 40, a pesar de tenerlo todo, me siento vacía y empieza mi cambio.

¿Cómo cambió la rutina de María Clara a la de María?

Hay una cosa que debo hacer todos los días: como María Clara no se calla nunca, hay que mandarla al carajo. Eso se llama dialéctica en filosofía, y es que andas con esas dos viejas todo el día. Entonces, con todo el cariño, porque María Clara no deja de ser una belleza, le digo que se vaya y llamo a María para que me recuerde la generosidad, la humildad y la paciencia.

Por ejemplo, ¿cómo aprendió a gozarse a sí misma?

Fueron cosas pequeñas, desde dejar de ser flaca, porque antes, para cumplir el libreto, lo único que hacía era comer lechuga, hasta que esa sensación de ¡wash! me permitió bajarme de una carrera profesional brillante para pararme en la Universidad Javeriana a dictar esta charla.

A través del libro aparecen varias lecciones de vida. ¿Cuáles son sus favoritas?

Una que me fascina es que la felicidad de una mamá parte de ver a sus hijos felices. Para esto hay que dejar de soñar por ellos y convertirnos en el medio para que ellos cumplan sus propias metas. La segunda es que hay que romper el libreto. Mandar la voz de su propia María Clara al carajo y llamar a las virtudes. Lo último es entender que el éxito no viene sólo por el trabajo sino a través de la gente que se cultiva alrededor. Así aparecen esas serendipities, un término que usan los psicólogos ingleses para explicar el fenómeno de encontrar cosas valiosas sin buscarlas.

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