A sus 57 años, María Teresa Martínez tiene la mitad de su lengua atrofiada, sufre problemas para comer, una parte de su cara se encuentra paralizada, no escucha por el oído izquierdo y está disfónica. Estas fueron las secuelas que le dejaron dos cirugías de cerebro con las cuales los médicos pretendían sacar un tumor de la base de su cráneo. Veinte años después el tumor sigue creciendo y tras una larga batalla jurídica por fin ayer pudo someterse a un moderno procedimiento que la ayudará a curarse de una vez por todas de su lesión.
Se trata de una radiocirugía hecha por medio de una máquina bautizada Leksell Gamma Knife, que hace tan sólo un año llegó al país y gracias a la cual es posible tratar lesiones neurológicas como tumores, malformaciones o metástasis cerebrales, sin necesidad de acudir al quirófano y exponer al paciente a los riesgos y secuelas que le implican una intervención en el cerebro.
En la Clínica Shaio, una de la dos instituciones del país que cuenta con esta tecnología, ya han sido tratadas 83 personas, dentro de las cuales había un menor de cuatro años y un paciente de 91. Andrés Fonnegra, neurocirujano de esta institución y quien está al frente del caso de María Teresa Martínez, explica que con el Gamma Knife no hay necesidad de anestesia ni de incapacidad.
“Es un proceso ambulatorio cuyo único limitante es el volumen de la lesión, para el cual la condición es estar en ayunas y cuyos efectos posteriores son a la sumo un dolor de cabeza que puede tratarse con analgésicos”. Sin embargo, reconoce que debido al desconocimiento que existe de esta tecnología, inventada por el médico sueco Lars Leksell, y a que se trata de un procedimiento de alto costo los pacientes han tenido que recurrir a tutelas para poder acceder a éste y evitar ser sometidos a una cirugía de cerebro. Esto, a pesar de que con el Gamma Knife las EPS se ahorrarían hasta el 50% de los costos que genera una intervención neurológica.
A lo anterior se suma la prevención que existe por parte de algunos neurocirujanos de vieja guardia que prefieren el bisturí y así lo hacen saber durante los comités médicos en los que se discuten las alternativas que tienen pacientes como María Teresa Martínez, quien, asegura Fonnegra, de haberse tratado con el Gamma Knife jamás hubiera perdido parte de su movilidad en el rostro ni en su lengua ni tampoco sufriría para comer o escuchar.
Por ahora lo único que se puede hacer, lamenta Fonnegra, es difundir la existencia de esta tecnología en el país, la cual garantiza una recuperación menos traumática y una mejor calidad de vida.
Cómo funciona el Leksell Gamma Knife
Esta máquina de 20 toneladas se empezó a utilizar en el mundo en 2006, pero llegó apenas hace un año a nuestro país y sólo se encuentra en un centro médico de Cali y en la Clínica Shaio, en Bogotá.
Los neurocirujanos la utilizan para tratar pacientes con lesiones en el cerebro que no sean muy grandes y a las cuales resulta muy difícil llegar con cirugía. El procedimiento dura entre una y dos horas.
La radiación que emite esta máquina hace que el tumor o la lesión deje de crecer. Sin embargo, los resultados no son inmediatos. Éstos se perciben casi dos años luego de haber sido realizado el procedimiento.