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29 Jul 2010 - 3:00 a. m.

Los colores de Agatha a la playa

La marca de 'swimwear' nacional, Maaji, se convirtió en la operadora oficial de los diseños de la reconocida creadora española, Agatha Ruiz de la Prada.

Angélica Gallón Salazar / Medellín

Maaji, un extraño pez tailandés, bautizó a la compañía que en 2002 concibieron dos hermanas: Amalia y Manuela Sierra. Su idea, crear una pequeña empresa que hiciera de los vestidos de baño una prenda de lujo, excelsa, diferenciadora,  llena de color y diseño. Esta apuesta, que en el principio sólo vistió a algunas vecinas y amigas de las diseñadoras, hoy conquista a mujeres en más de 33 países del mundo.

Una de las características que más le reconocen en el exterior a esta marca —que ha llevado sus diseños a las páginas de la revista Sports Ilustrated— es su riesgo al combinar texturas disonantes, jugar con volúmenes, experimentar con la moldería y crear nuevas siluetas, como vestidos de baño de un solo hombro, con tops que van desde los triángulos tradicionales hasta el strapless y unos pantys que mutan entre las tangas, los cacheteros y los bombachos.

Fueron justamente esas mezclas insospechadas, esos boleros, moños y apliques los que convencieron a la reconocida diseñadora española Agatha Ruiz de la Prada de otorgarle a Maaji la licencia para operar su marca en todas las Américas, desde Canadá a Chile. “Este fue un proceso arduo. Por varios meses estuvimos detrás de Agatha tratando de hacer negociaciones con ella. Sin embargo, la dueña de la marca de moda que está en más de 150 países tenía ciertos recelos, pues sus diseños siempre los han manejado compañías multinacionales”, cuenta Amalia Sierra, una de las hermanas que ha tenido como lema en sus creaciones desterrar los cafés, los grises y en general los colores opacos en las prendas para ir a la playa. Quizá fue esa pasión por los colores, quizá fueron las pruebas de las capacidades no sólo en términos de diseño, sino de negocios de este par de jovencitas —que recientemente llegaron a Grecia y Egipto con representantes propios—, las razones que terminaron por convencer a la diseñadora  española de darles el permiso exclusivo de comercializar su marca y de crear en conjunto sus vestidos de baño con todo el colorido y los logotipos tradicionales de su estilo.

“Es un trabajo en equipo, ella envía sus lineamientos porque la colección que presentemos debe ir ligada con su colección mundial. Terminamos el diseño, que es 80% de ella, 20% de nosotros con ajustes y recomendaciones, y ella gana un porcentaje sobre las ventas que hagamos. Después de un año evaluaremos los resultados y existe la posibilidad de que tengamos la licencia para operar su marca y sus vestidos de baño en todo el mundo”, explica por su parte Manuela Sierra.

Pero estas dos mujeres no sólo le atribuyen los logros de Maaji al hecho de que asistan sin falta a las grandes ferias a buscar comercialización, o a que hayan puesto toda su atención en que cada diseño se acople y resalte de la mejor manera el cuerpo femenino; ellas también saben que grandes compañías como Leonisa y Onda de Mar han abierto las puertas internacionales para que otras marcas de swimwear  nacional exporten. “Cuando vamos a las ferias, los compradores suelen preguntar si es 100% colombiano con tela 100% nacional. Ese es un capital que tenemos que aprovechar”, explica esta dupla de diseñadoras.

El desfile en Colombiamoda, que empezó este miércoles a las 11 y 30 de la mañana, mostró justamente vestidos de baño inspirados en el origami, con formas y amarres complejos, con texturas animales, geométricas y florales mezcladas con atrevimiento todas en una pieza; prendas diminutas, románticas, pero vanguardistas, que hicieron pensar en mujeres que no tienen que ser voluptuosas o artificiales para robarse las miradas, que son divertidas y arriesgadas. Esos biquinis y enterizos sirvieron de antesala para el desfile de los 27 vestidos de baño de Agatha Ruiz de la Prada, en el cual se destacaron triquinis, enterizos y biquinis con top halter, todos con siluetas básicas enriquecidas con moños, bordados en hilos de contraste y texturas originadas por la mezcla de lycras mates y brillantes. Los colores vibrantes, el naranja, el fucsia y el rojo, los tocados exagerados con forma de flores, regalos y raquetas y, por supuesto, los corazones marcaron así la parada para disfrutar el verano de 2011.

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