31 Jul 2010 - 3:53 a. m.

Letras para Colombiamoda

Semana en la que la industria de la moda se volvió protagonista.

Angélica Gallón Salazar

Una edición más de Colombiamoda ha finalizado, y aunque no hubo un gran invitado internacional para la apertura, ni un día dedicado a la LAF (Latino América Fashion Week) y a pesar de que los taxistas de forma sistemática me dejaron saber que este año la publicidad del evento había sido poca, fue una semana en la que la industria de la moda se volvió protagonista.

Esteban Cortázar deslumbró con su madurez, su ropa estructurada y vanguardista a una audiencia que no había podido apreciarlo en su esplendor y que además de guardarle respeto por su paso por la casa Ungaro, recordaba aún esos años, cuando de niño, con arrogancia y sin tan buenos cortes conquistaba el mundo. Cortázar mostró con cien prendas que su talento y madurez lo pueden llevar aún más lejos.

Sorprendente fue el trabajo de los nuevos creadores, quienes fueron, sin duda, la cuota de riesgo de esta feria en la que primaron las retrospectivas y faltaron más propuestas de moda. Se pudo ver a través de pasarelas como la de Chocolyne, la de la revista Infashion y la de Cultura E, que la moda nacional anda con pasos más firmes, que por fin hemos superado la tara de sólo dedicarnos a hacer vestidos de noche en satín y que los conceptos y las apuestas artísticas empiezan a inundar la academia.

Las pasarelas de vestidos de baño como la de Agua Bendita y Maaji, aunque volvieron a optar por mujeres de senos exuberantes, dejaron claro que ese sector tiene mucho potencial y que ha encontrado en un estilo propio, el del mash up de textura y colores, una ruta segura para abrirse mercados. Amelia Toro, por su parte, llevó la pasarela inspirada en Alicia en el país de las maravillas, agregándole algunos nuevos vestidos propios para el verano. Fue un gusto volver a ver la confección impecable, el concepto traducido en blusas y faldas, y una puesta en escena que pone en evidencia que la moda es mucho más que trapos.

Ricardo Pava hizo juiciosamente la tarea, y aunque no se arriesgó, mostró una colección sólida, comercialmente segura, y que hizo gala de sus bellos maletines y sus cortes siempre bien logrados. A Lina Cantillo preferiremos siempre seguirla viendo con su apuesta deslumbrante por el mundo masculino, por sus hombres hedonistas y de sastrería excelsa.

Otra sorpresa fue el lanzamiento de la marca Pink Filosofy, de Adriana Arboleda y Johanna Ortiz, una pasarela de ropa de calle muy femenina, que demostró mucha habilidad con los drapeados y puso en evidencia que la calidad y los buenos precios también son posibles aquí, pero que sobre todo dio cuenta de un gran proyecto de responsabilidad con costureras y madres cabeza de familia de Agua Blanca, Valle.

El diseñador mexicano Alejandro Carlín mostró unas telas arrugadas y costuras mal logradas que no dejaron a nadie boquiabierto, no fue el preámbulo que esperábamos para el gran cierre de la feria a cargo de la revista Fucsia. El último desfile fue un homenaje sentido a 14 diseñadores que han llevado la moda a otro nivel que presentaron tres vestidos diseñados pensando en la revista. Muy destacable el trabajo de Beatriz Camacho, Adriana Santacruz y Olga Piedrahíta, que nos antojó con sus tres vestidos asimétricos de verla pronto en las pasarelas del país.

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